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Festival de Málaga Una vuelta al mundo sobre el machismo a través del cine

Los derechos de la mujer siguen siendo una asignatura pendiente, a pesar de que algunas voces digan que la igualdad está conseguida. Solo hay que echar un vistazo a algunas de las proyecciones del Festival de Málaga, que en su ciclo “Afirmando los Derechos de la Mujer” denuncia con documentales la realidad de lo que ocurre.

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Fotograma del documental 'Ala-kachuu', que podría traducirse como "atrápala y corre", sobre el matrimonio forzoso de mujeres con sus secuestradores. FESTIVAL DE MÁLAGA

Prohibición del aborto, enfrentarse a un machismo que arrebata derechos laborales, violaciones impunes, esterilizaciones y matrimonios forzosos… Estos casos siguen ocurriendo y, a veces, es el cine el que los expone con toda su crudeza. La igualdad sigue siendo una quimera, en múltiples espacios y países donde la mujer queda relegada no solo a un segundo lugar, sino que es castigada y penalizada bajo la estructura patriarcal. Casos que, en la inmensa mayoría de las ocasiones quedan invisibilizados o apenas tienen repercusión, aunque constituyen una violación directa de los derechos humanos. Una muestra en primera línea que expone las injusticias que todavía en este siglo siguen sufriendo las mujeres por el mero hecho de serlo.

Mariscadoras gallegas y el boicot a un trabajo digno

“Venían los hombres, nos llamaban de todo menos guapas, nos insultaban, nos escupían, vino antidisturbios, vino Guardia Civil, vino un helicóptero, hizo la Conselleria vigilancia noche y día… no había forma humana”. Son las palabras de Carmen Rodríguez, mariscadora y ex presidenta de la asociación de mariscadoras de Cedeira.

Hasta allí nos traslada el documental El cielo es nuestro techo, de Carlos Cazurro. Lo que muestra es el patriarcado puro y la lucha laboral de unas mujeres por conseguir un trabajo digno en pleno terreno hostil. Tenían todo en contra: el furtivismo, la cofradía de pescadores o vecinos que las rechazaban.

Estas mujeres representan una lucha sin tregua para mantener un trabajo que ni siquiera les era reconocido. Aunque al llegar a casa tuvieran los quehaceres diarios y por las noches hicieran guardias nocturnas para controlar el furtivismo. Su único fin era conseguir la igualdad de condiciones del resto de los trabajadores, con una cofradía de pescadores que no las aceptaba como socias por el hecho de ser mujeres. 25 años después, los derechos de las mariscadoras y su reconocimiento se deben a este grupo de mujeres que se encontró cara a cara con el machismo.

Violaciones impunes en Argentina

En Argentina hay medio millón de abortos anuales. Romina Tejerina fue condenada a 14 de años de prisión por el asesinato de su hija recién nacida, producto de una violación impune y un embarazo que no pudo abortar. Toda su historia queda recogida en el documental La cena blanca de Romina, porque aquel hecho sucedió justo el día de la conocida cena blanca, la fiesta que las jóvenes de San Pedro (Argentina) hacen al terminar la secundaria.

Este metraje no sólo muestra su caso, sino la tradición de una sociedad cargada de estereotipos y prejuicios. También es el retrato de una iglesia presente en todos los actos y un grito que reivindica el derecho al aborto. Es la muestra de dos realidades diferentes: la anclada al machismo y a la tradición, y la de aquellas organizaciones que usaron su caso como denuncia de los derechos de la mujer.

Romina tuvo al bebé de forma prematura, sola, en el baño. Cuando la vió dijo reconocer en ella la cara de su violador. “En el hospital negaron la autopsia que hubiera confirmado el tiempo de gestación, si era aborto o infanticidio. Del hospital fue a la cárcel. La secretaría de Derechos Humanos provincial pidió pena perpetua para esa chica pobre y rebelde que, como decía la fiscal, bailaba con polleras cortísimas. El cura organizó misas callejeras para que se resignara y no apelara la condena. El intendente opinó que a nadie la violan si no quiere”, denuncia el equipo de la película. Tras un juicio de solo 22 días, el violador fue absuelto. Y ella, en prisión.

El Encuentro de Mujeres de Jujuy rodeó la cárcel donde la joven estaba presa, en solidaridad con la adolescente e hicieron manifestaciones cada mes. La campaña cruzó las fronteras. Romina fue liberada en 2012, días después de cumplir 29 años. Los últimos nueve había vivido entre rejas.

Mujeres secuestradas para matrimonios forzosos

Es la realidad que viven las mujeres de Kirguistán desde que obtuvo su independencia en 1991. Desde entonces resurgió una práctica conocida popularmente como Ala-kachuu, que podría traducirse como "atrápala y corre". Ese es el nombre del documental que denuncia que más de la mitad de las mujeres de Kirguistán están casadas con los hombres que las secuestraron.

Más de la mitad de las mujeres de Kirguistán están casadas con los hombres que las secuestraron

Es una práctica ilegal pero el Estado es consciente de que se sigue haciendo. En total, unas 15.000 mujeres secuestradas al año para este fin. Nada es fortuito, todo el proceso se planifica, se rapta a la joven, se la lleva a casa de su secuestrador y allí otras mujeres intentan convencerla de que debe contraer matrimonio con él.

Desde ese momento, aunque parezca lo contrario, no tendrá alternativa porque volver a su vida anterior, una vez que ha tenido contacto con este hombre, es la del rechazo absoluto: nadie se casará con ella, aún más si ha perdido la virginidad. Oponerse a esa decisión también es poner su propia vida en peligro. Y si vuelven, se posa sobre ella la sospecha de la duda que, además, se refleja en el rechazo de padres y vecinos que consideran su regreso una deshonra.

No tienen otro destino que asumir su vida futura con su secuestrador y renunciar a su completa libertad. Su vida, desde entonces, estará sometida a la decisión de su secuestrador-esposo, y normalmente pasa por palizas y violaciones. No sólo ocurre con jóvenes, también con niñas, cuyos secuestradores son ahora ancianos.

Las esterilizaciones forzadas en Perú

'Esterilizaciones forzadas: un camino a la justicia'. FESTIVAL DE MÁLAGA

Entre los años 1996 y 2000, el gobierno de Alberto Fujimori implementó el Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (PNSRPF). La realidad fue una política de Estado agresiva que violentó los derechos humanos de miles de mujeres, la mayoría de ellas indígenas, de manera sistemática y generalizada. Se calcula que el número de víctimas asciende a 314.605. Víctimas, la inmensa mayoría invisibles, con peores recursos y sin medios. Para el Gobierno parecía un objetivo fácil... hasta que estas mujeres decidieron hablar. Soportaron de todo. Desde chantaje a las madres que daban a luz con no inscribir a sus hijos en el Registro Civil hasta amenazas de practicar abortos a las mujeres embarazadas.

Las esterilizaciones forzadas es un documental que muestra el largo camino de estas mujeres indígenas, donde sus derechos sexuales y reproductivos fueron atacados de raíz. “Las enfermeras nos dijeron que nos íbamos a quedar sin nada, sin dinero y sin trabajo, y que no podíamos tener más hijos. Y así nos llevaron a operar”, relata Milena Vázquez, una de las víctimas. También hablan por primera vez los médicos que operaron a aquellas mujeres. El equipo de este documental subraya que estos doctores “sentían que estaban haciendo lo justo porque detrás de este crimen, que podemos calificar de genocidio porque estaba dirigido específicamente a mujeres indígenas, está el racismo, según el cual la pobreza es consecuencia de la ignorancia y las mujeres indígenas son incapaces de decidir cuántos hijos/as tener. Los indígenas en general y con mayor énfasis las mujeres indígenas, son considerados y consideradas como ciudadanos y ciudadanas de tercera categoría”.

Actualmente la denuncia de estas mujeres esterilizadas está archivada en la Fiscalía de la Nación. Ellas continúan luchando para que los responsables sean juzgados y que el Estado asuma la reparación a las víctimas.