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El éxtasis de santa Abramovic

La artista presenta en Madrid su particular Homenaje a Santa Teresa

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La versión de Santa Teresa de Ávila que ofrece la artista Marina Abramovic (Belgrado, 1946) en su último trabajo es la de una mística reprimida. El éxtasis más violento que presenta es un vídeo de 12 minutos en el que la leche que sujeta en un cazo va derramándose hasta manchar su falda y formar un pequeño charco blanquecino en el suelo. La figura de la santa aparece de espaldas a un enorme ventanal por el que se filtra una luz grisácea, con la cabeza gacha, el pelo recogido y vestida de riguroso negro. Poco a poco, irá padeciendo repentinas sacudidas que acaban manchando sus manos de líquido hasta mojarlas por completo.  

Nada hay aquí del misticismo plasmado en los santos de Guido Reni, con las manos en el pecho y los ojos alzados al cielo. El que evoca Abramovic es un misticismo oscuro, sin epifanía ni esperanza, sin mejillas coloradas ni la boca entreabierta, pero no por ello menos pictórico. En las fotografías de la nueva Abramovic se aprecian referencias directas a Vermeer, Caravaggio y Zurbarán.  

Cuando la artista estuvo en la universidad Laboral de Gijón a principios de verano para presentar su videoinstalación 8 lessons on emptiness with a happy end, Mateo Feijóo, director del teatro de La Laboral, le propuso realizar un proyecto en el complejo. Las dimensiones del recinto, construido durante el franquismo, le impresionaron. Después de una primera visita a las instalaciones, la artista escogió las cocinas, en desuso desde hace ocho años; pero en las que todavía había utensilios de cocina industrial. 

Su retrato en blanco y negro frente a una máquina de repostería impresiona por la interpelación a La tasadora de perlas, del citado pintor flamenco. Hay contención en el gesto y candidez al mismo tiempo. Mientras que el díptico en color en el que la artista aparece sentada entre pucheros recuerda al tenebrismo de Ribera. En éste, sus manos blanquecinas surgen de la oscuridad del vestido y unos ladrillos que aparecen desenfocados en primer término invaden el espacio del espectador. La pieza más impersonal, y probablemente por ello la más difícil de vender, es una fotografía que remite a un somero bodegón con sal gorda y leche, entre otros alimentos.

La presencia de esta serie fotográfica hasta el 12 de diciembre coincidirá con dos fotografías de la artista en la muestra del Thyssen Lágrimas de Eros, a la que aporta una Magdalena y una alegoría de la muerte. Haga lo que haga, Abramovic es una artista sumamente apreciada en el mercado. La presencia de obras suyas en La Otra, feria de fotografía contemporánea celebrada recientemente en Bogotá, se saldó con el interés en su obra del Banco de la República de Colombia, que cuenta con una amplia colección de arte que incluye desde Klees y Gaugins a Boteros. El reconocimiento internacional a la carrera de Abramovic tendrá lugar la próxima primavera, en el MoMA, bajo la retrospectiva The artist is present, que del 14 de marzo al 31 de mayo reunirá 50 obras que recorren cuatro décadas de trayectoria.