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Fractura, ágoras y peliculitas

La España de las dos velocidades. La guerra de los cineastas independientes contra el Ministerio de Cultura marca el año en el que los filmes españoles volvieron a ganarse el favor del público

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Es casi imposible encontrar a dos personas con la misma lista de películas favoritas del año; pero si se trata de elegir la mejor frase cinematográfica de 2009, la unanimidad es absoluta: 'El cine español tiene ágoras y peliculitas'. Lo dijo Ignasi Guardans, director del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), el pasado 6 de octubre en el Festival de Sitges.

Se puede acusar a Guardans de muchas cosas, pero no de ser incapaz de resumir en sólo siete palabras la trifulca que ha traído de cabeza al cine español los últimos 365 días. Guardans verbalizó sin querer los peores temores de los directores independientes que, agrupados en el colectivo Cineastas contra la Orden, cargaron contra la nueva política cinematográfica, al considerar que amplía la brecha entre el cine de gran presupuesto y las producciones modestas. Su protesta ante Bruselas logró paralizar momentáneamente la controvertida Orden que desarrolla la Ley del Cine.

El desarrollo de la Ley del Cine provocó una batalla campal

Debemos fomentar los taquillazos si queremos tener una industria robusta, alegan unos. Si no mimamos el cine de autor, perderemos vigencia cultural, razonan otros. Bruselas decidirá a principios de 2010 si la Orden respeta el concepto de diversidad. Hasta entonces, toca analizar el año en función de la tensión entre cine masivo y minoritario.

El rey de la taquilla en 2009 ha sido, cómo no, Alejandro Amenábar con Ágora, que se presentó en el Festival de Cannes, donde también estuvieron Pedro Almodóvar (Los abrazos rotos) e Isabel Coixet (Mapa de los sonidos de Tokio). El reto de Amenábar no era sencillo: Ágora, con un presupuesto superior a los 55 millones de euros, se anunció como el filme más caro de nuestra historia. Pese a ser la primera obra del director recibida con serios reparos por la crítica, los espectadores no dieron la espalda a su director nacional favorito.

Pese a los palos de la crítica, la nueva de Amenábar volvió a arrasar

Que Amenábar arrastra multitudes no es ninguna novedad. Que una masiva campaña de márketing también lo hace, tampoco. La productora de Ágora, Telecino Cinema, rama cinematográfica del canal de televisión privado, se tomó como algo personal (le iba muchísimo dinero en ello) la promoción del filme, anunciado por tierra, mar y aire. Todo el país se enteró de que Amenábar había rodado una historia sobre Hipatia de Alejandría y el filme se aupó al tercer puesto del ránking de taquillazos del año, tras Up y Ice Age 3. Así sí se puede competir con las grandes producciones de Hollywood. Lo interesante fue que Amenábar no fue el único que recibió un masivo respaldo televisivo.

Las campañas orquestadas por las filiales de cine de Antena 3 y Tele 5, televisiones obligadas por ley a invertir el 5% de sus ingresos en cine europeo, tienen buena parte de la culpa del éxito en taquilla de filmes españoles tan dispares como Celda 211(Daniel Monzón), Planet 51 (Jorge Blanco y Javier Abad), Spanish movie (Javier Ruiz Caldera) o Fuga de cerebros (Fernando González Molina).

Tras un primer semestre con los peores números de su historia, el cine español enlazó varios números 1 en el último trimestre de 2009, hasta rozar a final de año los 100 millones de euros de recaudación, un 19,5% más que en 2008, según datos aportados por la web de referencia www.boxoffice.es.

El cine nacional recaudó un 20% más que el curso anterior

Pero los cimientos sobre los que se sostiene esta mejora no son precisamente estables. Si descontáramos los 21 millones de euros recaudados por Ágora, la cifra final sería similar a los paupérrimos 81,6 millones del curso pasado. Es decir, pese a que el número de títulos que han triunfado en taquilla es mayor y más heterogéneo que otros años, la cuota de pantalla sigue dependiendo en exceso de que Amenábar o Santiago Segura se pongan detrás de la cámara.

Además, resulta cuando menos irónico que sean las televisiones privadas, que producen películas en contra de su voluntad, las que están detrás de la mayoría de los taquillazos. Para colmo, la normativa que las obliga a invertir parte de sus ingresos en cine podría no ser legal, según dictó el Tribunal Supremo el pasado martes, abriendo la posibilidad de que el Constitucional la anule en un futuro.

Mientras, al otro lado de la grieta que divide al cine español, hubo movimientos interesantes. Significativo fue que, en plena refriega entre Cultura y Cineastas contra la Orden, dos de los miembros más destacados de este colectivo, Javier Rebollo e Isaki Lacuesta, triunfaran en el Festival de San Sebastián. Rebollo se llevó el galardón al mejor director por La mujer sin piano, que se estrenará en 2010, y Lacuesta, el Fipresci de la crítica internacional por Los condenados.

Las teles privadas están detrás de los grandes taquillazos domésticos

Según la denuncia de Cineastas contra la Orden, este tipo de filmes, de menos de dos millones de euros de presupuesto, tendrá menos posibilidades que antes de conseguir financiación estatal. 'Alguien que tiene dinero y que ha hecho una película segura y comercial no tiene que pasar por tantos filtros', denunció en Público Javier Rebollo.

Si hay una película que ejemplifica el abismo entre cine masivo e independiente, es Petit indi, de Marc Recha. Según los datos de Cultura, la obra fue vista por 4.720 espectadores en España. Una cifra que contrasta brutalmente con los 8.000 que la vieron de golpe el pasado 11 de agosto en su estreno en el prestigioso Festival de Locarno.

Rebollo y Lacuesta, de Cineastas contra la Orden, triunfaron en San Sebastián

Recha es uno de los rostros habituales de los certámenes que marcan las sendas por las que transita el futuro del cine (incluido el todopoderoso Festival de Cannes, territorio poco frecuentado por los cineastas españoles), pero en España es un perfecto desconocido. Otra de las muchas contradicciones de una industria sesgada. Ágoras y peliculitas. La España de las dos velocidades.