Publicado: 22.06.2014 07:00 |Actualizado: 22.06.2014 07:00

"Hace falta una revolución en la televisión y en la calle"

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En el plató dos se ruega silencio y no solo eso, también que nadie abra la puerta cuando las letras que invitan a callarse se tornan rojas. Se rueda. Pero hay alguien que se salta la orden, acaso prohibición. Un niño abre la puerta y corre hasta alcanzar un plató a oscuras. Una pequeña bola de cristal rueda hasta frenarse entre sus pies.

Es 6 de octubre de 1984 y la La Bola de Cristal está a punto de comenzar. El primero en hablar es uno de los ya míticos electroduentes, que avisa: “Quiero advertir a los telespectadores que ni yo ni los otros electroduentes nos hacemos responsables de lo que salga aquí. ¡No te funde! Además, no tiene nada que ver con nosotros. Nosotros lo hubiéramos hecho mucho mejor. Nosotros lo hubiéramos hecho de pila máster”.

La responsable de aquel mítico programa, que duró cuatro años, era Lolo Rico, su directora, que había juntado a un equipo capaz de entender que los niños podían aspirar a un espacio infantil que les hiciera pensar. Eso era La Bola de Cristal: un programa que trataba "a los niños y a los jóvenes como seres pensantes". Así lo define el equipo de La Guerrilla Comunicacional, que prepara un documental (Lolo Rico: la mirada no inventada) sobre la figura de Rico, la primera mujer directora de un programa infantil de televisión en este país.

Si quisiéramos ver ahora un programa como La Bola de Cristal, ¿podríamos? ¿Hay algo que se le parezca?

No, no ha habido nada como La Bola de Cristal. La Bola marcó un listón muy alto, ya no solo en calidad, sino también en cuestión de estilo, contenido, era un programa muy vanguardista, transgresor. Tenía cosas que no eran habituales en los programas infantiles. Hubo un antes y un después con La Bola de Cristal, no sé si es porque nadie se atrevió a hacer algo similar o qué pasó, pero a partir de aquello los programas infantiles en TVE fueron muy anticuados, muy de niños. Tenían mucho merchandising, pero nada de contenido ni de calidad.

¿Por qué se terminó el programa?

Por razones de censura. A los cuatro años, TVE suprimió un gag del programa sobre la enseñanza pública y privada. Yo entonces pensé que a partir de ese momento iba a empezar a haber una censura que me obligaría a marcharme o a censurar a mi equipo, y no estaba dispuesta a lo segundo.

¿Qué hizo, entonces? Después de La Bola, participó en otros programas.

Sí, y también tuve otros problemas, de la misma índole. Después de La Bola me encargaron otro programa y tuve muchos problemas con él, así que al final no se hizo. Entonces pedí dos años de excedencia y estuve fuera de TVE. Luego volví e hice una serie de tres programas, tres documentales de ficción de 55 minutos. Era vídeo, no cine. Cada documental estaba basado en uno de los personajes de una obra literaria. Así, uno se centró en la historia de una maestra de un libro de Josefina Aldecoa; otro era un preso de un libro de Juan Marsé; y otro estaba basado en un poema de Bernardo Atxaga. Y también entonces les estorbaba. Era el primer mandato del PP y me hicieron la vida imposible.

¿Hubo censura también en esos documentales?

Sí.

¿A qué respondía?

Sobre todo a la historia de la maestra. Respondía, claro, a motivos ideológicos. Aquel programa lo compró Arte, pero aquí no salió, apenas una vez a las dos de la madrugada, por lo que no lo vio nadie. Más que a motivos ideológicos del programa, la censura se correspondía con motivos ideológicos míos. Yo no encajaba con ellos y ellos no tenían ningún interés en tenerme. Es lo que creo. La pregunta es buena, yo misma me la he hecho muchas veces. Verás, cuando hice la historia de la maestra, lo hice exactamente de acuerdo con la obra de Josefina Aldecoa, pero en el medio metí unos espacios de documentación de la época: República, Guerra Civil... Cuando la persona que me encargó el programa, el jefe de cultura de TVE entonces, hizo el visionado, me dijo: "Esto es muy de izquierdas". Yo respondí: "Primero, esto es el libro de Josefina; segundo, es la historia de España; y tercero, yo soy de izquierdas y tú tendrías que saberlo, que llevo muchos años en esta casa". Yo lo que buscaba era meter siempre denuncias en lo que hacía, por eso La Bola fue muy transgresora. Prensa como el ABC llegó a decir que adoctrinábamos a los niños en el marxismo, hubo protestas de familias de asociaciones católicas... Al final es muy complicado estar mucho tiempo a contrapelo con una gente tan intransigente, tan intolerante, tan radical y, en cualquier caso, tan ideológicamente marcada hacia la derecha como es el PP. Yo soy la antítesis.

"La ideología se extiende como el aceite, empapa las cosas, define y mancha tanto tu vida cotidiana como en sociedad"¿Cómo valora la televisión actual?

No se puede hacer una apreciación con justicia, porque la ideología es algo que no está solo en un programa, en un despido, hasta en un desahucio, está en todo. La ideología se extiende como el aceite, empapa las cosas, define y mancha tanto tu vida cotidiana como en sociedad. A ver, aquí pasa que el franquismo es algo que no terminó. Nos creímos que había terminado y no terminó. Cuando hay una ocasión, ahí está, surge y sale. La televisión que hay actualmente se podía haber hecho en el franquismo. ¿Hay algún programa en el que adoctrinen? No, pero en los informativos dan la razón y definen como acertadas las políticas de derechas, las muestran como un beneficio para la sociedad cuando claramente nos están perjudicando. Eso es lo que pasa en los medios de comunicación, aunque no en todos. Cuando se da por válido y positivo un programa que hace caridad, si quien lo ve pregunta: “¿Qué tengo que decir a este programa, es bueno?” No, no lo es. Está definiendo como válido algo que en realidad se aleja de la justicia e incluso sustituye a la justicia. Se está haciendo apología de una actitud bondadosa, de la gente que da dinero para ayudar a los que salen el programa. No puedo criticar a esa gente, pero sí les critico por no decir: esto lo tiene que hacer el Gobierno, esto es injusto por esto, por esto y por esto. Una de las cosas malas de la televisión es que ha borrado la capacidad de análisis, el saber el por qué de las cosas. Esa pregunta: el porqué. Ya no se hace, ni siquiera en la educación de los hijos, ni en el propio malestar social y económico. La televisión, además, oculta ese porqué, hasta en las películas que escoge.

La Bola de Cristal era justo lo que hacía: preguntarse cosas.

La Bola de Cristal animaba y enseñaba, o eso pretendía, no tanto de forma pedagógica, sino por propia dinámica del programa. Quería hacer preguntas y contestarlas. Había un gran equipo detrás, con interés por tratar a los niños de una manera adulta, con interés porque empezaran a preguntarse muy pronto qué pasa, por qué me ocurre esto o lo otro. Primero a un nivel, luego a otro y después a otro. Y quería enseñarles a transgredir con las respuestas, con las respuestas convencionales que les daban. La Bola de Cristal planteó un tipo de programa totalmente diferente, que no solo no ha vuelto a verse para niños, sino tampoco para adultos.

¿Qué oportunidades habría de volver a ver un programa como aquel?

No la hay. No hay posibilidad, está censurado definitivamente desde entonces. En alguna ocasión alguna cadena lo ha intentado, pero nunca de forma seria. Me consta que hay gente a quien le hubiera gustado hacerlo.

¿Por qué de forma tan definitiva?

¿Te parece que haya poca censura? Vivimos en un país en el que esta mañana no se dejaba sacar banderas republicanas ni gritar viva la República. No hemos podido manifestarnos. Se han limitado todos los derechos sociales. Si no nos dejan sacar las banderas ni gritar viva la República, imagínate lo que hubieran dicho de La Bola de Cristal. Les horrorizaría cualquier cosa que se dijera en el programa.

Si entonces sí se dio espacio a La Bola de Cristal y ahora no, ¿significa que vamos hacia atrás?

Entonces acabábamos de salir de una dictadura de 40 años, hubo una transición difícil y durante el primer mandato del PSOE la gente lo que quería era libertad. Fue la única época en la que hubo libertad. El espectador estaba ansioso de libertad y los que hacíamos televisión estábamos ansiosos por proporcionar esa libertad. Fueron cuatro años maravillosos, perfectos, durante aquel mandato del PSOE. Pero luego las cosas cambiaron radicalmente. La Bola de Cristal fue como un oasis en lo que había sido un desierto, y si piensas más en ella, fue también un oasis en lo que ha venido después. Fue un oasis en mitad del desierto que era el pasado, y en otra mitad que era el futuro. No es que la sociedad cambiara, era igual, solo que valoraba más la libertad, y hoy ya no existe esa necesidad, se ha borrado. No parece existir más que en grupos de gente joven. Y me preguntó por qué.

¿Cómo podríamos recuperar esa conciencia?

Hablando, escribiendo, explicando, arriesgando. Creo que vale la pena que la gente entienda lo que nos está pasando, que se pregunte por qué nos pasa esto, hacia dónde nos llevan, dónde vamos a ir a parar si seguimos así. Yo he dicho muchas veces que el remedio era mirar la calle, observar, pensar la calle. Y luego tomarla, es decir, salir a la calle.

Y los niños, ¿pensaban más antes que ahora?

Yo creo que no. Los niños piensan lo que les permiten sus mayores, piensan según les liberen su pensamiento. Para que los niños piensen no deberíamos dar todo por hecho, darles las cosas masticadas, pensadas por otros. Ahora sucede que además los niños están en una mala situación. Hay un anuncio que sale en televisión en el que un niño pregunta: "¿Qué tengo de merendar?". "Pan". "¿Y dentro?". "Dentro hay que ponerle imaginación". Hay niños que tienen que comer con la imaginación, que tienen que ir al colegio en verano para comer, que ven a sus padres en paro... Cuando pasan todas estas cosas, a mí me asombra que en lugar de aumentar las ayudas para dependencia, se limiten más. Se van a la calle familias con ancianos, niños... Y en lugar de frenarlo, lo fomentan. Muere gente en los pasillos de los hospitales, y en lugar de rectificar las políticas que han afectado a la sanidad, aumentan las limitaciones económicas de la misma. Todo se hace al revés. La vida es algo muy sencillo y muy bello, pero en una casa en la que los abuelos tienen que alimentar a sus hijos con pensiones que no son el no va más, y estos tienen que decirle a los niños que tienen que comer pan con imaginación, pues no se puede pensar que esos niños van a ser iguales. Necesitarían mucho más. Respecto a la televisión, habría que hacer una televisión de emergencia, que dé consejos de cómo salir adelante, que trate temas que mantuvieran a la gente con el ánimo alto y que les animara a luchar. Habría que empujarles a la rebeldía, a la disidencia. Pero no lo van a hacer, van a taparlo todo, para desorientar, engañar. Dirán que todo va bien cuando saben que todo va mal, que todo es limpio cuando saben que es sucio, que todo es verdad cuando saben que es mentira. La sociedad debe tomar conciencia y los medios tenéis responsabilidades. Hay alguno que está haciendo esa labor, como Público.es, Rebelión, en cierta medida La Sexta, también en cierta medida la SER... Toda intervención es útil. Un grupo pequeño como es Podemos ha demostrado que se puede dar un vuelco en cuatro días. A todos ellos y a todos los que hacéis un trabajo de concienciación, que ponéis en pie el lema de Wyoming (ya han visto las noticias, ahora les contaremos la verdad), a las redes sociales, que también hacen un bien enorme, a todos estoy muy agradecida. Hay ocasiones en las que resisto al malestar gracias a esas ayudas.

¿Volvería a la televisión?

Eso es como preguntarme si creo en los milagros. Es impensable, imposible. No es que yo esté enfadada con la televisión, me parece maravillosa y fui muy feliz trabajando en libertad. Si pudiera repetir estaría de nuevo allí, si me dejaran, pero ese momento no llegará, no pueden. En una situación así pensar que saldrá algo distinto, que no tenga nada que ver con lo que se hace ahora, que rompa con todo... Lo único que salvaría a la televisión sería una revolución. Pero si se hiciera una revolución en la televisión, también tendría que hacerse fuera, que, en definitiva, es lo que haría falta.

La Guerrilla Comunicacional ha puesto en marcha un crowdfunding para recaudar el dinero suficiente para llevar adelante el proyecto 'Lolo Rico: la mirada no inventada'