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Experimentales, brutos y negros

La sinergia multicultural de Congotronics vs Rockers, el hip hop de The Streets y los vascos Atom Rhumba abrieron el festival a otros géneros

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Atención, una mujer negra se ha subido al escenario y está moviendo la cadera a la velocidad de Shakira. Hace unos años, cuando el FIB estaba instalado en su atalaya de música indie blanca para universitarios blancos, escuchar esta frase hubiera sido motivo suficiente para llamar a seguridad. Hoy los vientos soplan en diferentes direcciones y, afortunadamente, ver un negro en Benicàssim no es como encontrar una aguja en un pajar.

En Congotronics vs Rockers había una docena sobre el escenario, en una propuesta calificada de 'bizarra' por algunos, pero que enriquece la dimensión musical de un festival sobre el que pende la sombra de la fórmula fácil: grupos indies, anglosajones y a ser posible guapetes. Se trataba de un experimento: unir a los grupos de la República Democrática del Congo Kasai Allstars y Konono Nº1 con la argentina Juana Molina, los norteamericanos Deerhoof y los suecos Wildbirds & Peacedrums. Todos ellos sospechosos habituales en esto de retorcer géneros, estilos y, más difícil todavía, instrumentos.

Se constató la afición del público francés a los sonidos de África, un gusto bastante más saludable que el de su Gobierno, que sigue apretando las tuercas de la descolonización más allá de lo que recomienda la ética política. La imagen sobre el escenario tenía su gracia: Juana Molina atizaba un platillo, el cachas de Kasai Allstars golpeaba sin miramientos unas planchas de madera (el instrumento debe tener un nombre), dos baterías soldaban el sonido, cuatro o cinco guitarras construían el muro melódico y los Konono Nº1 enredaban con su arsenal de likembes. Estos artefactos son pequeños pianos de pulgar, fabricados con una caja de madera barata y pestañas de latón reciclado, que enchufados a un amplificador producen un sonido distorsionado cercano al techno.

¿El resultado? Un mejunje burbujeante de ritmos negros, ruido blanco, hipnotismo psicodélico y brutales crescendos rompepistas. Difícil mantener los pies en el mismo sitio durante más de cinco segundos. En su vuelta de tuerca a casi todo, intercalaron un par de temas de rock ochentero mezclado con el ruido descacharrado de los likembes y los coros africanos. En ese momento, no sabías si estabas en una discoteca de San Francisco o en un tugurio de Kinshasha.

Eran blancos, pero tanto Plan B como The Streets sumergieron sus conciertos en corrientes negras. El primero fue el artista que más público atrajo en la jornada inaugural con su mezcla de hip hop y soul, más cercana a la radiofórmula que al espíritu indie del FIB. The Streets, que es lo mismo que decir Mike Skinner, no cumplió las expectativas de su condición de cabeza de cartel y terminó con la mitad de público con la que empezó. Blando, impreciso y pomposo, cuando llegó Dry your eyes, hit sustantivo, el azúcar ya nos había empachado.

Los grupos españoles se repartieron ayer las primeras horas del programa. Los vascos Atom Rhumba, también con su ramalazo negro, giran en otra órbita: no tocan para el público, directamente se lo cepillan. Música y sexo bajo el ruido atronador de un rock and roll salvaje y desquiciado. El mejor concierto del festival hasta el momento: retro y de Bilbo.