Publicado: 20.10.2016 20:58 |Actualizado: 21.10.2016 07:45

“Antes se hacía mucho mejor cine en España del que se hace ahora”

Isa Campo e Isaki Lacuesta dirigen mano a mano ‘La próxima piel’, una especie de ‘triller íntimo’ que plantea cuestiones sobre la identidad y al mismo tiempo denuncia las consecuencias del maltrato, la violencia que engendra y sus consecuencias. Fue la película más premiada en Málaga

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Imágen de "La Próxima Piel"

Imágen de "La Próxima Piel"

MADRID.- Isa Campo e Isaki Lacuesta, compañeros de guion de varias películas, comparten ahora por primera vez también la dirección. El resultado es ‘La próxima piel’, la película más premiada del Festival de Málaga Cine Español, con seis galardones: Premio Especial del Jurado, Mejor Dirección (Isa Campos e Isaki Lacuesta), Mejor Actriz (Emma Suárez), Mejor Montaje, Premio del Jurado Joven y Premio de la Crítica.

Cine de autor, con un sugerente trabajo de sonido, es una especie de ‘thriller íntimo’, donde sus autores juegan con el tema de la identidad para ‘merodear’ por los territorios del maltrato –de género y a los animales-, la violencia, los afectos y la familia.



Con una interpretación impecable del joven actor Àlex Monner, la película cuenta la historia de una madre que recupera a su hijo desparecido ocho años atrás. Muy pronto surge la duda de si realmente es él y con ella, la sospecha. El propio chico se pregunta si no será involuntariamente un impostor. Emma Suárez, Sergi Sánchez, Bruno Todeschini e Igor Szpakowski acompañan en el reparto a Monner. Con una narrativa más convencional que otros títulos anteriores, ‘La próxima piel’ no significa, sin embargo, el adiós a la experimentación de Isaki Lacuesta e Isa Campos. La de ahora es una investigación que discurre por caminos diferentes.

Esta película se aparta un poco de las anteriores, la narrativa es más convencional, ¿han hecho la película que querían?

Sí, hemos hecho lo que queríamos, el cine que nos gusta. Es muy difícil hacer eso aquí. Antes se hacía mucho mejor cine en España del que se hace ahora. ‘Maravillas’, de Gutiérrez Aragón, o ‘Cría cuervos’, de Carlos Saura. Ya no se hacen películas como esas y creo que no se podrían hacer hoy. El cine de los setenta se ha dejado un poco aparcado y es incomprensible. El aspecto estilístico se ha hecho mucho más estrecho.

Imagen de "La Próxima Piel"

Imagen de "La Próxima Piel"

La identidad es el tema que primero se advierte en ‘La próxima piel’, pero hablan de muchas más cosas en ella. ¿Todas estaban desde el principio?


No trabajamos tanto desde los temas. Para la película partimos de la premisa de la falta de afectos de los personajes, todos tienen una necesidad de afecto muy bestia. Y, después, está la posibilidad de reconstruirse. Y todo ello sucede en un pequeño pueblo lastrado por el pasado.

Pero está la relación madre-hijo…

Sí, en una relación que va más allá de los vínculos de sangre.

Y el maltrato y la violencia que engendra…

Isaki Lacuesta: Sí, está ahí también, pasa alrededor constantemente. También el maltrato animal, está ahí, es una cosa que no se quiere ver, todo nos comemos el bistec sin querer pensar de dónde ha salido. La idea es invitar al espectador a ver todo desde otro punto de vista.
Isa Campo: Yo creo que en el tema del maltrato animal hay una evolución empática en España. Hemos evolucionado desde que se hacían los experimentos de la electricidad con elefantes y se mostraban cómo morían delante de todos. Aunque, la brutalidad esa de los hombres, cazadores, por el bosque, está muy presente aún en los pueblos de montaña.

¿Con cualquier maltrato ocurre igual? ¿se crea una especie de cadena?

Isaki Lacuesta: Hay quien al verlo o vivirlo lo asume como una normalidad y lo repite. Cuando yo iba al colegio, había maltrato allí y no escandalizaba a nadie.
Isa Campos: Es como los políticos y la corrupción.
Isaki Lacuesta: Yo no estoy seguro de que esa corrupción de los políticos no sea un correlato de lo que hace la sociedad.
Isa Campos: No, la sociedad es mejor.

El juego de la identidad lo utilizan para potenciar el suspense, pero se arriesgan mucho ¿calcularon bien ese peligro?

Sí. Discutimos muchísimo, hablamos mucho con los actores antes y durante el rodaje, también queríamos cierto juego con los actores, nos interesaba ver cuándo mentían, cuándo se autoengañaban…

El protagonista tiene amnesia, pero los otros personajes tampoco recuerdan del todo, ¿dónde querían ir con ese juego con la memoria?

Hemos jugado con el recurso de la memoria porque los personajes también echan mano de eso. Algunos intentan borrar todo lo que está mal hecho y corregirlo. Ahí está, además, un tema que nos interesaba muchísimo que es la impostura como un ensanchamiento de la personalidad. Por otro lado, muchos de los chavales que han sufrido maltrato tienen ese tipo de amnesia, como la que padece el personaje.

En ‘La próxima piel’ hay dos generaciones muy diferentes, la antigua, con el lastre del pasado, y la nueva, más desprejuiciada, ¿querían hacer ese retrato de los españoles de hoy?

De alguna forma, sí. Con la película nos hemos ido un poco hacia la tragedia griega, vestida de thriller. Es una tragedia en la que aparece el pasado y desmonta todo lo que el personaje había creído antes. Sí, se advierte el lastre del pasado que se vive en ese pueblo.

Con cualquier película de género que trasciende, todo se puede leer como metáfora. ¿Podría verse ‘La próxima piel’ como metáfora de una confusión de identidad en España hoy?

Me da miedo que sean metáforas inconcretas para el público. Pero sí, podría ser una metáfora de España hoy, aunque para mí es más metáfora de Cataluña. Ese pueblo de montaña y en la frontera es un sitio más cerrado, donde al que viene de fuera se le mira como a un sospechoso. Eso pasa en los pueblos de frontera y en Cataluña. Al mismo tiempo, también se muestra en la película a los personajes acostumbrados a tratar con tres idiomas, como ocurre en la vida real.

Eso se ha visto alguna vez en el cine, no muchas, ¿por qué creen que no se ve tanto esa realidad?

El cine refleja mucho menos de los que sucede en la realidad y en lo que tiene que ver con Cataluña, con la forma en que se vive allí, con esa convivencia de idiomas, muchas veces es por temas de distribución mal entendidos.

Esta película tiene una narrativa más convencional que las otras suyas, aunque experimentan bastante con la música y con el sonido…

El trabajo de sonido es para intentar meter al espectador con más facilidad en la cabeza del personaje, es una forma de que se vea más lo que le pasa. Hay, por ejemplo, un vacío sonoro cuando van con las motos que podría ser un flash-back como los que hacían antes los americanos… También hemos mezclado la parte realista con otra más ecológica…