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La falsa moral, fuera de la era YouTube

Antonio Campos presenta Afterschool, una historia sobre el voyeurismo digital

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Antonio Campos (Nueva York, 1983) se pasó el 11-S visitando hospitales en busca del padre de su mejor amigo. Ese mismo año, una amiga moría en Ámsterdam en circunstancias relacionadas con las drogas. 'La muerte entró en mi cabeza mezclada de tontos amoríos adolescentes'. Y le cambió. Hasta el punto de idear una trama en la que un chico es testigo de la muerte de dos jóvenes en un instituto americano.

La historia fue creciendo a medida que lo hacían YouTube, MySpace, y la cultura del yo en Internet. Y se transformó en Afterschool, filme presentado el miércoles en la competición oficial que reflexiona sobre el poder de las imágenes y el voyeurismo contemporáneo. Móviles, Internet, videocámaras, sexo y drogas cocinan una historia considerada por algunos como el verdadero filme de la era YouTube.

Campos, de origen brasileño, lleva haciendo cine desde los 13 años. 'Nuestra relación íntima con las imágenes ha cambiado porque ahora podemos ser protagonistas', dice entre calada y calada de un pitillo.

Este alumno aventajado de Michael Haneke dibuja la cultura del voyeurismo, como hizo el cineasta austriaco en Caché (2005) y Bennys video (1992). Y lo hace mezclando cine, vídeo e imágenes rodadas con móviles, llegando a momentos de una abstracción visual cautivadora.

'Quise apuntar que cuanto más cutre parece un vídeo, más real se le supone', explica. Autoconsciente y audaz en el uso de la cámara, Campos corta las cabezas de sus personajes adolescentes, deja fuera de encuadre partes de la acción, nos deja imaginar y nos perturba. 'Es una manera de decir que hay un mundo enorme fuera del encuadre, que la cámara no lo puede capturar todo'.

Volviendo a Haneke, el guiño final del actor mirando a la cámara remite inevitablemente al final de Funny Games (1997). 'En mis cortos, casi siempre ha habido un personaje que mira a la cámara para poner de manifiesto que lo que he hecho es construir un mundo'.

Sin moralismos, las drogas, y la identidad sexual juegan un papel mayor en Afterschool. Antonio Campos introduce en un internado para pijos las contradicciones, el adormecimiento y la lucha de clases de la sociedad americana.

Pero Gijón dejó algo más. Ayer se pudo ver también Ballast, que ha tenido que ser distribuida en EEUU por su director, Lance Hammer. Ambos filmes competirán en unos días en los Premios Gotham. Soplan nuevos y saludables aires en el indie estadounidense. B