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El Guadiana abre los ojos

Las aves acuáticas vuelven a bañarse tras unos años de sequía

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Sólo se necesita silencio y lluvia. Como mucho, unos prismáticos para presenciar un espejismo que no se esfuma al alcanzarlo: el de la explosión de vida en el humedal de Las Tablas de Daimiel, que después de las abundantes precipitaciones de este año han resurgido en el paisaje manchego como un oasis verde en medio del campo dorado. Allí sólo se oye el ruido orquestado por cientos de aves acuáticas que vuelven a bañarse en sus aguas tras unos años de trágica sequía. Las pasarelas y miradores que penetran en el interior del parque a lo largo de las 1.700 hectáreas de terreno encharcado permiten a los turistas la contemplación de un curioso estado natural, el de la quietud entre el constante revolotear y chapotear de un sinfín de aves incansables. Los plumajes de patos cuchara, somormujos, garzas, fochas y cigüeñelas llenan de colores este Parque Nacional, declarado Reserva de la Biosfera, que esconde otras especies extrañas, como el morito, la escasa cerceta pardilla o la fugaz águila pescadora.

Existen tres recorridos, cortos y sencillos, señalizados con balizas rojas, azules y amarillas que recorren la Isla del Pan, la Laguna Permanente y la Torre de Prado Ancha. Se pueden realizar de manera individual o contratando una visita guiada. También existe la posibilidad de solicitar una excursión en 4x4, que abarca unos 12 kilómetros de parque y se adentra en zonas imposibles de recorrer a pie. La opción más intensa , es organizar la visita a la hora del amanecer.

Con las primeras ráfagas de luz del día la naturaleza parece que se acaba de inventar. Y quizá es el momento en el que mejor se aprecia la fragilidad del entorno, último representante del ecosistema denominado tablas fluviales, que se forma por el desbordamiento natural de los ríos Guadiana y Gigüela. No había vivido un momento de plenitud como este desde 2006.

Con las primeras ráfagas de luz, la naturaleza parece que se acaba de inventar

Pero la historia de su amenaza se remonta a los setenta, cuando el desarrollismo impulsó la transformación de los cultivos de secano en regadío, recibiendo agua de los ríos. Hoy, los planes de regeneración del parque y el sistema hídrico mantiene enfrentados a ecologistas, políticos y agricultores, que no encuentran solución que respete la economía y la naturaleza de la zona.

Mientras, los científicos han comenzado a estudiar las bacterias, dictaminando que se trata de un paraíso de la diversidad. El reto es mantener el humedal no sólo para el deleite y la investigación, sino para la conservación y recuperación de una valiosa vegetación de plantas acuáticas.