Publicado: 16.09.2015 20:57 |Actualizado: 17.09.2015 06:00

“Lo que se hizo en el PP demuestra cómo se convierte la política en un gran negocio”

David Ilundain convierte la declaración que hizo Luis Bárcenas en la Audiencia Nacional el 15 de septiembre de 2013 en un western con una interesante dosis de intriga. El actor Pedro Casablanc consigue un sorprendente efecto suplantación.

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El actor Pedro Casablanc interpretando a Bárcenas en 'B'.

MADRID.- “Ahora voy a contar la verdad”. Casi las primeras palabras que Luis Bárcenas pronunció el 15 de julio de 2013, en su declaración ante el juez Ruz en la Audiencia Nacional, fueron para reconocer que todo lo que había dicho de sus ‘papeles’ era mentira. Y después empezó a ‘cantar’. La supuesta caja B del PP, nombres de corruptores y corruptos, dinero negro para cargos del partido… Tanta basura y fechoría, tanto cinismo con tanta desvergüenza… “Había que convertir eso en una película”.

Alberto San Juan y Jordi Casanovas transformaron la transcripción de aquella declaración en un montaje teatral -Pedro Casablanc y Manolo Solo, en los personajes de Bárcenas y el juez Ruz-. Ahora David Ilundain lo ha llevado al cine. El resultado es prodigioso. Solo con las palabras que están registradas en el sumario, y el talento de Pedro Casablanc, que consigue un sorprendente efecto suplantación, y de Manolo Solo, ‘B’ se revela como un western con una notable dosis de intriga. El gran peligro de la película: la empatía, el espectador se identifica con el menos malo de los malos. Al fin y al cabo, este tipo ahora está solo ante el peligro, intentando defenderse de su “monstruo invisible”, al que él llama ‘el Partido’.

Al título de la película han añadido un lema, una pregunta: ¿La verdad no cambia nada?

Eso es un robo intelectual a David Fernández, el tipo que tiró la sandalia a Rato y que citaba a Berlusconi cuando aquel decía: “Verità non cambia niente”. Con esa frase, pero con interrogaciones, apelábamos al público.

La pregunta ahora es para usted, ¿la verdad no cambia nada?

Todas las gotas erosionan las rocas. Otra cosa es que todos quisiéramos que fuera un cambio más rápido, eso es lo que nos gustaría. Creo que están pasando muchas cosas, el 15 de mayo de 2015 empezaron a pasar muchas cosas. La cosecha está sembrada. Es verdad que en los tiempos que vivimos es urgente cambiar rápido, pero hay mucha gente trabajando para que cambie.

El trabajo que hace Pedro Casablanc provoca un efecto empatía del espectador con el personaje, ¿no hay cierto peligro en que el público se identifique con Bárcenas?

No sé hasta qué punto es un peligro. Pedro Casablanc es muy bueno y es un actor muy honesto, no se ha centrado en lo que todos conocemos, ha tratado de ir más allá. Tuvimos la intuición de que había que trabajar no solo el guion, que era importante cómo miraba el personaje, a quién miraba… queríamos dar ese arco dramático con el personaje.

Volviendo a lo de la empatía…

En el cine muchas veces empatizamos con los malos. En nuestro país hay más de un Bárcenas, incluso peores y en muchas clases sociales… Personajes tóxicos, dañinos, pero que nos parecen simpatiquísimos hay en todas partes y todos conocemos alguno. En el caso de Bárcenas, además, es que todos sabemos que tiene un antagonista, el monstruo invisible, ‘el Partido’, que no está en la sala de interrogatorios, pero es de quien él tiene que defenderse. Tal vez por eso empatizamos con él.

Con la película presentan un ser humano…

Los actos condenables no eliminan la dignidad de nadie como persona. Nosotros ofrecemos otros planos de lectura. Bárcenas dijo bien claro: “Yo no pagué la renovación de la sede del PP de mi bolsillo”. No pudo hacer lo que hizo solo, y lo que se hizo en el PP demuestra cómo se convierte la política en un gran negocio.

Usted ha transformado el chivato que muchos veían en una especie de cabeza de turco.

Por sus hechos es las dos cosas, lo que cambia es quién está mirando al personaje.



Al hacer la película ¿ha descubierto algo de Luis Bárcenas que le haya sorprendido?

No creo que haya descubierto nada que no esté al alcance de cualquiera, pero he leído mucho y he hablado con gente que estuvo aquel día en la sala. A mí me sorprende saber que Bárcenas tiene un círculo familiar muy sólido y que es un hombre muy religioso, un hombre que no tiene nada que ver con la imagen del tipo al que están acosando cuando sale del portal.

Todo el mundo sabe lo que pasa en su película, aun así usted consigue crear intriga, ¿cuál es la clave?

Conocemos el qué, pero ahora recibimos la información cada vez más fragmentada de manera que a veces el cómo acaba siendo mucho más importante. Creo que con eso la película se sale del microcosmos del momento actual y así es como se consigue la intriga. Además, este es el día que él decidió contarlo todo y entonces nadie esperaba que ocurriera aquello.

Hablando del momento actual, ¿cómo lo ve usted?

Complicado, difícil. Nos hemos dado un buen golpe como sociedad y como país y ahora estamos despertándonos y curándonos. Estamos analizando todavía qué nos ha pasado y es necesario hacer eso para cambiarlo. Hemos estado mucho tiempo durmiendo y viviendo bien y empezar otra vez a hacer footing cuesta mucho. Cambiar como sociedad es muy complicado.

Parece que usted se ha propuesto, más allá de la intención política, ¿hacer una película que entretenga?

Creo que es el primer objetivo del cine, despertar emociones, entretener. Después, si sucede que la película ayuda a crear opinión, mejor. Nosotros sí tenemos esa intención de sumarnos a las reflexiones. Nos queremos que lo que ha pasado pase nunca más.

España tiene grandes títulos de cine político, pero es una costumbre más anglosajona esta de reaccionar rápidamente a la actualidad desde el arte. ¿Estamos contagiándonos de algunas buenas costumbres?

Sí, a lo mejor ahora estamos abriendo un poco de brecha. No solo está ‘B’, hay otros títulos que aún no se ha distribuido… Películas que se han hecho con un tema que está todavía caliente. Creo que hay mucho público esperando esto, que necesita que se hable de esto, pero creo también que socialmente aún somos un poco miedosos. 40 años de dictadura afectan, lógicamente, al desarrollo social del cine.