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La fuga de bandas abre una grieta en el 'streaming'

Los bajos beneficios han hecho que cientos de sellos abandonen plataformas como Spotify. Otros, sin embargo, aumentan sus descargas tras promocionarse en 'la nube' 

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Al mismo tiempo que Spotify llegaba a Austria, Suiza y Bélgica, unos 200 sellos británicos de música electrónica anunciaron que abandonaban la plataforma de streaming la pasada semana. Aducían que las escuchas estaban canibalizando sus ventas vía descargas. Aunque la decisión ha sido cuestionada por esconder otros intereses, no es el primer abandono que se produce. Sin embargo, la industria musical no cuestiona esta tercera vía entre el cada vez más obsoleto formato físico y la piratería. Reconocen, eso sí, que hay impaciencia ante los bajos ingresos que ofrecen las escuchas.

La compañía británica ST Holdings anunció que los 200 sellos de música electrónica que representa dejaban de inmediato no sólo Spotify, sino el resto de servicios de streaming como Simy, Rdio o Napster. En un comunicado señaló: 'Esta decisión se basa en el hecho de que los ingresos de tales servicios son insignificantes y están canibalizando los ingresos procedentes de sitios como iTunes'. La medida la tomaron días después de conocerse un estudio que sostenía que las páginas que ofrecían la música en streaming desincentivaban la compra de descargas.

'Las discográficas y los artistas están a la expectativa', dice Mario Rigote

Sin embargo, este martes, la versión del estudio publicada en la web ya no mencionaba aquel dato. También ST Holdings había retirado el comunicado reemplazándolo con una frase esperanzadora: 'Estamos encantados de comunicar que estamos trabajando con algunas empresas de streaming en soluciones que funcionen tanto para los artistas como para los consumidores'. Además, uno de los miembros del grupo que anunció la retirada de Spotify es el director de música para Europa de iTunes, un rival directo.

Desde Spotify lanzaron un comunicado lamentando la decisión de ST Holdings. 'Sentimos mucho que unos cuantos sellos y artistas hayan optado por no poner su música a disposición de sus fans en Spotify, y también, por lo tanto, no recoger los beneficios de llegar a una audiencia en aumento', dicen. Sin embargo, esperan que cambien de opinión 'en la medida que el modelo Spotify está dando, y continuará agregando, un enorme valor a la industria de la música'.

El modelo mixto de Spotify(una vía gratuita sostenida por la publicidad y otra de pago de una cuota mensual) cuenta ya con un catálogo de 15 millones de canciones. En marzo pasado alcanzó el millón de usuarios de pago, cifra que ha debido subir desde que la empresa entrara en julio en el mercado estadounidense y alcanzara un acuerdo con Facebook. Sin embargo, no es la primera vez que algunos artistas o sellos completos abandonan Spotify.

Spotify alcanzó en marzo pasado el millón de usuarios de pago

'Las discográficas y los artistas están a la expectativa. Una vez pasada la fase promocional que ofrece Spotify quieren ver si la ratio de pago por escucha aumenta', explica Mario Rigote, director de La Central Digital, la empresa de la SGAE para el entorno digital. Lo que paga Spotify depende de varios factores pero, en el caso de La Central Digital, reciben una media de 0,0005 euros por escucha. La cifra es aún más baja en otros casos, llegando hasta el 0,0027.

Tienen que ser miles los que oigan una canción para que rinda. La competencia con las descargas también deja en mal lugar al streaming. Según Rigote, hace falta oír 750 veces un tema para obtener lo que ofrecen los sitios de descargas como iTunes. 'Esperamos que, con una mayor expansión territorial y de servicios, los ingresos aumenten de forma considerable', añade.

Marcos Collantes: 'A un grupo mediano no le llega ni para pagarse una cena'

Sin embargo, ninguno de los artistas que representan se ha dado de baja en Spotify.Tampoco los ha habido entre las 150 referencias que llevan en el sello Mushroom Pillow. Pero también reconocen que el grado de satisfacción con la plataforma es ambiguo. 'Los ingresos por escucha son ridículos', explica Marcos Collantes, uno de sus fundadores. 'Entiendo los abandonos, este es un modelo de futuro', añade. 'Pero es una de las únicas alternativas al formato físico', completa.

Y esta alternativa da dinero, aunque aún sea poco. En PIAS, una de las principales distribuidoras de la música independiente en Europa, han comprobado que los que se anuncian en Spotify acaban viendo un aumento en sus descargas. 'De hecho, no hay ningún grupo que no quiera estar en Spotify', cuenta su responsable de prensa, Félix Suárez.

Aunque según datos de la IFPI, Spotify es la segunda fuente digital de ingresos tras iTunes, las cifras no llegan a ser espectaculares. En los tres años desde su lanzamiento, la plataforma ha pagado 115 millones de dólares a los propietarios de los derechos. Otra cosa es lo que llegue finalmente a los autores y artistas. 'No hablo de los grandes, pero a un grupo mediano lo que reciben del streaming no les llega ni para pagarse una cena. Yo, como grupo, me sentiría insultado', lamenta Collantes.

El problema de fondo es que la industria ha recogido el guante que le arrojaron los fans, hartos de la imposición del modelo físico, pero que el usuario no se sube al carro digital. 'Lo bonito es que ahora el consumidor sí puede decidir. Tiene el soporte físico, que ha bajado de precio, los discos en iTunes a ocho euros y el streaming. Si ahora el público no responde, poco más se puede hacer', sostiene Collantes.

Sin embargo, para el profesor Enrique Dans, Spotify no tiene que considerarse 'un fin en sí mismo, un centro de beneficios, sino que puede ser considerado, al igual que lo es la radio, un centro de inversión: no ganas dinero porque tu canción suene mucho en la radio, sino porque gracias a eso, la escucha más gente y eso los hace más susceptibles de adquirir la canción o de acudir a un concierto tuyo. Spotify funciona, en ese sentido, igual que la radio'.

En agosto, la discográfica alemana de metal Century Media anunció que dejaba Spotify, a la que acusaba de reducir las ventas de sus soportes físicos. También se ha ido el sello Sumerian Records, que explicaba el motivo en Twitter: el trato desigual, según ellos, que Spotify da a los independientes frente a las grandes discográficas.

El caso de Coldplay:  l último disco de Coldplay, ‘Mylo Xyloto’, no llegó a Spotify y nadie explicó los motivos. En varios sitios de noticias musicales se asegura que Coldplay considera este trabajo como un todo y no debe ser escuchado por piezas.

Más vale tarde... Hay otros que se lo toman con calma, pero finalmente llegan. Bandas como Arctic Monkeys o Franz Ferdinand estrenaron primero sus discos en CD y, pasado un mes, pusieron el disco en Spotify. De esta forma consiguen las compras de los más fanáticos en el mercado físico y reimpulsan las ventas después en Spotify.

La semana que viene Spotify anunciará algo grande, pero aún no se sabe el qué. Desde la representación en España no han dado detalles, pero el 30 de noviembre y desde Nueva York darán a conocer novedades y “una nueva dirección para la compañía”, se puede leer en la convocatoria de prensa. El evento ha despertado muchas elucubraciones. Las posibilidades son muchas: desde una expansión a los mercados asiáticos hasta cifras de su entrada en EEUU o sobre el acuerdo con Facebook.

Pero ninguna de esas tiene el alcance global que anuncian y bastaría, como suelen hacer, para publicar un post en el blog oficial de la compañía. Más radical es una tercera opción: el anuncio de lanzamiento de un Spotify para cine o televisión o incluso libros. De hecho, al acto que presentará el propio fundador de la compañía, Daniel Ek, se ha invitado a destacadas figuras de la industria cultural estadounidense. Habrá que esperar a la semana que viene.