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"Las grandes empresas han adoptado el modelo de la Yakuza"

 Entrevista con Takeshi Kitano. Director de cine. el japonés analiza las calves de "Outrage", su esperado regreso al cine de mafiosos que se estrena en el Festival de 4+1

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El hijo pródigo regresa a casa. Takeshi Kitano (Tokio, 1947) vuelve a retratar en Outrage el mundo de la Yakuza. Tras realizar una serie de extrañas películas autobiográficas (Takeshis', Glory to the Filmmaker!), el director, actor y antiguo presentador del indescriptible concurso Humor amarillo se sumerge una vez más en el mundo de la mafia japonesa, que ya retrató en clásicos del cine contemporáneo como Boiling Point (1990) y Brother (2000). Outrage analiza los mecanismos que activan las luchas de poder entre facciones rivales de una misma rama del crimen organizado. Kitano interpreta a Otomo, el capo de un clan de matones a las órdenes de un bizarro jefe de la mafia. El director radiografía la escalada criminal combinando sobriedad en la puesta en escena y descargas de humor negro en el límite de lo delirante. La escena en que el sicario interpretado por Kitano fulmina a un rival durante una visita al dentista, torno eléctrico mediante, provocó gritos histéricos en Cannes. El filme se estrena hoy en el Festival 4+1, que se celebra hasta el domingo en Madrid, Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México y Río.

En Outrage' vuelve a retratar la violencia sin contenciones...

'Las finanzas han sustituido al lado humano en las corporaciones'

Outrage es una de esas películas que sólo puedes amar u odiar. El cine sólo es un tipo de entretenimiento. Y hay muchas maneras de hacer un filme entretenido; entre otras, recurrir a la violencia. No me preocupan las acusaciones sobre el uso de la violencia en el cine. Me preguntan mucho sobre el efecto de las imágenes agresivas sobre el espectador, pero ¿qué ocurre si le damos la vuelta a la cuestión? Durante su más de un siglo de existencia, el cine ha fabricado películas de amor, humanistas, socialmente responsables y políticamente correctas. ¿Qué impacto han tenido sobre el hombre? ¿Han conseguido crear un mundo mejor? Vamos, vamos, que alguien responda [risas].

En 2010 expuso su obra plástica en París en una exposición para el disfrute infantil. ¿Disfruta Kitano como un niño creando cintas donde prima la brutalidad?

Hay algo que siempre tengo en cuenta cuando filmo una escena violenta: quiero que parezca algo doloroso. Porque la violencia es dolorosa y horrible. Lo último que quiero es que un asesinato se convierta en algo rutinario y sin importancia, como ocurre en algunos videojuegos, porque sería enviar el mensaje equivocado. Intento que las muertes sean tan horribles y dolorosas como sea posible. Lo que no quita que puedan ser también divertidas: a veces son tan exageradamente atroces que tienden a ser divertidas o al menos la gente se ríe viéndolas. Mi enfoque en este filme ha sido hacer un documental biológico sobre la vida de unas criaturas que devoran a otras para poder subsistir. Es un mundo cruel, pero es la naturaleza. Los personajes de Outrage se parecen a estos animales.

'Cuando filmo una escena violenta, quiero que parezca algo doloroso'

¿Quería usted retratar cómo han evolucionado los métodos de la Yakuza?

¿Le suena la expresión sincronización cultural? Imagínese un fenómeno que sucede en una esfera concreta de la sociedad. Y otro que ocurre en otra diferente. Los dos actúan de forma autónoma y sin conocer la existencia del otro. Pero acaban confluyendo... Outrage trata sobre la cultura de la Yakuza, retrata su violencia, pero hay muchos paralelismos con lo que está ocurriendo en las grandes corporaciones del país. Antiguamente las empresas sabían que tenían que cuidar a sus trabajadores por el bien del negocio. Pero ahora, en nombre de la economía globalizada, las empresas se preocupan cada vez menos por sus empleados. Las finanzas han sustituido al lado humano. No sé que viene antes y qué viene después, pero sí que la sociedad en su conjunto es cada vez más inhumana y que las grandes empresas parecen haber adoptado el modelo de la Yakuza. La mafia es inmensamente influyente en Japón. Incluso a un nivel estético: hasta los políticos parecen yakuzas ahora. Hablando más en serio: cada vez que el Gobierno y el Congreso aprueban construir una nueva infraestructura, una presa o un tren bala, siempre hay alguien que se lleva un trozo de la tarta comprando tierra en los alrededores de la obra. Son supereficientes.

Outrage' es una extraña comedia criminal. ¿Cómo cruza usted ambos géneros sin caer en la parodia?

'El proceso de convertirme en un hombre viejo ha sido doloroso'

Mientras escribía y rodaba, no tenía intención alguna de hacer una comedia. Quería que la violencia fuese dolorosa e intensa. Pero durante el montaje mi di cuenta de que algunas de las cosas que ocurrían eran tan absurdas y ridículas que no podías evitar reírte viéndolas. Probablemente porque cuando estás en una situación extrema o cuando te ponen al filo del abismo sólo puedas hacer una cosa: reír. En eventos sociales como los funerales o las bodas, uno suele estar tan nervioso que cuando algo va mal no puede evitar reírse de un modo histérico. Cuando más serio es, algo más cómico resulta cuando salta por los aires. Probablemente uno hiperventila y esto le permite liberar la tensión y ser capaz de reír cuando ve algo espantoso. Por otro lado, un filme como Outrage necesita momentos cómicos que permitan liberar la tensión. De otro modo sería sólo una sucesión de torturas y asesinatos.

¿Dónde encuentra la inspiración para inventar nuevas maneras de asesinar en el cine?

Una de las cosas más interesantes de la escritura de Outrage es que primero pensé en cómo morirían asesinadas las personas, y luego la trama narrativa que haría que estos crímenes estuvieran conectados y tuvieran sentido. El asesinato en la sala del dentista, por ejemplo, está inspirado en mis visitas al dentista. No me refiero a que cada vez que vaya al dentista ocurra exactamente esto, sino que una vez fui a ver a mi doctor, un tipo bien simpático, por cierto, y me dejó solo en la sala con la boca abierta y los ojos tapados mientras él atendía una llamada en otra habitación. Entonces entró un desconocido en la habitación y mi mente empezó a descontrolarse como en una pesadilla. ¿Y si? ¿Y si no es la enfermera sino alguien que va a introducirme un torno eléctrico en la boca para asesinarme...?

¿Qué le llevó a dejar el cine autorreferencial y volver a retratar mafiosos una década después?

Takeshis' y Glory to the Filmaker iban básicamente sobre mí mismo. ¿En qué demonios estaba pensando cuando hice estas películas tan bizarras y extrañas? Digamos que estaba en una fase de transición como persona, pasando de la mediana edad a la senectud, de ser un hombre maduro a convertirme en un viejo. Quería escrutar este proceso doloroso. Reflexionar sobre ese cambio. Pero cuando rodé la última parte de esta trilogía personal [Aquiles y la tortuga, 2008], empecé a sentirme cómodo con mi conversión en hombre mayor. Estaba preparado otra vez para volver al show de la Yakuza.