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La fotógrafa que ilustró la dignidad de los más pobres

El Museo ICO acoge la primera retrospectiva de la fotógrafa

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Las calles de los barrios pobres de las grandes ciudades son un teatro, un campo de batalla donde cada persona es un poeta, un guerrero, un bailarín. Así veía el Nueva York de los años treinta la fotógrafa estadounidense Helen Levitt (1913-2009). Su objetivo era capturar 'imágenes de existencia humana'. Consiguió más: 'Su trabajo ilustra la dignidad de la clase popular, mostrando su potencial creativo', según Jorge Ribalta, comisario de la exposición Helen Levitt. Lírica urbana. Fotografías 1936-1993, que se inaugura mañana en el Museo Colecciones ICO de Madrid.

La muestra, organizada en el marco del Festival PhotoEspaña, es la primera retrospectiva de Levitt en España. Son más de 120 imágenes, la mayoría en blanco y negro, que desvelan la labor de documentación de la fotógrafa durante 60 años. Sus imágenes delatan una clara influencia de Walker Evans y de Henri Cartier-Bresson: transmiten la sencillez de la vida cotidiana, la realidad de una familia, de los niños que juegan en la calle... La mirada de Levitt la convierte, según Ribalta, en una poeta.

'Ella es la última moderna', analiza el comisario Jorge Ribalta

Una poeta porque 'contribuyó a una poética de la instantaneidad fotográfica -explica el comisario-; hace de la coreografía de la ciudad, de la danza, del juego, una coreografía urbana, poética y documental'. Año 1938: cuatro niños juegan en la calle; es su territorio, ya tienen pistolas, corren detrás de los coches en los anchos bulevares de Nueva York. Las imágenes de Levitt son tan sencillas que parecen montajes: ella es la coreógrafa de una obra que eligió la calle como escenario.

Un escenario que se repite, una obsesión de la artista por retratar una época que también se repite. Y la pobreza. Siempre la pobreza. La exposición incluye fotografías de los años ochenta y noventa en color. Son las mismas familias esperando en las aceras, los mismos niños que jugaban hace 40 o 50 años. Sólo ha cambiado la ropa. Es más: el Nueva York de los ochenta parece más pobre, sus edificios más damnificados que durante la II Guerra Mundial. Levitt reúne en sus imágenes los Estados Unidos de Franklin D. Roosevelt y los de Ronald Reagan, cuando el capitalismo ya se ha convertido en la sola y única ideología de la Casa Blanca.

Este paralelismo entre las épocas, que Levitt nunca dejó de documentar, muestra su capacidad de detener el tiempo, su fuerza de crítica social sin ningún discurso político. Sólo observando. Todas las instantáneas constituyen 'una obra canónica de la modernidad fotográfica', según Ribalta. Levitt produjo una obra lírica a través de un lenguaje documental, ella representa 'la historia de la idea del documentalismo moderno. Ella es la última moderna'.