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La ética se queda a oscuras

El premio Nobel portugués fallece a los 87 años en su casa de Lanzarote

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José Saramago entró ayer en la nada, se disolvió en ella. Un fallo multiorgánico a causa de una larga enfermedad, según comunicó la familia, una leucemia crónica, acabó con la vida del único Nobel de la Literatura en portugués. Después de pasar una noche tranquila, de desayunar y conversar durante la mañana con su mujer, Pilar del Río, murió sobre las 12:30 del mediodía de Lanzarote, en su casa de Tías. Tenía 87 años.

La capilla ardiente se instaló por la tarde en la Fundación César Manrique, en Tías. Su cuerpo será repatriado hoy y parte de sus cenizas serán enterradas en Azinhaga (Portugal), donde había nacido en 1922. El resto regresará a Tías para ser enterradas junto a un olivo de su casa. Ayer, el Gobierno de José Sócrates decretó el luto nacional en Portugal.

«Estoy como sonámbulo, me ha dejado sin habla», dice Marcos Ana:

Escritor comprometido hasta el final 'No he tenido que renunciar al comunismo para llegar al Nobel, declaró tras recibir el premio en 1998, vivió los últimos 17 años de su vida en esa isla canaria. En 1993, había decidido abandonar Portugal, tras el veto A su polémico El Evangelio según Jesucristo que siguió a la durísima reacción del Vaticano. El entonces gobernante Partido Social Demócrata se negó a presentar el libro al Premio Europeo del Año de 1992.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lamentó la pérdida del autor de La balsa de piedra, una fábula en la que la Península Ibérica se desgaja literariamente de Europa, quedando sus dos países flotando a la deriva. 'España y Portugal sienten la pérdida de una de sus voces más hondas, más universales; españoles y portugueses compartimos hoy [por ayer] el mismo dolor, pero también el ejemplo que nos deja su legado de solidaridad, de inteligencia y de afecto', escribió el presidente en el pésame enviado a su viuda.

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, lamentó profundamente la muerte del escritor: 'Nos quería mucho desde un alma muy portuguesa', declaró en Segovia, donde le sorprendió la noticia del fallecimiento cuando iba a presentar el proyecto de una nueva biblioteca. 'Su compromiso ideológico y vital con las víctimas y con los conflictos, que era parte de su ideología, era también parte de su vocación', añadió.

Gómez Aguilera: «Los que necesitan su voz para hacerse oír están más solos»

El escritor y director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, que durante los últimos meses había trabajado junto al portugués en la publicación de Saramago en sus palabras, expresó su 'enorme desolación' por el fallecimiento de quien definió como 'un titán de la novela'. 'Hoy el mundo está más solo sin Saramago, sobre todo aquellos que necesitaban su voz para hacerse oír', dijo.

Su editora en Alfaguara, Pilar Reyes, confirmó a Público que la publicación de ese retrato intelectual y humano de Saramago a través de sus declaraciones y entrevistas es inminente, así como el segundo volumen de El cuaderno.

La vida sigue en sus libros

Sus cenizas se repartirán entre Lanzarote y Azinhaga

'Si a mí algo me sorprendía y me conmovía de él, es que era un escritor inmensamente admirado, pero también querido', subrayó, Pilar Reyes. 'Sus lectores tenían una relación emocional con él. Deja un vacío en el mundo literario, pero también en el intelectual, en el sentido de que él fue una conciencia moral de nuestro tiempo', añadió.

A Marcos Ana, poeta y amigo del fallecido, la noticia le alcanzó en el País Vasco. 'Es una pérdida irreparable, aunque por fortuna los que escriben siguen viviendo en sus libros. Estoy como sonámbulo, me ha dejado sin habla. No podemos hacer otra cosa que apretar el corazón y seguir viviendo', declaró a Público Ana, el preso político que más años pasó en las cárceles franquistas.

Todos los nombres, otro de sus títulos emblemáticos, es utilizado también para rotular muchas de las páginas abiertas en Internet por los familiares de desaparecidos del franquismo. 'Era un hombre hipersensible. Y aunó la sensibilidad con el compromiso. Cuando exhumamos la primera fosa, en octubre de 2000, nos envió una carta y nos llamó por teléfono cuando salía de viaje para Chile para apoyarnos', recordó Emilio Silva, uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

El Nobel estaba trabajando en una novela sobre el tráfico de armas

La larga lucha contra la enfermedad no le había impedido, sin embargo, seguir escribiendo durante los últimos años. 'No sólo sobrevivió a graves crisis, sino que en los últimos años publicó tres libros', recordó ayer Pilar Reyes.

En septiembre de 2008, tras la aparición de El viaje del elefante, empezó a escribir además un blog en el que fue publicando sus reflexiones, comentarios sobre la actualidad política. La última actualización puede leerse a través de su página web (http://www.josesaramago.org), que ayer, durante unas horas, se fundió a negro.

El compromiso moral y político y sus duras críticas no siempre fueron bien recibidas por el poder que las inspiró. La editorial Eiunadi, propiedad del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, declinó publicar el libro en el que recogía parte de las reflexiones del blog. Entre otras cosas, explicó la editorial en 2009, 'se dice que Berlusconi es un delincuente'. El cuaderno se publicó finalmente en una editorial turinesa y en Alfaguara.

El reconocimiento internacional no le llegó hasta los 60 años, después de Memorial del convento, en 1982. A la publicación de su primera novela, Tierra de pecado, en 1947, le había seguido un silencio novelístico de treinta años, roto sólo por tres libros de poemas. 'Esa travesía del desierto literario lo fortaleció como persona y como escritor', declaró el premio Nacional de Fotografía Gervasio Sánchez. 'Y eso le dio también ese punto de vista tan especial a su manera de mirar el mundo: sabía solidarizarse con las víctimas'.

Una mirada inteligente y sensible que, para Sánchez, 'en parte tiene que ver también con el hecho de haber nacido en una familia humilde, el transitar durante años con muchas dificultades.' Hijo y nieto de campesinos, administrativo, editor y periodista, las historias de personas anónimas que escuchó durante esos 30 años acabaron esbozando los personajes que marcarían su trayectoria. 'Acabarían haciendo de mí la persona en la que hoy me reconozco: creador de personajes y al mismo tiempo criatura de ellos', declaró en su discurso de recepción del Nobel en 1998.

Ese mismo año se refirió a la muerte, a la que veía como un proceso 'natural, casi inconsciente': 'Entraré en la nada y me disolveré en ella', dijo. Ayer quedó inconclusa también una última novela, sobre el tráfico de armas, para la que ya había encontrado un título: ¡Alabardas, alabardas!, ¡espingardas, espingardas!