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La excepción comanche

Un libro rescata la importancia de ese pueblo indio en la conformación del actual Estados Unidos

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Norteamérica fue, durante el siglo XVIII, el escenario de una lucha de gigantes: el imperio español, el inglés y el francés se jugaron su preeminencia sobre lo que hoy conocemos como Estados Unidos. Acabaron perdiendo los tres y en su lugar emergió la actual primera potencia mundial. Pero hubo un quinto elemento, los pueblos indios, que por lo general han sido vistos por la historiografía colonial como una nota al pie de la bota del progreso y la civilización, más o menos resistentes en su repliegue. El escritor e historiador amerindio Vine Deloria Jr. denominó esa interpretación 'teoría de la historia del cameo': los indios entran en escena de manera espectacular para desaparecer al instante siguiente sin apenas interrumpir la expansión de los pueblos europeos. El género del western es un zoom sobre ese instante.

La excepción más clamorosa a esa visión eurocéntrica, a juicio del historiador finés Pekka Hämäläinen, se dio sin embargo en el sudoeste de lo que hoy conocemos como Estados Unidos y donde, durante más de un siglo, los indios fueron los que se expandieron, ordenaron y prosperaron en ese vasto territorio del sudoeste. El resultado de sus investigaciones, que aparece ahora en español, propone una suerte de historia invertida del colonialismo que impacta ya desde su título: El imperio comanche (Península).

La Comanchería' dominó durante un siglo el sudoeste del actual EEUU.

Aproximadamente entre 1750 y 1850, los comanches fueron el pueblo dominante y como tal 'manejaron y explotaron los destacamentos coloniales' de Nuevo México, Texas, Louisiana y norte de México. 'Los comanches lograron algo excepcional: forjaron una estructura imperial que sometió, explotó, marginó, asimiló y transformó profundamente' esos destacamentos, influyendo poderosamente en buena parte de América del Norte y Central, escribe Hämäläinen, profesor en varias universidades americanas, entre ellas la de Texas.

Y un imperio que también fue, como casi siempre y principalmente, una organización económica. 'Su núcleo era una red comercial amplísima que permitió a los comanches controlar los mercados fronterizos de las inmediaciones y el comercio de larga distancia', escribe.

Su último gran jefe era hijo de un indio y una cautiva anglotexana

De hecho, la importancia de la 'Comanchería', como denomina el autor a ese territorio imperial, es también decisiva para comprender el reflujo de la aventura colonial española y luego del poder mexicano hasta la orilla sur de Río Grande. 'En última instancia, el auge del imperio comanche contribuye a explicar por qué el extremo septentrional de México es hoy día el sudoeste de Estados Unidos', concluye Hämäläinen.

Hay, sin embargo, una diferencia clave entre el imperio comanche y el sistema imperial de estilo europeo. Aquel era 'una creación de bandas nómadas' que nunca tuvo una estructura rígida, ni se definió por unas fronteras perfectamente delimitadas, ni se vanaglorió de su poder con imponentes obras arquitectónicas, por lo que tampoco quedaron sus ruinas. 'Su objetivo no era conquistar y colonizar, sino coexistir , controlar y explotar'. De ahí que más que de fronteras, convenga hablar de territorios fronterizos en los que los comanches se movían con una astucia y eficacia muy productivas.

Una diferencia que ayuda a redefinir incluso su estructura real. Porque si bien nunca traspasaron las fronteras de Nuevo México y Texas, lo que permitió a España afirmar sin matices su dominación sobre esas tierras, desde el punto de vista que adopta este libro la realidad es bien distinta. Porque quizá tampoco nunca les interesó, dado que no consideraban la tierra una forma de propiedad privada y generadora de ingresos: les bastaba asaltarlas regularmente para tener caballos, mulas y prisioneros y explotarlas como posesiones de su imperio. 'Que la Texas y el Nuevo México españoles no fueran conquistados por los comanches no es un hecho histórico, sino algo que depende del punto de vista que se adopte', afirma el autor. Es decir, depende de lo que se entienda por 'conquista'.

La guerra entre México y Estados Unidos de 1846 fue una demostración no sólo del poderío estadounidense, sino también comanche. 'Los norteamericanos que entraron en México en nombre del destino y la democracia lo hicieron siguiendo los pasos de los comanches, cuya expansión había allanado el camino de la suya'. Sin embargo, 'cuando el polvo se asentó', descubrieron que ellos también eran considerados pueblo conquistado. Los comanches fueron derrotados definitivamente en los desfiladeros de la región de Texas conocida como Texas Panhandle en 1875. Su último gran jefe, Quanah Parker, era hijo de un comanche y una cautiva anglotexana.