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La estrategia de los nuevos fascistas

La película británica ‘Negación’ lleva al cine el juicio que enfrentó al negacionista David Irving con la historiadora Deborah Lipstadt en 2000 y que destapa la estrategia de fascistas y neonazis. Incapaces de justificar los asesinatos de sus líderes, se dedican a negarlos.

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Rachel Weisz en una imagen de 'Negación'.

“En Auschwitz no hubo ni una sola cámara de gas” (David Irving, 2000). “No se ha encontrado ninguna prueba documental que indique que Hitler sabía lo que pasaba en los campos de concentración" (David Irving, 2007). En un mundo en el que las mentiras se propagan como la pólvora antes de que se hayan podido rebatir, las teorías negacionistas del Holocausto son tremendamente venenosas. Mientras se acaba con palestinos y sirios, se aprueban leyes en Hungría para encerrar en campos ‘de prisioneros’ a los refugiados, se endurecen las condiciones en los CIEs españoles, se criminaliza al pueblo gitano en el Parlamento Europeo o se multiplican las bandas neonazis, alterar la Historia, rechazar la abominación del exterminio, puede servir de siniestra ‘tapadera’ para defensores de los nuevos genocidios.

El juicio por la demanda que el negacionista británico David Irving interpuso contra la historiadora norteamericana Deborah Lipstadt y la editorial Penguin Books en el año 2000 consiguió que algunos países del mundo que no lo habían hecho antes decidieran considerar como delito la negación del Holocausto. España desde hace muy poco es uno de ellos. La película Negación, de Mick Jackson, es la historia de este proceso judicial, un capítulo histórico en el que la ley dictaminó que Irving había “tergiversado y manipulado deliberadamente” pruebas históricas y que el Holocausto existió. Los nuevos fascistas, nazis encubiertos bajo un falso intelectualismo, no pueden justificar las atrocidades de sus líderes, así que se dedican a negarlas.

"El hecho es que el holocausto se produjo"

Con Rachel Weisz en el papel de Lipstad y Timothy Spall, una vez más impresionante, encarnando a Irving, la película relata este episodio desde poco antes del juicio. Durante la presentación del libro Denying the Holocaust: The Growing Assault on Truth and Memory en la Universidad de Atlanta, y cuando Deborah Lipstad contestaba a una pregunta, David Irving se levantó de su asiento, agitó arrogante un puñado de billetes y gritó: “¡Daré estos mil dólares a cualquiera que logre demostrarme que Hitler ordenó el asesinato de los judíos!”. El británico demandó por difamación a la historiadora en Inglaterra. Lo que en principio pareció una buena oportunidad para abatir a los incondicionales de Hitler y silenciar sus mentiras, se convirtió en una batalla durísima y crucial en la historia de la humanidad.

“Este juicio posee una importancia que va mucho más allá del propio proceso en sí. En esta época de relativismo, los chicos crecen pensando: ‘Debe ser cierto, lo he visto en Internet’. Pero no todo puede ser cierto. Mis estudiantes a menudo creen que todo el mundo tiene derecho a su opinión, pero los hechos son los hechos. Los historiadores pueden debatir cómo se produjo el Holocausto, pero el hecho es que el Holocausto se produjo”, afirmó la historiadora americana durante el rodaje de la película.

Posibles humillaciones

Producida por la BBC –“las historias como esta ya no son la especialidad del cine de masas norteamericano”-, Negación muestra la conmoción de Lipstad cuando se enteró de que en Inglaterra el peso de la prueba en casos de difamación recaía en el demandado. La presunción de inocencia no existía. No era Irving el que debía demostrar que ella le había calumniado o desprestigiado, sino que era ella la que tenía que probar que no lo había hecho. Además, la película revela la formidable presión que soportó de los supervivientes del Holocausto que querían que el mundo entero los oyera. Ella misma tuvo que sacrificar su propia declaración.

Su equipo legal, liderado por Richard Rampton (Tom Wilkinson en la ficción) y con el famoso abogado Anthony Julius (Andrew Scott), se negó a los testimonios de los supervivientes. Hacer que declarasen “no haría más que legitimar las afirmaciones de Irving y los expondría a posibles humillaciones”. Si cualquiera de estas personas no recordaba detalles exactos, el caso se pondría en grave peligro, como antes había ocurrido con los procesos de Zündel (1985, 1988).

"Efecto escalofriante"

“Si Deborah Lipstadt hubiera perdido, habría tenido un efecto escalofriante sobre cualquier otro caso similar. Toda clase de cosas consideradas controvertidas se habrían vuelto muy difíciles de litigar, porque la gente habría tenido miedo a perder. Como dijo Richard Rampton tras el veredicto, no nos devolverá a ninguno de ellos. Pero, ahora, ningún historiador razonable puede dudar jamás de la existencia del Holocausto”, dijo el director de Negación, que reconoce el peso de la responsabilidad que sintió todo el equipo. “Eso suponía que yo mismo tenía que ser preciso desde un punto de vista histórico –confesó el guionista David Hare-, de modo que los enemigos de la película, la gente que está de acuerdo con David Irving, no pudieran acusarme de tergiversar los hechos tal como están registrados”.

Con algunas secuencias rodadas en Auschwitz y con los diálogos de las escenas en los tribunales tomadas textualmente de las actas del proceso, la película pretende ser un arma poderosa de apoyo a la verdad, “en una época –dice Mick Jackson- de irracionalidad y mentiras, una época de violenta indignación y de toda clase de ataques a la verdad”.

'Negación'

Ultraderechistas del siglo XXI

“El juicio no me cambió, no cambió lo que tenía que decir. Cambió cómo me escuchaba la gente. Me permitió llegar a gente a la que no llegaba antes. De pronto, lo que yo tuviera que decir tenía más peso, más importancia, porque había conseguido imponerme a David Irving”, reconoció la historiadora, que a propósito de la película asegura que le gustaría “que la gente entendiera que el Holocausto es el genocidio mejor documentado del mundo. No se puede negar. Se pueden debatir aspectos del mismo, por qué sucedió, cómo sucedió, pero no el hecho de que sucedió. Es un hecho incontestable. No admite discusión. Y eso no es ser intolerante, es reconocer la verdad”.

Los nazis persiguieron y asesinaron, según distintos especialistas, a entre 7 y 12 millones de personas. Judíos, gitanos, polacos, republicanos españoles, presos políticos, homosexuales, discapacitados, prisioneros de guerra soviéticos, víctimas de la ocupación… Cámaras de gas, experimentos letales, ahogamientos masivos, martillazos en la cabeza, envenenamientos, fusilamientos, despeñamientos, fuego, dislocamiento y fracturación ósea hasta la muerte, duchas frías a presión, hambre…

Y a pesar de las evidencias y las investigaciones históricas la batalla continúa. En 2011 el Vaticano, con Benedicto XVI a la cabeza, consideró “lamentable” que el neonazi negacionista español Pedro Varela estuviera en la cárcel, “Su Santidad le tendrá presente en sus oraciones”. En 2015, Jean-Marie Le Pen se permitió declarar que “las cámaras de gas fueron solo un detalle de la II Guerra Mundial”. Los grupos afines al nazismo crecen en el mundo, las voces que niegan el Holocausto aumentan en EE.UU. y Europa, y sigue siendo la teoría más difundida de una parte importante de países islámicos. MENTIRAS. Mentiras abominables y tóxicas en las que se apoyan los feroces ultraderechistas del siglo XXI.