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"El Gulag fue el mayor abuso perpetrado"

Escritor. El autor británico presenta La casa de los encuentros, la historia de dos hermanos en un campo de concentración siberiano. 

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Martin Amis (Oxford, 1949) tiene un hablar reposado y reflexivo. Mira a los ojos pese a que sospecho que tiene cierto rechazo a los periodistas. Arriesgado en sus opiniones, mezcla ironía y sarcasmo a partes iguales. A los 24 años publicó su primera novela, El libro de Rachel, y fue galardonado con el premio Somerset Maugham.

Las siguientes han sido un éxito, sin llegar a ser un escritor de esos que llaman 'de mayorías'. La casa de los encuentros (Anagrama) es su última novela publicada en España, y narra un tema que ya le rondaba cuando escribió Koba el terrible: la Rusia estalinista.

¿Cuál fue el germen de la novela?
Es una respuesta a una presión interior, que empezó a producirse después de haber acumulado a lo largo del tiempo mucha información sobre Stalin y su época. En el proceso he disfrutado al releer a Vasily Grossman, el Tolstoi de la URSS. Necesitaba una novela para contar esta historia tan dramática. El proceso mediante el cual un escritor desarrolla una novela a partir de ahí es muy misterioso, pero siempre hay un detonante, que en este caso es la frase con la que empiezo: 'Mi hermano pequeño vino al campo en 1948 (cuando yo ya estaba allí), en el apogeo de la guerra entre las bestias y las putas...'.


Retrata una Rusia muy dura. ¿Hoy sigue así?
Retrato una Rusia en la que el Estado siempre se antepone al pueblo, con una institución como la del Gulag, que supone el mayor abuso perpetrado por un estado en contra de la humanidad. Estos estados totalitarios infantilizan a la gente, porque toman un papel paternalista. Es paradójico que exista tanta información y un ambiente casi sagrado sobre lo que fue el Holocausto. En el caso del Gulag no existe esa sacralización del corpus de su conocimiento, pero a consecuencia de estos campos murieron más de 30.000.000 personas. Rusia sigue así hoy en día. No tengo ganas de visitarla. Putin no acepta críticas.


Se le ha criticado en su país, pero no por su faceta de escritor sino por sus opiniones personales.
Nunca me he callado lo que pienso y nunca he estado en Rusia. No quiero acabar como Alexander Litvinenko, la primera víctima conocida contaminada por polonio 210. Allí no se admite que un escritor opine de política. Los historiadores han acotado esa parcela como perros sabuesos.
Políticamente le han tachado de conservador, pero apoya a Obama.
Es importante no identificarse con un único posicionamiento político. Cada uno debe encontrar su propio centro. Afiliarse a cualquier ideología es un error. Cuando uno lo hace, se afilia a un espejismo y a un engaño. Incluyo a las religiones, la expresión más fosilizada de todas las ideologías. Y sí, apoyo a Obama, aunque Clinton no sería mala opción. Pero estaría bien ver a un presidente de EEUU negro.


Conoció a Tony Blair en la Zona Verde. ¿Qué le pareció?
¡Es un político! Tiene mucha empatía, te mira a los ojos como si sólo le interesaras tú. Es muy agradable, pero... ¡no sé si es una artimaña política!


¿Se considera ateo?
No puedo decir tajantemente que sea ateo. Más bien soy un agnóstico con poca esperanza. Me cuesta creer en un Dios al que le importa tan poco todo lo que pasa por el mundo. Aunque es difícil pensar en un Dios que sólo cuida de un planeta. Un excelente comentario de John Updyke es que no existe evidencia alguna de Dios, salvo en el enorme anhelo de la humanidad porque exista. No veo que esto vaya a desaparecer. Es más, con el cambio de milenio ha resurgido una gran pasión por las religiones. La forma de religión que se da hoy en día es más personal. Los nuevos cristianos buscan una relación de uno a uno con Dios.


¿Está ya con otra novela?
No puedo vivir sin escribir. Es una especie de adicción que tengo desde hace 35 años, una respuesta a una pulsión interior. Mi último libro es un compendio de dos narraciones breves y doce ensayos sobre el 11-S, un acontecimiento tremendo que aún no logro entender. Ahora escribo una nueva novela, La viuda embarazada, en la que habrá más sexo que en otros libros míos, porque refleja lo que yo he vivido a raíz de la revolución sexual, de los años sesenta.