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"Todo lo que está bien hecho en el arte está muy mal visto"

Dos artistas analizan la vigencia del realismo y de la pintura de Antonio López

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Por las salas de la exposición del Museo Thyssen-Bornemisza Juan Francisco Casas (La Carolina, Jaén, 1976) y Eugenio Merino (Madrid, 1975) confirman el motivo que más les atrae de Antonio López: no embellece. Los dos artistas, casi 40 años más jóvenes que el pintor manchego, señalan que cuando detalla demasiado, pierde realismo. Y destacan la importancia de su mancha y el gesto inacabado e interminable, y observan que sus vistas son duras, que ni siquiera ha ocultado la España gris de la especulación inmobiliaria, ahí aparecen las grúas de sombras alargadas.

Cuenta Eugenio Merino que hace años López le criticó un dibujo: 'Me lo dijo así, en palabras finas pero con su aspereza de manchego. Me jodió, pero tenía toda la razón'. A Merino le conocemos porque gana en rebeldía con cada edición de ARCO (es el autor del último escándalo en el que aparecía un rabino sobre los hombros de un sacerdote que pisaba a un imán).

Casas se dio a conocer con retratos hiperrealistas de amigos en fiestas, pintados a boli sobre papel. El elemento autobiográfico le une al pintor distinguido, porque 'las pequeñas historias definen la sociedad en la que pasan'. 'Sus interiores son como los de Vermeer, que reflejan más de lo que se ve, una sociedad, un país, una época', explica.

Pregunta. ¿Qué cualidades destacan de Antonio López?

Juan Francisco Casas. Sobre todo el hecho de que la realidad para él sea algo cambiante, múltiple y mutable, y no algo que parte de una imagen fotográfica, donde la realidad aparece congelada. De ahí, además, surgen las características principales de su trabajo, la obsesión por la obra que no se acaba nunca, el que sea patente en la obra la estructura que conduce a ella y por lo tanto la importancia del proceso de pintar.

Eugenio Merino. Veo un trabajo obsesivo y mental menos técnico de lo que parece. Lo interesante es que los cuadros de Antonio López son verdaderos campos de batalla donde quedan restos y marcas de todas sus escabechinas. Es un trabajo nada complaciente, feo a veces, angustioso, inhóspito, pero pintado con cabeza y con una percepción del color casi perfecta. Todo esto le aleja de los hiperrealistas porque el objetivo último de ellos era copiar fotografías, con los colores propios de la foto, incluso aquellas que se revelaban mal. Todo esto sin añadir un ápice de emoción a la imagen, pintándolas sin errores ni repintados, como máquinas...

J.F.C. Además de ser una figura capital del arte español, me interesa su búsqueda. Es lo que más llama la atención, su actitud personal, su cabezonería.

E.M. Es cierto, es un personaje totalmente obsesivo. Su trabajo es la insistencia. Antonio López va cambiando sus cuadros, son una experiencia. No sólo es un pintor realista. Nadie puede pensar que Antonio López no es uno de los grandes pintores españoles.

J.F.C. A mí no me interesa el hiper-realismo norteamericano. Lo que diferencia a Antonio del resto de pintores realistas es que no ves la vida de ellos.

Pregunta. ¿Por qué el realismo tiene tan malas críticas y tanto público?

E.M. Ha tenido muy mala prensa porque ha habido muy mala pintura. Antonio López es muy peculiar y personal, eso es lo que se valora de un artista. Es cierto que el realismo ha sido azotado durante años: cuando yo estudiaba en la facultad, los que pintábamos realista éramos unos matados. Eso quiere decir que el valor de López también es el de la resistencia.

J.F.C. Es cierto que te miran mal si pintas realista. Suele ser utilizado como algo peyorativo.

E.M. Bueno, en general, todo lo que está bien hecho está muy mal visto en el arte. Está bien visto que tengas una buena idea, pero que la desarrolles como un buen artesano está muy mal visto.

J.F.C. Bueno, depende si el acabado es un medio o un fin: si es un fin, es una obra vacía.

Pregunta. ¿Por qué es tan difícil para un pintor desengancharse de la realidad?

J.F.C. Supongo que porque es lo que nos define y nos rodea, y en el caso de muchos, es el medio que tenemos para expresarnos.

E.M. Creo que la pregunta es al revés: ¿por qué es tan fácil desengancharse de la realidad? Porque nadie tiene ni idea de pintar. Cuando estudiaba Bellas Artes apenas sabíamos y pocos aprendieron. En principio, no soy defensor del realismo pero hasta un mono sabe pintar un cuadro abstracto (esto no es ninguna hipérbole). El público no se siente engañado con el realismo.

J.F.C. La duda de pensar si se está jugando con uno, si se le está engañando, crea desconcierto. Pero con una obra como la de Antonio López la gente no se ve desconcertada.

E.M. También es cierto que hay que reciclar mucho tus propuestas de artista para que el público no se vuelva a sentir estafado por recibir lo mismo.

JF..C. Aparte de la eterna y enésima vuelta de la pintura, muerta, enterrada y resucitada mil veces, es difícil definir el futuro del realismo, que es tan variado hoy día como pintores hay. La diversidad de caminos abiertos por Richter, Tuymans, Currin, Eitel, Fishl, Borremans, Saville, Peyton, etc. Son casi inabarcables.

E.M. El realismo como medio va a estar siempre ahí, como la abstracción, la performance o el video arte. Lo importante es entender que son medios para decir o hacer algo. Lo importante siempre será la cabeza del artista y no el medio que escoja para expresarse.