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"Hay que aceptar que los errores forman parte de la vida"

Victoria Camps es filósofa. Quería vender libros para estar cerca de ellos. Además de leerlos y acumularlos, ahora escribe los suyos propios

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Si analizáramos qué hay tras toda la parafernalia que ha rodeado el Mundial de fútbol y por qué 11 jovenzuelos, todos ellos varones millonarios, han hipnotizado a medio planeta al perseguir un balón, quizá no sería tan divertido. '¿Por qué no?', pregunta la filósofa, con repentino interés. Por un momento, Victoria Camps (Barcelona, 1941) ha cambiado su tono de voz, tímido y pausado. Parece que va a confesar algún vicio secreto cuando se lanza a comentar el juego sucio de la selección holandesa, pero al instante reaparece su personalidad: 'Más que con normas, la ética se transmite mediante el ejemplo. Por eso, es tan positivo que un equipo se haya esforzado, que haya mostrado compañerismo y generosidad en un entorno tan competitivo. La pena es que sólo pase con un equipo de fútbol'.

Camps avisó desde el principio que no habría sorpresas. Al preguntarle por su primera vocación, dijo que de niña quería tener una tienda llena de libros porque le apasiona verse rodeada de ellos desde que aprendió a leer a los 4 años. Su madre, una enfermera que jamás llegó a ejercer, descubrió que sabía hacerlo al oírle deletrear los titulares de un periódico. Desde entonces, intentó regalarle un libro en cada fecha señalada.

Poco más explica sobre su infancia. Se limita a hablar con un deje amargo del autoritarismo que invadía todos los ámbitos de la vida hasta hacerla asfixiante y llena de absurdos. 'También eran tiempos de austeridad y eso educa', afirma Camps, que tras la muerte de su padre, un empresario dedicado al transporte, se puso a trabajar para pagarse la carrera. Desde entonces, nunca ha parado. Ni de trabajar, ni de estudiar.

Los libros que acumulan Camps y su marido han invadido hasta el garaje. En el salón principal de su casa, en la que han criado tres hijos, hay varios sofás. Están encarados unos a otros, para facilitar la conversación. De fondo, se oye el trinar de los pájaros en el jardín. La armonía es absoluta. ¿Dónde queda el espacio para la locura? Camps ríe. 'La palabra loca y yo... No me desmeleno demasiado'. Pero sus tiempos en la Universidad de Barcelona fueron movidos. 'Fui rebelde, lo he sido siempre, aunque pausada. Por ejemplo, soy feminista, pero no de las de bandera', dice la autora de El siglo de las mujeres.

Asegura que, de algún modo, también fue osada al escoger sus estudios. 'La Filosofía analítica era revolucionaria en aquel momento, aunque ideológicamente no era peligrosa'. Nada que ver con el marxismo que conoció en seminarios clandestinos o el existencialismo, que 'pocos profesores explicaban, porque estaba mal visto'.

En los años sesenta, la facultad de Filosofía y Letras estaba llena de mujeres, pero también de curas que imponían una visión escolástica. Finalmente, Camps se pasó a la Ética, que tiene 'una aplicación más práctica'. Ese interés le llevó a ser senadora por el PSC-PSOE entre 1993 y 1996, unos años muy duros en el terreno político, recuerda.

Pues volvamos al fútbol. Eduardo Galeano describía en un artículo reciente la resistencia de los árbitros a usar la tecnología para pitar faltas. La justificación es que el error forma parte del juego. Camps va más allá: 'Hay que aceptar que también es parte de la vida, aunque en esta sociedad cuesta admitirlo', lamenta quien elige como favorita la canción en la que Edith Piaf decía no arrepentirse de nada.

'Los políticos no siempre tienen que dimitir cuando cometen errores, pero deberían admitirlos. Eso les acercaría a los ciudadanos. Hoy la ética ha quedado absorbida por el derecho. Todo se limita a la responsabilidad jurídica y se olvida la personal. Pero tampoco se trata sólo de buscar un culpable. Además, a veces, como en los casos de corrupción, como mínimo, hay dos'. Lo esencial, añade, es resarcir a las víctimas y evitar que la responsabilidad se diluya.

Camps es tan responsable que se esfuerza en buscar 'locuras' para ilustrar la entrevista y dice que, por ejemplo, disfruta con novelas 'como las de Paul Auster'. ¿Por la magia de las casualidades? 'Sobre todo por cómo las estructura'. Imposible imaginar que el privilegiado cerebro de esta mujer descanse alguna vez.

01 un libro

‘Guerra y paz’ León Tolstói

02 una canción

‘Je ne regrette rien’ Edith Piaf

03 una película

‘Ma nuit chez Maud’ Eric Rohmer

04 una escapada

El valle de Bohí

05 una prenda

Un traje de chaqueta

06 un plato

Cualquier sopa

07 un icono sexual

Clint Eastwood