Publicado: 15.03.2016 20:43 |Actualizado: 16.03.2016 10:35

“Hoy todo el mundo se ofende por todo, hemos perdido el sentido común”

Berto Romero y Andreu Buenafuente son ahora pareja cómica también en el cine. Protagonistas y productores de ‘El pregón’, una comedia brillante con momentos de carcajada, que sirve de alegoría a la situación de la España de hoy.

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Berto Romero, Jorge Sanz y Andreu Buenafuente en 'El pregón'

MADRID.- Berto Romero y Andreu Buenafuente son ahora pareja cómica también en el cine. Hermanos de oficio, se convierten en El pregón en hermanos de sangre, Richi y Juan Osorio, una pareja para una comedia que sirve de alegoría a la situación hoy de los españoles. Dos tipos que vivieron muy bien, pero ahora no llegan a final de mes y están dispuestos a hacer casi cualquier cosa por conseguir unos duros. Y, por supuesto, un político, bruto y carca, dispuesto a aprovechar esa situación. Este último es Jorge Sanz, que saca oro de su personaje.

Estás en una situación laboral precaria. No llegas casi a fin de mes. Tu hijo necesita un aparato para los dientes y a ti, que no tienes un céntimo, te llevarían los demonios si se lo comprara el novio de tu ex. ¿Qué estarías dispuesto a hacer por ese dinero? ¿Vestirte de nazareno? ¿Tirar una cabra desde un campanario? Es el debate en el que se encuentran Juan Osorio, la mitad del dúo de los Supergalácticos, que se hicieron famosos en los noventa con un tema electrónico penoso y de los que hoy no queda más que el recuerdo en la cabeza de la otra mitad, Richi Osorio. Los dos, después de años de separación, van a reencontrarse gracias al alcalde de su pueblo que les ha prometido 10.000 euros si dan el pregón de las fiestas.



Belén Cuesta interpreta al personaje femenino, una mujer independiente y decidida que sabe exactamente lo que quiere, en esta película, una comedia ágil, con momentos hilarantes, donde Buenafuente, Berto Romero y Jorge Sanz exhiben talento de sobra para la comedia. Dirigida por Dani de La Orden sobre un guion de David Serrano, Diego San José y Daniel González, El pregón está producida por los propios protagonistas y Mikel Lejarka.

Su película encierra una especie de catálogo de algunos vicios españoles, ¿no se arriesgan a molestar a algunos?

Berto Romero.- Sería absurdo que hiriera sensibilidades. La ofensa no es el efecto buscado, aunque es verdad que vivimos en un tiempo en que todo el mundo se ofende por todo. Pero esa, molestarse o no, es una elección, consciente o no, de la gente y responde a la pérdida del sentido común, que es el armazón de valores éticos y morales de una sociedad. Parece que ese armazón ha desaparecido.

Andreu Buenafente.- Estamos siempre bordeando lo incorrecto, pero ese es el eterno debate del cómico. La película flirtea un poco con las procesiones, por ejemplo, pero no se mete con la religión, es suficientemente blanca, no ofende a nadie.

Berto Romero.- Esto es como si el sector de la robótica se ofendiera por cómo está representado en Iron Man. Aunque es verdad que a veces ¡llegamos a unos límites del absurdo…! Lo que sí existe es la autocensura, a veces te muerdes la lengua, pero sobre todo por la pereza de tener que apagar luego los fuegos.

Berto Romero y Andreu Buenafuente en 'El pregón'

Berto Romero y Andreu Buenafuente en 'El pregón'

El personaje de Richi vive el espejismo de la fama. Usted es un hombre famoso, ¿ha reflexionado sobre el peligro de la fama?

Berto Romero.- Reconozco en el personaje patrones de comportamiento de personas que conozco, gente a la que he visto anclada, que no ha sabido salir bien del pasado. Pero es algo que se puede reconocer en cualquiera, no solo en los artistas. ¡Tantos hombres atrapados en la adolescencia! A mí me da miedo que me ocurra eso. Me daría miedo ser un día Richi. Todo el mundo dándose cuenta de lo patético que eres y tú, no. La fama es consecuencia del trabajo, pero es algo que lo distorsiona todo. Por otro lado, la gente te juzga y está predispuesta a que la decepciones. Hay muchos prejuicios.

Andreu Buenafuente.- Estos personajes son muy caricaturescos, ellos solo tuvieron un hit en los noventa. Pero con ellos la película aprovecha para ver las dos caras de la misma moneda.

Juan Osorio es un tipo que se rebaja con tal de conseguir el dinero que necesita para su hijo. ¿Antes de estar en primera división, usted sufrió abusos como los que sufre el personaje?

Andreu Buenafuente.- La verdad es que he tenido una carrera amable, con mucha gente arropándome, pero, claro, alguna vez me han ofrecido algo que he decidido no hacer. Creo que siempre me he ganado la vida suficientemente bien para poder escoger éticamente. Una vez dije que no iba a actuar en un mitín y el partido político que me lo propuso no lo entendió. Era Convergencia en los noventa.

Ustedes son hombres de la comedia, ¿los tiempos de crisis son mejores tiempos para ella?

Andreu Buenafuente.- Ha aprendido que siempre es un buen momento para una buena comedia. Cuando estás jodido, la comedia te sirve de evasión. Cada época tiene su encaje. Pero también hay comedias en los buenos tiempos y funcionan de otra forma por motivos personales.

Berto Romero.- No hay buenos ni malos momentos para la comedia. Esta puede ser una cura o la consecuencia de algo, pero tiene un camino aparte de todo lo que ocurre, porque es un instinto primario del ser humano. En épocas buenas salen comedias más luminosas, más fantásticas. En tiempos como este, lo que hay es más la realidad. Las comedias siempre son hijas de su tiempo. Cuando la vida es más dura, la comedia sirve como válvula de escape.

‘El pregón’ sirve como metáfora de la situación de España hoy…

Andreu Buenafuente.- Aunque sí es una comedia asentada en esta España actual, no hurga demasiado ahí. No es una comedia de la crisis, hay muchas otras películas que sí lo son.

Berto Romero.- Ese trasfondo está. Reconoces ese momento de angustia que tienen los personajes. Los dos están tiesos. Pero hemos quitado el pie del acelerador en la primera parte para que no saliera demasiado dramática, para no ponernos intensos.

Andreu Buenafuente.- Si hubiéramos extendido más la primera parte, hubiera sido una película a lo Ken Loach. De cualquier modo, yo creo que estos tipos tienen su dignidad, su orgullo.