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"Hay trescientas fosas comunes en Irak"

El director Mohamed Al Daradji analiza como su película Son of Babylon ha logrado que se empiece a hablar de los desaparecidos en Irak

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Fin de la guerra de Irak. Ahmed, un niño kurdo de 12 años, atraviesa las carreteras del norte del país con su abuela. Buscan al padre de Ahmed, desaparecido en el campo de batalla. Así se abre Son of Babylon, del director Mohamed Al Daradji (Bagdad, 1978), que se estrenó el viernes tras ganar el premio a la mejor película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. El cineasta analiza cómo su cinta ha logrado que se empiece a hablar de los desaparecidos y las fosas comunes de las guerras de Irak.

¿Cómo ha sido recibido el filme en su país?

Hemos hecho proyecciones en salas móviles porque no hay cines en Irak. La proyectamos en ciudades, pueblos y universidades. Un miembro del parlamento iraquí asistió a un pase en la Zona Verde de Bagdad. Para él fue un shock ver un filme donde se hablaba de las fosas comunes de la guerra. Hace unos días conseguimos que los parlamentarios vieran la cinta. Es la primera película que se proyecta en el Parlamento de Irak en toda su historia.

¿Han tomado nota?

Hasta hoy se había ignorado el tema de los desaparecidos. Cuando se descubría un cadáver se le prendía fuego si más. No había modo de identificar el cuerpo. Por tanto, tampoco se avisaba a los familiares.Ahora una comisión especial impulsada por cuatro ministerios va a investigar el asunto. Son of Babylon ha sido un éxito en ese sentido. Hay que hacer identificaciones de ADN de los cuerpos. Y compensar a las familias.

¿Hasta dónde llega el componente biográfico del filme?

Un día de 2003, mientras caminaba por las calles de Bagdad, oí hablar por primera vez de la existencia de fosas comunes masivas en Babilonia. Me acordé de mi tía. Perdió a su hijo en la guerra entre Irak e Irán y nunca encontró su cuerpo. Siempre estaba llorando. En 2003 yo tenía la edad de Ahmed en el filme. De ahí surgió la idea de Son of Babylon.

La película tiene estructura de road movie. ¿Le preocupaba seguir las convenciones del género?

Sí. Tenía muy claro que quería rodar una road movie. El viaje transforma a los protagonistas. También pretendía reflejar la situación del país a través de los personajes.

¿George Bush o Saddam Hussein?

Ambos son malos. La guerra y el caos son malos. Saddam era un exterminador, pero los ciudadanos de Irak todavía están pagando las consecuencias de la guerra. Por eso la película se centra en las desventuras individuales, en los iraquíes que ni siquiera saben qué es un telediario. Me interesaba más el aspecto humano que el político.