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Por la fantasía y el realismo, a la infancia

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Hoy Ana María Matute, una de nuestras mejores escritoras, incluidos los escritores, ha recibido el Premio Cervantes. Hoy es un gran día para la igualdad, una de las ideas que mueven el mundo, tan fundamental para el desarrollo de los individuos y de la sociedad contemporánea como la libertad o la justicia.

Pocos son los autores en lengua española que han sabido elevar las historias literarias a tan altas esferas partiendo siempre o casi siempre de los misteriosos sentimientos y emociones de los míticos seres que pueblan la única patria que tenemos, la infancia. Pocas veces hemos encontrado en ellas corrientes poéticas tan sorprendentes moviéndose entre el más puro realismo de una memoria fiel y la fantasía y la imaginación que nos remiten al reino de lo profundamente deseado, donde los personajes sienten nostalgia de lo que quisieran ser, los paisajes se nutren de las nieblas oscuras de los recuerdos y los conflictos nacen de deseos y emociones recién descubiertos.

Historias donde, como un milagro, la experiencia que en los acontecimientos que se nos cuentan a diario tan sabiamente dosifica la moralidad y el equilibrio es apenas en el mundo de Ana María Matute un accesorio con el que contarán los personajes... si es que algún día tienen la oportunidad de hacerlo, cuando hayan pasado tantos años que ni siquiera cuenten en el desarrollo de la historia.

Fantasía e imaginación al servicio de la inteligencia y de la profunda vocación de contar y seguir contando historias. Un reconocimiento justo aunque excesivamente tardío.