Publicado:  20.11.2010 08:00 | Actualizado:  20.11.2010 08:00

Las fotos prohibidas de los talibanes

Arte. Una exposición en Barcelona rescata una colección excepcional de retratos de afganos censurados bajo el régimen talibán y que estaban condenados a perderse

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Finales de los años setenta en Afganistán: Kabul está sumida en un sangriento conflicto bélico con la llegada de los tanques soviéticos. El país es un caos. La miseria y la violencia están a la orden del día en la calle. En cada esquina se apostan individuos con pesados artilugios metálicos dispuestos a disparar. Pero, en este caso, no se trata de balas, sino de fotos.

La guerra lo había arrasado casi todo, pero resistían los akasse fawri-zarouri, que literalmente se traduce como "fotógrafo inmediato-urgente'. "Desde los años sesenta, los fotógrafos afganos desarrollaron una cultura muy original a la hora de realizar retratos. Estos eran muy importantes para la población, ya que no contaban con cámaras propias y el momento de hacerse una fotografía para colgar en sus casas o para alguna celebración era una experiencia seria e importante", explica Cyrille Moleux, que junto al fotógrafo François Fleury y al periodista Guillaume Fourmont organizan la exposición Afganistán, que abrirá sus puertas en la Casa Asia de Barcelona el 30 de noviembre. En la misma exposición, también se muestran imágenes del fotógrafo Guillermo Cervera.

Los talibanes rechazaban las representaciones, incluido el rostro

Estos retratos anónimos, expuestos por primera vez a nivel mundial, son un reflejo vívido e íntimo de las convulsiones sociales que ha sufrido Afganistán y al mismo tiempo esconden relatos artísticos que trascienden lo puramente histórico. Desfilan por ellos muyahidines en la época de la invasión soviética en los ochenta, guerrilleros talibanes de los años noventa y ciudadanos sin nombre de cualquier tiempo, vecinos del barrio, amigos del fotógrafo, algún familiar

François Fleury explica el descubrimiento: "Yo estaba haciendo fotos en Afganistán y en una tienda de revelado encontré alguno de estos retratos. La creatividad de los fotógrafos era excepcional y amplié la búsqueda a los negativos. Junto a mis dos compañeros, visitamos decenas de tiendas de fotos en Kabul, Kandahar y Yalalabad. Los negativos y los retratos habían sobrevivido en cajas de cartón durante años". Algunos los rescatan al borde de la muerte, en la basura.

Tan sorprendente como el hallazgo de esta pequeña historia visual de Afganistán era el meticuloso trabajo artesanal al que se sometían los retratos e incluso los negativos. Los fotógrafos y sus colaboradores trataban estos últimos para que los rostros aparecieran con un tono blanquecino, imprimiendo un halo sobrenatural. A continuación, coloreaban las fotos ya reveladas y las decoraban con dibujos. "Lo hacían para salir más guapos. Los pastunes en concreto son muy presumidos y por eso aparecen con flores, objetos religiosos y con paisajes de fondo. Normalmente las colgaban en su casa. Todos los hogares de Afganistán lucen las fotos de la familia", afirma Fleury.

Coloreaban las fotos y las decoraban con dibujos de forma artesanal

Pero otros aparecen con pistolas, fusiles, walkie-talkies, imágenes presumiblemente pertenecientes a la época de la dominación talibán, entre 1996 y 2001, cuando las fotografías estaban prohibidas. El grupo radical islamista rechazaba cualquier tipo de representación, incluida la cara humana. También la música se censuró, así como cualquier tipo de manifestación que no siguiera los dogmas del Corán. Sin embargo, se permitían las fotos oficiales para los documentos de identidad, lo que algunos aprovecharon para hacerse sus tradicionales retratos. "Por eso muchos negativos estaban escondidos. Suponían un peligro, tanto para los retratados como para los dueños de la tienda", subraya François Fleury.

Estos retratos cotidianos, utilitarios, realizados con el único fin de decorar la sala de estar de una casa, adquieren ahora un valor cultural y artístico que dialoga con el pasado del pueblo afgano y vislumbra su futuro. Como las fotografías de Virxilio Viéitez de la Galicia de los cincuenta, expuesta estos días en el MARCO de Vigo, estas imágenes cobran otra dimensión cuando se las descontextualiza del objetivo inicial con el que fueron realizadas y alumbran nuevos significados y emociones inesperadas.

"Importa más el que ve la foto que el que la hace", dice Joan Fontcuberta

Según el fotógrafo Joan Fontcuberta, "este tipo de obras muestra que a la hora de entender el arte contemporáneo cada vez es menos importante quién hace la foto. El verdadero valor está en la persona que le da el sentido. Obras anónimas o álbumes familiares pueden pasar a tener otro sentido y un valor mejor después de la mirada de un prescriptor".

En ese sentido, los fotógrafos afganos en ningún momento se plantearon que estaban haciendo una obra de arte. Era sólo su trabajo, el oficio que les daba de comer. "Y al mismo tiempo son algo único, presentan una nueva estética que nace de una necesidad social y cultural", reconoce Fleury.

"Los retratos sobrevivieron en cajas durante años", dice el comisario

La importancia de estos retratos afganos es proporcional al peligro de desaparición en el que se encuentran, ya que en el país no hay una sola institución o fundación que se ocupe de archivar y preservar lo que François Fleury califica como tesoros: "Están desapareciendo. En primer lugar, porque la gente ya no los hace. En segundo lugar, porque no los entienden como objetos artísticos. No tengo ni idea de su destino cuando cierran las tiendas de fotos, el único lugar donde se pueden encontrar en estos momentos. La mayoría se destruirá".

Gran parte de las obras tuvo otro destino: los archivos del ejército norteamericano. Tras la invasión del país en 2001, los soldados estadounidenses registraron las tiendas de fotos de las principales ciudades afganas en busca de retratos de los talibanes.

La paradoja afgana en la actualidad es dramática. Por un lado, la pobreza que asola al país impide el cuidado de este patrimonio escondido y prácticamente desconocido. Por el otro, en la búsqueda del equilibrio social, el arte es un vehículo muy bien equipado para definir, compartir y afirmar unas raíces culturales que podrían ayudar en la reconstrucción. "Hay museos, pero se ocupan más del arte antiguo de Afganistán, su viejo patrimonio de pinturas y esculturas", comenta Cyrille Moleux.

Los soldados estadounidenses buscaban estas fotos de talibanes

Para Joan Fontcuberta, la preservación de la fotografía de un país es fundamental para comprender el pasado y proyectar su futuro, "que está preñado de memoria. Toda imagen tiene dos perspectivas de análisis: los valores plásticos y los contenidos que retiene. Un daguerrotipo puede ser estudiado como un patrón estético que sigue los registros de la pintura realista, pero al mismo tiempo es un reflejo de un boulevard de París que ofrece información sobre su urbanismo, su gente, su historia. Ambas cosas deben ser preservadas".

Lo que no consiguió la ocupación soviética, ni la guerra civil, ni la prohibición talibán, lo está consiguiendo el sistema digital. Ya casi nadie hace este tipo de fotos y las tiendas de revelado están desapareciendo. "En la exposición se ve la tradición, el arte de posar, la importancia del instante, la dignidad. Ahora la fotografía es mucho más accesible", reconoce Fleury.

En esta colección de 42 fotografías a color se lee el inconsciente colectivo de una población que todavía se permitía imaginar una realidad mucho más rica y colorida que el terremoto bélico que estaba experimentando. Los afganos sufrían las inclemencias de la política, del subdesarrollo, de la ignorancia, pero preferían pensarse con un ramo de flores en la mano, o con un puñado de dólares, o con una radio, o con una flauta, o con un pájaro y un esbozo de bello paisaje detrás, lejos, donde se intuye un horizonte, pintado a mano.

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