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Etgar Keret: "En la raíz del odio siempre está el miedo"

Los conservadores de su país le han declarado la guerra, mientras que la Autoridad Palestina le permite publicar en árabe. El nuevo libro del escritor israelí, 'De repente llaman a la puerta', acaba de ser publicado en Espa

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En su país, Israel, sus libros son todos éxitos. Traducido a treinta idiomas, los estadounidenses adoran a Etgar Keret, los mexicanos casi lo divinizan... Los franceses han llegado a nombrarle Caballero de las Artes y las Letras. Y The New York Times le ha llamado 'genio'. Por si fuera poco, Keret (Tel Aviv, 1967) conquistó en el Festival de Cine de Cannes la Cámara de Oro con su ópera prima, Medusas.

'También han dicho que soy un provocador, un idiota y que no sé escribir', dice el autor, del que se publica ahora en España su nuevo libro de relatos, De repente llaman a la puerta (Siruela), sin duda, el mejor de su carrera. Leal a la acidez, el humor negro y el absurdo de sus anteriores obras, en ésta Keret ha dado el do de pecho.

'He dedicado casi diez años a este libro, se ha cocinado muy despacio', explica el escritor, que, a pesar de su éxito, o tal vez precisamente a causa de él, sigue siendo un intelectual muy molesto para un sector muy conservador de Israel, donde incluso algunos han pretendido que se apruebe en el Parlamento la prohibición de explicar sus libros en las escuelas. 'Hay algunos profesores que se niegan a enseñarlo, aunque esté en los programas. Pero como dice mi madre, si le gustas a todo el mundo es que no estás diciendo mucho', concluye Keret, que es el primer autor israelí al que la Autoridad Palestina ha permitido publicar en árabe desde la Segunda Intifada. Esa es la otra cara de la moneda.

Hay un relato en este libro (¿Qué llevamos en los bolsillos?) donde el personaje está abierto siempre a la felicidad, ¿esa es su postura en la vida?

La verdad es que empecé a escribir esta historia justamente con la reaparición de nuevo del conflicto. En Israel entras en un centro comercial y hay detectores de metales. Un día entré en uno y pitó la máquina por algo que llevaba en los bolsillos. Siempre llevo muchas cosas en los bolsillos. Empecé a sacar cosas, monedas de otros países, juguetes de mi hijo, caramelos, notas... y vi la sorpresa del hombre de seguridad, su cara pensando que yo estaba loco, y quise decir algo para explicarme, pero no me salió nada. Al llegar a casa escribí ese cuento, que es mi discurso de defensa frente a ese asombro. Todo el libro es como un bolsillo lleno de cosas.

Una de esas cosas es el relato de un dios plateado al que otros dioses dorados han dado una paliza monumental, ¿el dios en el que usted cree es así de frágil?

En las religiones, Dios es como una fuerza a la que admiramos. Esta historia es sobre la debilidad de Dios, porque yo siento que la compasión no viene del fuerte, sino del débil. Creo que detrás de la agresión siempre hay una debilidad, que en la raíz del odio siempre está el miedo. De todos modos, esta no es una historia religiosa, yo soy agnóstico. En el colegio le preguntaron a mi hijo si su familia era religiosa y dijo: 'Mi tía cree en Dios (mi hermana es muy religiosa, tiene once hijos y ocho nietos y aún no ha cumplido cincuenta), mi madre piensa que no existe Dios y mi padre y yo no lo hemos decidido aún'. Cuando alguien habla de Dios con un manual de instrucciones, no me fío.

Ese manual en Israel estaría escrito en hebreo. Usted escribe en hebreo, pero utiliza una especie de ‘slang', ¿se lo han tomado bien los sectores tradicionales de su país?

No, no se lo han tomado bien. Yo elegí escribir así porque no quiero estar limitado por la historia del idioma, no quiero el peso del idioma de la Biblia sobre mis hombros, pero en cuanto empecé a escribir me atacaron. En la tradición hebrea, el hebreo se usa para los textos sagrados, si lo utilizas para otras cosas, no está bien visto.

Algunos intentaron que el Parlamento aprobara una prohibición contra mis historias en las escuelas y hay algunos profesores que se niegan a enseñarlo, aunque esté en los programas. Pero como dice mi madre, si le gustas a todo el mundo es que no estás diciendo mucho.

¿Cómo se vive después de que New York Times sentencie que eres un genio?

Con las cosas buenas es muy fácil vivir. Lo que pasa es que si te las crees, también tienes que creerte las malas. Por eso, escucho y tomo distancia. También han dicho cosas horribles de mí y de mis libros.

Pero no ha sido New York Times.

No, es verdad. Hummm, es verdad.

Este libro es más ácido que los anteriores, ¿qué ha pasado en su vida para que se produzca ese cambio?

Me casé, me cargué con la responsabilidad de una hipoteca, por primera vez tuve un trabajo dando clases, tuve un hijo que se levantaba cada mañana a las seis... Me volví un pequeño burgués. Cuando era soltero, mi vida era más interesante y tenía más historias que contar, ahora no tengo tantas. Con este libro he descubierto que no tengo historias a lo Indiana Jones, que las que tengo son más de dentro. Antes escribía de las relaciones padre-hijo desde el punto de vista del hijo y ahora lo hago desde la perspectiva del padre... Lo ácido de este libro es, en realidad, como la comida china, agridulce.

Estos relatos hablan mucho del comportamiento masculino y hay muchos mentirosos en ellos...

Porque yo lo soy, nunca he tenido problemas para mentir. La mentira es como un cuchillo, depende del uso que le des. Si lo usas para matar, es una cosa mala, pero si lo usas para salvar vidas en un quirófano o para untar mantequilla, es una cosa buena. Depende de si mientes en un contexto de generosidad o de miedo, egoísmo y odio.

¿Hay alguna mentira histórica buena?

No sé. Pero sé que hay algunos hechos puntuales que han sido como cerillas que han prendido hogueras de odio, de racismo... Hablar de verdad y mentira es como decir que hay dos formas de ver el mundo, pero hay muchas más.

Habla de odio, de miedo... Sus padres sobrevivieron al Holocausto, usted vive en una zona de conflicto... Sin embargo, mantiene un magnífico sentido del humor y una mirada positiva, que lleva a sus textos, ¿cómo se consigue eso?

Creo de verdad en la posibilidad de la paz. Antes de que naciera mi hijo tuve dudas, porque quería hijos, pero mi mujer y yo pensábamos en el asesinato de Rabin, en la Segunda Intifada y en el futuro. Entonces hablé con mi madre. Ella perdió a toda su familia en los campos de concentración. Y me dijo que si después de todo por lo que ella había pasado, había tenido suficiente esperanza para tenerme a mí, yo debería tenerla para tener mis propios hijos.

Y ahora que su hijo existe, ¿cuál es su postura ante el conflicto?

Mi hijo hoy tiene siete años. El pasado noviembre, durante un ataque con misiles a Tel Aviv, dijo que quería matar a los que habían lanzado los misiles. 'Si ellos quieren matarme, yo quiero matarles a ellos'. Tuvimos entonces una charla con él sobre el conflicto, sobre los límites del 67. Entonces nos dijo: 'Esto es muy complicado, sugiero que nos vayamos a vivir a otro país'.

Hace poco escribí en una revista un artículo de algo que me pasó. En Israel, cuando vas en el coche y oyes la alarma, debes parar y tumbarte en la carretera al lado del coche. Los misiles tienen cosas afiladas. Un día sonó la alarma y mi mujer le dijo al niño que se tumbara a su lado, él dijo que no, porque estaba sucio y le habíamos dicho que no se tirara al suelo. Nos dijo que si queríamos que hiciera algo, que se lo explicáramos. Así que le dijimos que íbamos a jugar a que éramos un sandwich, él era el pastrami y nosotros el pan.  El misil explotó y yo sentí cómo temblaba mi mujer, pero mi hijo dijo que estaba muy calentito y que si podíamos jugar a eso aunque no hubiera misiles. Es muy raro pertenecer a una familia normal, funcional,  en esta región, así que...