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El hombre vuelve al humanismo

El terrorismo internacional y la reciente crisis económica han provocado que la mirada se cierna de nuevo sobre el individuo en los últimos ensayos filosóficos

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¿Quién soy? ¿Tengo cuerpo o soy cuerpo? ¿Existe la identidad femenina y masculina? ¿Qué es el cyborg? ¿Qué es la persona? ¿Por qué el respeto? Estas preguntas de filosofía ontológica -o filosofía del ser- que alumbran una mirada renovada hacia el ser humano, hacia el individuo, han desplazado en los últimos años los presupuestos materialistas y estructuralistas. Del sistema al hombre.

Así se observa por la aportación de las editoriales, y por la aparición de filósofos que abogan por este nuevo humanismo, como Javier Gomá, cuyo último libro, Ejemplaridad pública (Taurus), en el que intenta dar un nuevo contenido moral a nuestra época, se ha convertido en un éxito editorial. En unos momentos en los que, además, parece jalearse todo lo negativo.

Así, materias como la bioética, la biopolítica, la evolución, la tecnología, el género -la asexuación- e, incluso, algo tan palpable como la cotidianidad marcan las pautas del pensamiento moral de esta primera década del siglo XXI. Darwin, Foucault, Wittgenstein, Heidegger y Simone de Beauvoir llevan ahora la batuta. Son algunos de los autores bendecidos por el renacer del interés en el hombre.

También hay un cambio del intelectual liberal al científico-técnico

Lo dicen profesores como Eloy Fernández Porta, de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona -'estamos en una época en la que las ideas circulan más que nunca'-, pero también los editores de textos filosóficos como Nicole Etchevers, de Herder: 'Nosotros sacamos 50 títulos al años. Los textos son también más divulgativos y llegan a diferentes ámbitos'.

Sin embargo, esto no es suficiente para entender el porqué del renacer del interés por la filosofía que mira dentro del ser humano.

Los filósofos y expertos consultados señalan dos acontecimientos como fechas clave para el cambio de rumbo: la caída del Muro de Berlín y la caída de las Torres Gemelas. Algunos como el colectivo madrileño Una línea sobre el mar, que practica Filosofía de Garaje en Radio Círculo, también incluyen el 11 de marzo de 2004 como punto de inflexión. 'Aquello marcó un antes y un después e hizo que las viejas preguntas esenciales fueran reformuladas y pensadas', afirman. Si nada había seguro, había que volver al hombre.

'El 11-M hizo que las viejas preguntas esenciales fueran reformuladas'

El mundo se tambaleó y con él las ideas. Una auténtica crisis moral. 'Hubo una transacción de la conciencia a la sensibilidad. Es decir, hace unos años el discurso giraba en torno al sujeto alienado y ahora el discurso está más centrado en el control de los sentimientos', señala Eloy Fernández Porta, quien afirma que 'Foucault está por todas partes, incluso en series como Nip/Tuck'.

Así la política del cuerpo y la relación entre capital, afectos y cirugía brotaron por todas partes. No es de extrañar que fuera en esa época cuando comenzaran a publicarse libros como Perras sabias, de Virginie Despentes, una novela en la que el cuerpo de la mujer aparecía como una herramienta susceptible de producir riqueza y sometida a poderes. Diez años después de aquel libro se publicó en España Testo yonki, de Beatriz Preciado, en el que contaba cómo utilizó parches de testosterona para investigar su condición masculina. Una vuelta de tuerca más en este nuevo enfoque sobre la condición sexual.

El movimiento antiglobalización, que bullía desde poco antes del 11-S con las manifestaciones en Seattle (EEUU) y Génova (Italia) también provocó nuevos cambios. Para Francisco Fernandez Buey, autor de Guía una globalización alternativa (Ediciones B, 2004), las protestas mostraron drásticamente el desinterés de la población por la política institucional, 'que es en gran parte politiquería y que ahora está bajo mínimos'.

'No se habla de la alienación, sino del control de los sentimientos'

Consecuencia de aquello apareció esta nueva mirada hacia el individuo. Para él, además, el movimiento todavía no se ha acabado. 'Lo que ha bajado es la movilización por, entre otras cosas, el temor de muchos a ser identificado con lo que los que mandan llaman terrorismo'. Este filósofo palentino también cree que hay que tener cuidado a la hora de hablar de una nueva filosofía humanista, puesto que puede confundir: 'En esta parte del mundo hay mucho individualismo posesivo, mucho mirarse el propio ombligo, pero no se puede decir que esa sea hoy la ideología de la mayoría de la población en Asia, África o América Latina'.

La crisis económica que estalló a finales de 2008 ha sido otra de las lanzaderas para que, según la editora Nicole Etchevers, 'la gente tenga una necesidad de dar explicaciones a ciertas cosas'. La pérdida de confianza en los grandes bancos provoca una búsqueda de la espiritualidad, 'mezclada con un pensamiento más racional. Es una mirada a lo espiritual, incluso desde lo laico. Se trata de buscar la comprensión de los otros mezclado con todas las teorías de la evolución y la tecnologías'. Como ejemplo, Etchevers pone el reciente libro La melancolía del cyborg, de Fernando Broncano, en el que se evoca la naturaleza humana mezclada con la técnica.

La espiritualidad también tiene que ver con 'el resquebrajamiento de las ideologías, desde las grandes religiones a las políticas de hace 50 años. Está todo lleno de agujeros', admite el filósofo Fernando Savater, quien sostiene que estas transformaciones han dado lugar a una nueva apreciación de los valores cotidianos en una línea que ya defendieron María Zambrano y Ortega y Gassett.

La aparición de nuevos libros y de esta profusión de ideas rebate el discurso que señala el fin de los intelectuales. Así, el colectivo Una línea sobre el mar defiende la Filosofía 2.0 -la que se mueve a través de blogs, redes sociales-, que provoca 'multitud de experiencias que filosofan a su manera'.

Sin embargo, también hay filósofos que argumentan con contudencia el déficit de grandes pensadores. José Luis Pardo es uno de estos críticos. Para él, la filosofía avanza imparable 'hacia un periodo de clandestinidad'. Su colega Francisco Fernández Buey, por el contrario, se aferra al argumento posmoderno: 'El intelectual liberal tradicional está siendo reemplazado por el intelectual científico y por el técnico. Los púlpitos se han movido de sitio'.

EUGENIO TRÍAS, filósofo. Autor de la 'La edad del espíritu'

Desde que escribí Ética y condición humana, que he incluido en la selección de mis libros que forma los dos volúmenes de Creaciones filosóficas, recientemente publicado por Galaxia Gutenberg, mi convicción sobre la necesidad de época de repensar nuestra condición, y de apuntar hacia un nuevo humanismo, muy diferente del tradicional, está del todo atestiguado por estos y otros escritos míos, todos de los últimos 15 años. Creo que ese humanismo requiere una fundamentación filosófica de nuevo cuño y carácter.
Yo lo he intentado con mi concepto de la condición fronteriza, o del hombre como habitante del límite (entre la naturaleza y el misterio). Es importante sustentar, así mismo, esta concepción en un nuevo aliento espiritual que responda a nuestras más hondas exigencias y deseos. Lucho en filosofía en esta dirección, con la certeza que da que en tiempos de indigencia y crisis esa nueva orientación de la reflexión filosófica es necesaria. Un nuevo sentido espiritual que se sustente en sólidas bases filosóficas, pero que no requiere en absoluto refrendos confesionales, abierto y con exigente sentido crítico, sensible a todos los avances de la ciencia y de la tecnología, sería quizás el horizonte de este nuevo humanismo.  Quizás los tiempos de alarma y de peligro que conllevan convulsiones, crisis, son los más idóneos para un cambio en esta dirección.