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Fermín Muguruza: "En Madrid y Valencia hay gente que sigue el manual de Goebbels a rajatabla"

El artista vasco regresa con un combativo disco grabado en 16 ciudades distintas

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El nuevo disco de Fermín Muguruza se abre con Casquillos de bala y Dispara al cantante. El combate, como el mismo músico afirma en esta entrevista, sigue en pie. De ahí la portada de Asthmatic lion sound systema (Talka, 08), teñida de colores jamaicanos, con Muguruza sosteniendo un bote de spray, como ofreciéndoselo al público, a la gente. Porque sí, hay batalla, pero cada día es más difícil encontrar el frente. Son demasiados, y el trabajo de uno solo avanza como una flecha hacia la diana de la frustración. Por eso Muguruza canta -junto a Manu Chao- Milaka Bilaka (Miles buscando), canción que da nombre a un colectivo ciudadano que lucha por la paz en el País Vasco y que cierra su nuevo álbum. El polémico músico vasco puede sonar ingenuo, pero ¿qué es más ingenuo? ¿Eso o dejar el futuro en manos de los políticos y los empresarios? ¿Hay margen para el ciudadano o el escepticismo nos ha cegado definitivamente? Muguruza, por ahora, no descansa.

La hoja de promoción de su disco parece el catálogo de una agencia de viajes...

Sí, hemos grabado en todos los rincones del planeta. En mi última gira visitamos no sólo las ciudades que pone en la hoja, sino muchas más. Y en esas ciudades, además, de tocar, grabábamos.

¿Qué idea tenía en mente antes de empezar el disco?

Hacer un libro de viajes sonoro. Lo hice por primera vez hace diez años, en Brigadistak sound system. Me voy a una ciudad y vivo allí durante un tiempo, conviviendo con músicos de la zona. En aquella ocasión estuve en Buenos Aires, con Todos tus muertos, en Caracas con Desorden Público, en Los Ángeles con Fishbone... Es la idea del sound system como movimiento, como fiesta, como encuentro. Y cuando se mueve de ciudad en ciudad arranca un saxo en Nueva York, unas voces de Jerusalén, unos ritmos de Japón...

En ‘Casquillos de bala' canta: 'Me ahogo, me ahogo...'. ¿Es posible respirar aliviado hoy en día?

Es difícil. La idea del león asmático, el título del disco, además de hacer referencia a que padezco asma, es una metáfora sobre el vivir ahogado, que hay cosas que te ahogan, te asfixian. Hay que aprender a respirar de otras maneras.

¿Por ejemplo?

A través del encuentro con otras personas. Una cosa es defender la individualidad y otra el recuperar la calidad humana, el reconocerte en los otros, la solidaridad... Todos los valores que están ahora a la baja, llevarlos de nuevo arriba.

En este momento histórico, ¿contra qué combate?

Contra la rutina, contra la comodidad, contra sistemas de organización globalizadores que alienan a la persona, que homogenizan la cultura. Sigo en alerta permanente (risas).

Algo que sorprende de usted es esa energía juvenil que desprende, entre la ingenuidad y la clarividencia.

Bueno, desde que murió mi padre creo que he envejecido mucho. Aunque para tener 45 años, todavía parezco un chaval. Creo que esa vitalidad nace de la pasión que pongo en todo lo que hago. Si a alguien le parece ingenuo, es porque él ya se ha acomodado en la derrota y piensa que lo de antes eran otros tiempos. Sin embargo, yo creo que no es así, porque no es así. Y lo de la clarividencia seguramente es porque soy alguien muy intuitivo, mi arma es la intuición. Siempre intento ver más allá de lo que está pasando hoy, y me doy cuenta de que hay muchas cosas que van a cambiar. Por ejemplo, en estos tiempos de crisis uno de los libros que más se está vendiendo es El capital de Marx. Y yo llevaba tiempo diciendo que el marxismo iba a volver.

En ‘Dispara al cantante' cita a Goebbels ('Cada vez que escuches la palabra cultura, saca la pistola'). ¿Por qué?

Porque esas palabras siguen vigentes. En la época más rancia del Partido Popular era así. Cada vez que oían la palabra cultura se echaban la mano a la pistola. Y disparaban, no era sólo amagar. Que se lo digan a Julio Medem, que como él mismo dijo tuvo que soportar una 'lluvia de cuchillos'. O en momentos ya desquiciados, contra Sardá o Almodóvar. En la Comunidad de Madrid y en la Comunidad Valenciana hay gente que sigue el manual de Goebbels a rajatabla. Y a mí siguen disparándome para que no pueda actuar.

En su última gira le suspendieron el concierto en Madrid, ¿no?

En Madrid y en Valencia. Ninguna sala puede programarme, ni siquiera los festivales, porque saben que va a haber presiones de los grupos de extrema derecha. A otros grupos, como Soziedad Alkohólika, los han llevado a juicio. Y aunque el juez los absolviera, siguen criminalizados.

¿Ha sentido miedo?

Hombre, si la gente de Alianza Nacional te viene a poner una bomba, como me hicieron en un concierto de Barcelona, pues entonces dices: 'Cuidado, que las amenazas van en serio'. Pero cuando tienes unas convicciones blindadas, a pesar de sus fragilidades e incertidumbres, sigues actuando y reivindicando lo que consideras justo. De todas formas, yo soy una persona heterodoxa y vivo en una continua autocrítica.

Ponga un ejemplo de autocrítica.

Yo no quería tener hijos. Pensaba que los animales en cautividad no procrean. Sin embargo, me di cuenta de que estaba equivocado. Lo vital se tiene que desarrollar. Tener hijos ha sido muy importante para ubicarme en el caos que es la existencia. Mi discurso se ha humanizado gracias a ellos.

En ‘Conexiones' habla de que el choque puede ser también encuentro. ¿Cómo se transforma el choque en encuentro?

Esta es una reflexión sobre el racismo y la xenofobia, sobre el miedo al otro. Está claro que el primer contacto con otra cultura es un choque. Y yo creo que la música va a ser la vanguardia del encuentro de esos choques culturales.

'Aprender a respetar la vida, porque todo esto desaparecerá'. Parece una contradicción, ¿no?

Estos versos son una enseñanza que les doy a mis hijos. Es una declaración existencialista, que habla de reconocernos como personas que estamos en la vida por un tiempo determinado, que no hay Dios, porque no lo hay. Esto es lo único que tenemos, no hay otros paraísos ni infiernos, la muerte no tiene marcha atrás, es irreversible.

En ‘Miles buscando' habla de 'escuchar y dialogar'. Parece emular a Zapatero...

¿A Zapatero? ¡Coño! '¡La que está armando Zapatero!', como diría El Gran Wyoming. ¿Escuchar y dialogar, dice Zapatero?

Lo ha repetido bastante...

¡Qué cabrón! Es muy hábil ese tío. Sobre todo con las palabras, pero a ver si es tan hábil con los hechos. Porque eso es lo que hay que hacer: buscar la coherencia entre palabras y hechos. Está claro que escuchar y dialogar es la única manera de resolver la situación actual del País Vasco. Si Zapatero ha dicho eso alguna vez, también debería escuchar. Porque Zapatero le dijo a Aznar en 2001: 'Señor Aznar, actualícese, escuche a Manu Chao'. Pues yo le digo ahora: 'Señor Zapatero, escuche a Manu Chao cantando en mi disco el tema Miles buscando'.

¿Sientes frustración por el último proceso de paz?

Sí, mucha. Pero no dejo que se pudra y se estanque. Debemos pelear para que esa situación se vuelva a dar. Para eso hemos formado Milaka Bilaka, un movimiento ciudadano por la paz. 

De Irún –su tierra natal– a Jerusalén, pasando por Roma, Quito, por supuesto Kingston, Nueva York, Kuala Lumpur o París. Este es el mapa de grabación de ‘Asthmatic lion sound systema’, un disco multigénero y multicultural en el que cabe casi de todo. En la base, como es natural en Fermín Muguruza, está el reggae y el dub, bien definidos en la cálida apertura con ‘Balazalak’ (‘Casquillos de bala’), que tiene un estribillo irresistible. Llama la atención que un disco con tantas colaboraciones –Manu Chao, Maria de Medeiros, Ojos de Brujo, incluso Rossy de Palma–, no suene recargado. A sus puzzles sonoros no suelen sobrarles piezas.