Publicado: 01.10.2015 20:42 |Actualizado: 02.10.2015 08:00

"Todos tenemos la fantasía de que las cosas podrían haber sido distintas"

El uruguayo Federico Veiroj conquistó al jurado y a la crítica internacional en San Sebastián con ‘El apóstata’, una fábula de cine independiente que se inspira en algunos episodios de la vida real de su protagonista y en sus intentos frustrados por apostatar.

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El uruguayo Federico Veiroj conquistó al jurado y a la crítica internacional en San Sebastián con ‘El apóstata’.

El uruguayo Federico Veiroj conquistó al jurado y a la crítica internacional en San Sebastián con ‘El apóstata’.

MADRID.- "Con la Iglesia hemos topado, Sancho". Comedia por momentos surrealista, ‘El apóstata’ de Federico Veiroj, la historia de un hombre que quiere divorciarse legalmente de la institución eclesiástica, se alzó con una Mención Especial del Jurado en el 63 Festival de Cine de San Sebastián, donde también conquistó el premio FIPRESCI de la crítica internacional. El debutante Álvaro Ogalla, proyeccionista antes que actor, es el culpable. Al fin y al cabo, la historia es la suya propia.

Producida por Guadalupe Balaguer Trelles, Fernando Franco y el mismo Veiroj, la película muestra las peripecias de Gonzalo Tamayo, un antihéroe de estos tiempos, un tipo que quiere apostatar y choca una y otra vez con la burocracia de la Iglesia y con sus trampas. Marta Larralde y Bárbara Lennie acompañan al protagonista en el reparto.



P: Parece que el intento de apostatar de su amigo Álvaro Ogalla, con el que trabajó en el archivo de Filmoteca Española, fue el origen de la película, ¿cuál es la intención con esta historia?

La intención es que el público disfrute con la aventura del personaje de Tamayo y su épica, con una historia situada en la España de hoy, y con un conflicto muy actual. Creo que existirá identificación en más de una generación con el personaje de Tamayo así como con los padres de éste, ya que entre otras cosas, lo que la película narra es la relación del protagonista con su herencia, con la tradición, y se pregunta cómo seguir adelante.

P: ¿Se puede entender la película como una metáfora? Como si el personaje quisiera salir de este sistema, que nos engaña y nos lo pone tan difícil.

Creo que sí y ahí me parece que radica lo actual de la película: la crisis de representación del protagonista y su deseo de desvinculación de algunas instituciones. Llegado a un extremo, puede hasta ser comparado con el intento de salirse de alguna red social, o querer dejar de pertenecer a cualquier grupo. También creo que se puede entender de otras maneras, como por ejemplo que el protagonista lucha por algo utópico y que su batalla sólo tiene validez en una pantalla de cine. Porque de alguna manera lo que pretende hacer es totalmente simbólico, y a su vez necesario para su propia narración, que es lo que la película cuenta. Espero que hayan muchas más interpretaciones...

P: Ha escrito sobre la intención del personaje de modificar el pasado, en ese caso ¿es un personaje que se arrepiente? o más allá ¿si pudiéramos cambiar cosas construiríamos un futuro diferente, mejor?

El uruguayo Federico Veiroj conquistó al jurado y a la crítica internacional en San Sebastián con ‘El apóstata’.

Primero que nada, considero la película como una fábula. Una vez dicho lo anterior, creo que lo de modificar el pasado es algo que se mueve en el terreno de lo simbólico y que de alguna manera es la excusa y motor del protagonista. No sé si se arrepiente, pero sí sé que su pasado lo ha marcado como a cualquiera de nosotros. Tener presente algunos aspectos de su propio pasado es algo así como sacar a la luz su tradición personal; y justamente desde ese sitio es que Tamayo se permite dialogar consigo mismo y con su tradición y herencia, la de sus padres, por lo tanto la de muchos otros que la comparten. En el medio se le cuela a Tamayo su educación, sus amores, su personalidad y sobre todo, su picardía. Creo que la pregunta de ‘modificar el pasado para conseguir un futuro mejor’ es clave porque es la fantasía máxima del protagonista. Estas cosas sólo valen en la pantalla y a través de ella podemos vivir la fantasía que todos tenemos de que las cosas podrían haber sido distintas si...

P: Apostatar realmente es muy complicado, ¿no ha tenido la tentación de dar la pista de cuál es la manera de hacerlo (para conseguirlo)?

La película no pretende contar ‘una manera’ ni ser un manual del cómo apostatar, ni de ninguna otra cosa. En todo caso, lo que creo que la película plantea es que lo más importante para el protagonista es encontrar su propio camino.

P: ¿Cree que en España pesa aún el sentido de culpa que la Iglesia católica impuso hace décadas? ¿No intenta el personaje de alguna manera librarse de ello?

Lo de la culpa no lo sé exactamente, la verdad. Lo que a mí me inspira y me sorprende es la inmensa riqueza de las innumerables formas de manifestación religiosa que existen en España. Me parece que es muy único lo que sucede aquí, y la propia historia hace que al día de hoy se encuentren todos los matices, hasta los extremos. En ‘El apóstata’ justamente lo que hicimos fue plantear de base la enorme importancia que ha tenido la Iglesia y también la influencia en todos los órdenes de la vida, desde hace siglos. El personaje de Tamayo se plantea el intento de liberación de la religión pero no creo que su creencia esté en juego; todo lo contrario, es justamente por creer en determinadas cosas que busca encontrar su propio sitio, el que le vaya a dejar más cómodo por lo pronto.

P: Ha apostado por una mezcla de tonos (fantasía, realidad, ensoñación…) en la misma película, ¿no era una decisión demasiado arriesgada? Por otro lado, es claramente una comedia, ¿la risa y el humor es la mejor posición para mirar ciertos aspectos del mundo?

Creo que la decisión más arriesgada fue hacer la película. Los momentos de ensoñación, realidad y fantasía no son más que las distintas capas del personaje de Tamayo. Y le agregaría otra capa que sería el pasado. Me encanta que los distintos tonos puedan ir sorprendiendo al espectador, creo que la clave para disfrutar más de la película es justamente dejarse llevar por eso. El hilo común no es sólo Tamayo sino la risa y el humor como usted ha dicho. También estoy de acuerdo en que para mirar ciertos aspectos del mundo el humor es una buena posición.

P: ¿Cómo cree que se va a tomar la Iglesia católica su película?

Creo que se encontrarán con una película curiosa, divertida y que plantea una fábula que se desarrolla de a ratos en una iglesia bellísima y en el hermoso patio del Arzobispado. Intuyo que también percibirán el respeto con el que se trata no sólo a la propia institución de la Iglesia católica sino que también verán el respeto con el que el propio personaje de Tamayo se relaciona con la misma, habiendo sido éste bautizado, tomado su primera comunión, y habiendo sido educado en colegios religiosos. Es decir, Tamayo es un representante más de la institución, y justamente por eso es que quiere apostatar. Como se dice en un momento de la película “grandes hombres de fe han dudado”. En definitiva, creo que se lo van a pasar genial viendo la película, y ojalá nos lleguen sus comentarios de algún modo.