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El hombre que trajo el cine a España

El Museo Reina Sofía dedica la primera gran retrospectiva a José Val del Omar, el cineasta que enseñó la gran pantalla al pueblo durante la Segunda República

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José Val del Omar ardió. 'Amar es arder decía porque amar es ser lo que se ama'. Val del Omar amaba las máquinas y a las personas, y a ambas dedicó su vida, que la vivió como un impulso y una persecución sin descanso. Su herramienta fue el cine, que era su manera de escapar, decía, 'del negro de los libros' hacia la luz.

Lo mismo que quiso para él lo quiso para su prójimo, por eso inventó decenas de aparatos cinematográficos con los que pretendía 'hacer vivir a nuestros hermanos conmociones psíquicas que los enciendan con provecho'. En su opinión, el público no era una masa estúpida, sino 'un gran niño enamorado de lo extraordinario', coincidiendo con los ideales republicanos.

Val del Omar (1904-1982) fue un revolucionario, un creyente (en el cine y la vida) y un místico (cinemista, se llamaba a sí mismo). Fue un hombre insólito, que hablaba como un físico moderno poseído por San Juan de la Cruz, vivía como un inventor, escribía y rodaba como un poeta y sobrevivió marginado como un ejemplar hombre incómodo e incomprendido.

El próximo 5 de octubre, sus invenciones, su cine, sus textos y su pensamiento estarán en el Museo Reina Sofía de Madrid en la exposición Desbordamiento Val del Omar, un proyecto que Manuel Borja Villel ya había planificado para el Macba cuando aún dirigía y que estuvo, en un formato más reducido, en el Centro José Guerrero de Granada este verano.

En el Reina Sofía se podrá ver su gran obra: Tríptico Elemental de España, una experiencia de cine apabullante, donde dejó algunas de sus invenciones más pasmosas, como la Diafonía (un preestereo sofisticado) o la Visión Táctil (un 3-D primitivo) para crear una poderosa poética en tres movimientos: Granada (Aguaespejo granadino), Castilla (Fuego en Castilla) y Galicia (Acariño galaico). Sus máquinas cinematográficas y sus películas, que incluyen piezas documentales sobre su tarea en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República, se verán junto a collages y fotografías.

El otoño será valdelomariano. Lagartija Nick, que ya le dedicó un disco en 1998, ha preparado una sesión de música y visuales para noviembre. La distribuidora Cameo lanzará el primer pack que comercialice su obra, junto a un corto de César Velasco Broca, y la pieza poética de Eugeni Bonet.

Allá por el año 1928, Val del Omar vio a los gitanos del Albaicín, que caminaban alejados del palacio. Su cámara no podía franquear la distancia, así que creó un aparato que sería capaz de acercar al pueblo al cine. Era el zoom, aunque lo llamó objetivo de ángulo variable. Era el primer ejemplo de su mecamística, mezcla de sus aspiraciones humanistas, su pensamiento místico y su asombrosa habilidad técnica.

También fue el primer ejemplo del incesante muro de mediocridad contra el que estuvo dándose cabezazos en pleno franquismo hasta su muerte, por un accidente de tráfico en 1982. 'Val del Omar pertenece al escogido elenco de personalidades de esa España posible que no acaba de nacer', escribió Luis García Berlanga en el prólogo del libro Sin fin.

Como en el capítulo de La Alhambra, todos los inventos de este visionario estuvieron dirigidos a aproximar a las personas. A 'aprojimar', como diría él. Otra invención suya: el desbordamiento apanorámico de la pantalla, que es una 'técnica de relieve psicológico', un desparrame de la imagen por la sala (más allá de la pantalla).

Val del Omar buscaba el impacto, el éxtasis y sumergir al espectador en una experiencia redentora. 'Soy un hombre, una criatura enamorada de la creación, en donde yo me siento sumergido, que vibra entre la teoría y la práctica. Yo he querido transmitir a mis hermanos el fuego. Contagiarles el gozo del panorama armónico que el ardor de mi sangre me ha permitido ver y sentir', decía.

Como buen alquimista (o cinemista), buscó la unión de los contrarios: corazón y cabeza, espíritu y materia... no están separados. Tampoco ciencia y arte. Su mundo no se entiende sin su apego orientalista, que lo llevó a cambiar la grafía de su apellido: de Valdelomar a Val del Omar.

Dice César Velasco Broca director español, que por su visión cinematográfica bien podría ser el herederedo más claro de Val del Omar que la vida del granadino significa 'un recorrido por la España del siglo XX'. En efecto, el cineasta fue parte activa de las vanguardias históricas y el más olvidado de los miembros de la Generación del 27, fue fiel a la República hasta su caída y luego, en la dictadura, sufrió el destierro.

No es de extrañar, sus inventos volvían inútil a la censura de las películas. Por ejemplo, Val del Omar creó el Bi-Standard: es un formato del negativo de 35 mm en el que se aprovecha el anverso y el reverso del rollo de película para imprimir negativo, ahorrando así en costes. Los italianos lo copiarían más tarde y le dieron el nombre de Techniscope.

Recuerda el heredero, yerno y amigo del granadino, Gonzalo Sáenz de Buruaga, que cuando fueron a presentar el Bi-Standard a las autoridades cinematográficas 'nos lo echaron para atrás porque el sistema impedía la censura, si se cortaba un negativo, se cortaba también el que estaba por detrás', recuerda con humor negro.

Gonzalo Sáenz de Buruaga habla de 'laberinto tecno-artístico' al abordar la figura de su amigo. Un enredo infinito... como sus películas, que cerraba todas con el epígrafe Sin Sin. El tiempo y el cine, como 'arte supremo de la experiencia', 'es un espacio liberador y el verdadero misterio'. 'Mi Dios es el tiempo', dijo.

En el laboratorio PLAT (siglas que equivalen a su concepto totalizador Picto-Lumínica-Audio-Táctil) pasó el resto de sus años. En un apartamento de la Avenida de la Ilustración de Madrid, en cuyo interior Val del Omar se volcó en su concepción del cine total. Allí estuvo el joven director Velasco Broca este pasado verano, entre sus intimidades, durmiendo en la cama del cinemista y rodando con sus aparatos. 'Su espíritu sigue allí', dice, aunque quizás no dure mucho. El director del Reina Sofía confirmaba ayer a este periódico el acuerdo con Sáenz de Buruaga para ceder el PLAT al Museo Reina Sofía para hacerse cargo de su legado.

Mucho queda por saber la incógnita Val del Omar. Parte de las películas que rodó durante las Misiones Pedagógicas, siguen perdidas. A pesar de sus 'múltiples renacimientos', como dice Sáenz de Buruaga, sigue pendiente ser reivindicado como uno de los grandes innovadores del cine español, Val del Omar no se acaba aquí. Sin fin.

1. Objetivo de ángulo variable

En 1928, Val del Omar inventó el zoom para aproximar al prójimo, para ‘aprojimar'.

2. Diafonía

La diafonía o sonido binaural es una anticipación de los sistemas envolventes que trascienden la estereofonía. Val del Omar quería crear en la sala de cine una experiencia total que incluía el sonido envolvente. La diafonía es parte esencial del concepto de desbordamiento apanorámico de Val del Omar por el que el cine desbordaba la pantalla.

3. Táctil Visión

Asombrosamente desarrollada en ‘Fuego en Castilla', la visión táctil es un intento de crear imágenes de aparente relieve, creadas a partir de luces en movimiento, que hagan creer que se palpa la imagen con los ojos. Ganó un premio técnico en el Festival de Cannes de 1961, el mismo año que la Palma de Oro fue para ‘Viridiana' .