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"Gordon Brown es más de Coldplay que de Arctic Monkeys"

Arctic Monkeys. La banda británica es uno de los atractivos del FIB. Su líder, Alex Turner, da las claves de su evolución musical y confiesa su urgencia por innovar

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Los Arctic Monkeys han pasado la semana en Madrid, 'comiendo jamón ibérico en la Cava Baja', decía ayer Alex Turner en la zona VIP del Festival de Benicàssim, unas horas antes de salir al escenario. Vestido con una camiseta negra sin mangas y detrás de unas voluminosas gafas de sol, el líder de Arctic Monkeys dio las claves a Público de por qué su grupo se ha convertido, casi inesperadamente, en una de las bandas más interesantes de la escena británica.

Lo que comenzó como una aventura adolescente al calor de las redes sociales se ha transformado en una sobresaliente carrera de cuatro discos muy diferentes entre sí y que, además, van a más. Llegaron ayer a Benicàssim para presentar Suck it and see, disco publicado hace poco más de un mes en el que vuelven a dar una vuelta de tuerca a su sonido, ahora hacia territorios más melódicos. Turner, de 25 años, saluda con un gesto de colegueo, como haría cualquier joven de Sheffield de su misma edad.

Casi todas las bandas repiten el mismo disco una y otra vez. Con Arctic Monkeys, especialmente en los dos últimos álbumes, sucede lo contrario. ¿Por qué?

También entre los dos primeros había una intención de cambiar y explorar nuevas avenidas. Con cada disco intentamos buscar algo nuevo. Eso hace que la música se mantenga sana. Creo que ahora hemos encontrado un sonido propio, pero todavía hay espacio para seguir explorando.

'No me siento preparado para escribir de política'

Las canciones de ‘Suck it and see', el disco que acaban de publicar, son más luminosas y melódicas que las del anterior, ‘Humbug'. ¿Cómo se produce ese cambio?

Me gusta la descripción de luminoso. Creo que cada canción te lleva a otra. La última que escribimos en el disco anterior fue Cornerstone, una balada contagiosa tocada en un acorde mayor, un poco más ligera que el resto del disco, y eso nos llevó a los temas de este álbum. Se trata de hacer cosas que no hayamos hecho antes.

¿Hay algún método?

Para este disco las canciones se escribieron de forma más tradicional: en casa, con una guitarra acústica, y luego la banda las completaba, aplicando a cada canción lo que necesitara. Antes era distinto: partíamos de un riff o un ritmo.

Las canciones tienen cierto aroma ‘vintage', recordando el pop de los sesenta e incluso las baladas de rhythm and blues de los cincuenta. ¿Escucha esa música?

Sí, me encanta la música de esas dos décadas. Muchas de las canciones de Suck it and see, en su esencia, podrían ser de esa época, pero luego la construcción por parte de la banda intenta hacerlas más actuales.

'Buscamos
hacer cosas
que no hayamos hecho antes'

‘Humbug' era un disco menos accesible que los anteriores. ¿Les preocupaba la reacción de su público?

La verdad es que no. En ese momento, era exactamente lo que necesitábamos hacer. Apartarnos de los otros discos y crecer musicalmente. Fue un experimento: trabajamos con gente nueva, en un sitio distinto... Aprendimos muchas cosas y todo ese trabajo se aprecia también en Suck it and see, que no existiría sin la experiencia de Humbug. Si no hubiéramos hecho eso, no soy capaz de imaginar hacia dónde hubiéramos tirado. Tenemos urgencia por innovar.

Su éxito fue brutal cuando apenas contaban con 20 años. ¿Ha sido difícil asimilarlo?

No. Somos amigos de toda la vida, incluso desde antes de tener un grupo de música. Creo que eso nos ha hecho mantenernos alejados de situaciones que no tienen ningún sentido.

¿Le molestó que Gordon Brown se confesara fan del grupo?

Creo que finalmente se retractó y dijo que era más de Coldplay (risas) que de Arctic Monkeys. Le pega más. No creo que a Gordon Brown le gustara mucho Humbug.

Empezó escribiendo sobre la vida cotidiana de un adolescente para luego pasar a describir sentimientos más personales. ¿Se ve escribiendo, por ejemplo, de política?

Es difícil. No me siento preparado, realmente. En nuestro primer disco reflejaba lo que veía a mi alrededor, a un nivel muy básico. Pero si tuviera que contar lo que está ocurriendo en un momento determinado, a nivel social, no sé qué podría contar.

'La industria del disco puede desaparecer, pero los conciertos no lo harán'

Europa está al borde del desastre, pero aquí hay 50.000 personas que se han gastado 165 euros en la entrada del festival. ¿El negocio de los conciertos no está en crisis?

No parece. Siempre nos preguntan por la crisis de la venta de música, con la llegada de las nuevas tecnologías. Nosotros nos centramos en lo que sabemos hacer: escribir canciones y dar buenos conciertos, cumplir con la buena gente que has mencionado y que paga por vernos. Son cosas totalmente separadas. La industria del disco puede desaparecer, pero los conciertos no lo harán. Son muy divertidos.

¿Cree que si no tuviera un grupo vendría a Benicàssim de público?

Probablemente, pero no iría al camping (risas). Es un festival estupendo, el público es genial y el tiempo es fantástico. Además, vienen muchos ingleses, ¿no?