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El futuro de Stanislaw Lem se sube al escenario

'Planeta Lem' adapta al teatro algunos textos del maestro de la literatura polaca

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Como aquellos humanos torpes y gordísimos de la película de Pixar Wall-E, el futuro planteado por Planeta Lem no nos deja en muy buen lugar. Según cuenta su historia, creada a partir de textos del autor polaco Stanislaw Lem, los terrícolas se han convertido en seres extremadamente vagos, han adquirido unas dimensiones físicas desproporcionadas y, lo que es más importante, han perdido toda su autonomía. Las máquinas, en concreto los robots, se han encargado de cuidarlos hasta hacerse con el poder y someterlos usando alucinógenos: gracias a ellos, los hombres gozan de una sensación de bienestar sin ser conscientes de que han perdido toda capacidad para decidir por ellos mismos.

En medio de este escenario de falso placer llega un héroe, un hombre de nuestro tiempo, que será en encargado de explicarles la verdad a los sometidos terrícolas y conseguir que estos se rebelen contra el poder de las máquinas. El problema es que, una vez conocida la 'realidad', igual no es tan buena como imaginaban.

Los encargados de poner en pie semejante tarea cósmica son los componentes de la compañía Teatr Biuro Podrózy, una de las más veteranas del teatro alternativo en Polonia, con 23 años sobre los escenarios, con motivo de la presidencia europea de Polonia. Ellos eligieron a Lem como autor para mostrar su país al resto del mundo, pero también cómo podría ser el futuro de este mismo mundo. Eso es Planeta Lem, un espectáculo en la tradición de la ciencia ficción retro, que sólo podrá verse en 10 ciudades, una de las cuales es Madrid; hoy y mañana sábado en el Matadero.

'Realmente es un cuento filosófico sobre el precio de la libertad y lo costoso que puede ser pagar ese precio', dice a Público Pawel Szkotak, director de la compañía, que considera a Lem como un Shakespeare moderno: 'En él podemos encontrar esa conjunción de algo muy popular, muy fácil de entender, con algo más profundo, de mayor calado filosófico. Y eso es sublime'.

Precisamente los orígenes de su compañía tienen mucho que ver con Lem, un autor que 'tuvo que disfrazarse de escritor de ciencia ficción para evitar la censura y hablar del hombre y su naturaleza'. La compañía Biuro Podrózy (en castellano: Agencia de Viajes) también nació en una época en que el teatro era víctima de la censura en Polonia, con lo que tuvieron que crear sus mecanismos para saltársela. 'Nos enseñó a comunicar fuera del texto, a través de la escenografía, de los movimientos de los actores o del atrezo'.

Planeta Lem se beneficia de todo lo anterior: conscientes de que esta era una obra para girar por diferentes países del mundo, la compañía ha reducido la presencia de los textos (aunque pocos, están doblados al castellano) y las palabras han sido sustituidas por la acción y el movimiento de los actores, por la escenografía y por la música. El resultado quiere estar abierto a todos los públicos, 'al que está educado en teatro y al que tiene con esta obra su primer contacto teatral. Para adultos y para un público infantil'.

A los herederos de Lem les ha gustado tanto el resultado que Szkotak habla de Planeta Lem como 'una obra apócrifa' del polaco. En su opinión, Lem fue un lúcido futurólogo: 'Dejó entrever que el confort y el bienestar nos pueden volver dependientes y quitar autonomía si no los utilizamos adecuadamente'. ¿Alguna lectura política? 'El futuro siempre es un reflejo de los miedos del presente, o es consecuencia de procesos que se desarrollan hoy. Aquí también pasa: en esta obra, la intervención del protagonista que induce a los seres humanos del futuro a la rebelión se hace de una manera irreflexiva. Irak, Afganistán... la lista es larga. Hoy hay muchos políticos que no se hacen la pregunta sobre el día después, qué pasa con ese mundo concreto que quieren salvar y qué pasa con toda esa gente a la que dejan sin nada', reconoce Szkotak.

En Planeta Lem, los terrícolas deciden volver al antiguo régimen, es decir, prefieren ser dominados por máquinas, volver a estar anestesiados a base de psicofármacos, que una realidad que es fea y huele peor. El héroe, ese hombre de nuestro tiempo que quiso salvarlos, los deja porque no tiene nada mejor que ofrecerles. No se les culpa por ello. 'Lem se ocupó toda su vida de tratar los cambios de la naturaleza humana. Puede que un futuro, dentro de 100 o 200 años, esa naturaleza haya transmutado tanto que sea irreconocible, que no tenga nada que ver con lo que es hoy'.