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"Lo importante es el talento, no el género"

Pilar Jurado, compositora y soprano. El Teatro Real abre sus puertas por primera vez a una autora en 170 años de historia con el ‘thriller' operístico ‘La página en blanco'

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Iba para ingeniera genética, pero acabó convertida en soprano. Y en directora de orquesta y compositora. Pilar Jurado (Madrid, 1968), una mujer menuda y muy inquieta 'me bebo la vida a chorros', dice, podría haber descubierto un potente antídoto contra una enfermedad si hubiera hecho caso a su pasión por la ciencia a los 17 años. Sin embargo, la vida le dio un giro y acabó atrapada por la música. Y ahora marcará un nuevo hito aunque no sea científico: el 11 de febrero, con su creación La página en blanco, se convertirá en la primera compositora en estrenar una ópera en el Teatro Real de Madrid, 170 años después de la apertura del coliseo. Casi nada.

Jurado no es una recién llegada al mundo de la ópera. A la compositora la avalan premios (Reina Sofía, Jacinto Guerrero, Villa de Madrid), conciertos (ha actuado en los teatros más importantes del mundo) y discos (el último de ellos, El arte de la coloratura, es un derroche de amor por el repertorio más conocido y virtuoso). Por eso, ella le resta todo efecto mediático a su entrada en la historia del Real : 'Esto es sólo una coincidencia. La pequeña cuota de magia que a veces te da la vida. Algo que no puedes controlar. Y aunque me siento una privilegiada, no me afecta. Quizá porque yo creo que lo importante no es el género, sino el talento y lo que eres capaz de comunicar a los otros', apostilla.

Eso sí, también le reconoce su trascendencia. 'Me encanta que haya sucedido esto porque es una brecha que abre de una forma natural algo que tenía que haber sido natural desde hace mucho tiempo. Además, a pesar del encargo del Real, las compositoras, en general, somos las que menos estrenamos', afirma.

El encargo de La página en blanco, un thriller operístico, según lo califica Jurado, le llegó de la mano del anterior director artístico del Real, Antonio Moral. Él vio el talento de la compositora y a mediados de 2008 la implicó en esta aventura que ella digirió sin miedos ante el ordenador en el que empezó a teclear. Así surgió este 'thriller cinematográfico' que juega con todos los ingredientes del género negro que ya desarrollaron directores y guionistas como John Huston (El halcón maltés) o William Wyler (La carta). 'Lo importante para mí es que en el siglo XXI los cantantes no sólo canten bien, sino que también sean excelentes actores. Como en cualquier thriller, en este ocurren muchas cosas y el espectador siempre está pensando en que algo no cuadra. Esto me permitía darle mucho ritmo a la historia', señala Jurado, quien asegura que hoy nadie puede escapar a la influencia del cine. 'En el siglo XXI estamos muy acostumbrados a que todas las imágenes sucedan muy rápido. Por eso creo que es muy importante imprimir mucho ritmo a las óperas', sostiene.

La página en blanco también supone una reflexión sobre el temor de todo creador a las posibilidades que se le muestran ante el resultado final. 'Esta ópera es una metáfora de los miedos de la humanidad a través del creador. Este nunca sabe qué va a escribir hasta que lo escribe. Este paralelismo con la vida es absoluto. Nuestra vida es una página en blanco', se vuelve retórica Jurado.

Como si se tratara de una tragedia griega, las palabras que recita el coro al comienzo de la obra ya muestran el camino que ha querido recorrer la compositora. 'El hombre cree que controla su destino, cómo se ríen los dioses al oír esto', canta el corifeo. Tremenda advertencia en la que Pilar Jurado se apoya para explicar su visión del mundo: 'Cuanto más avanzamos, el hombre es cada vez menos libre. Todo lo que te puede dar más libertad es al final lo que más te atrapa. Parece que ahora tenemos mil posibilidades, pero estamos tan condicionados por lo que nos rodea que somos absolutos esclavos de cosas que no conocemos'.

Para mostrar esta especie de cárcel virtual, la creadora ha jugado con las nuevas tecnologías. Sobre el escenario aparece hasta un robot importado de Japón al que contratan como un cibercantante para la ópera que está escribiendo el personaje del creador. 'Creo que la tecnología está evolucionando de una forma que nos sobrepasa. Por eso quería volver a la filosofía del humanismo, reflexionar sobre esa sensación de que nuestro cuerpo se nos queda pequeño para todas las cosas que queremos hacer con él', explica. Aún así, no se corta en reconocer que está totalmente inmersa en las redes sociales. 'Sí, tengo Facebook y lo utilizo mucho, pero esto tampoco significa que tenga esa sensación de vivir realidades que no son nuestras realidades', sostiene.

A pesar de que el primer implicado en esta ópera fue el ex director artístico Antonio Moral, su sucesor, Gerard Mortier, ha sido pieza clave para que llegara a las tablas. Según cuenta Jurado, cuando cambió el equipo directivo del Real en 2010, tuvo que volver a plantearle el libreto a Mortier, quien 'enseguida vio algo, porque se entusiasmó'. Él fue quien le puso en contacto con el equipo alemán que ha trabajado en la obra y se encargó de supervisar todo el proceso. 'Soy una privilegiada porque puso todo el cariño en el proyecto', remacha la compositora.

Para ella, que en varias ocasiones se ha considerado una especie de outsider dentro de la ópera una de sus diabluras fue mezclar música barroca con electrónica, la presencia del director belga en el Real es, precisamente, una oportunidad excelente para dar visibilidad a los nuevos compositores. 'No es habitual que se exhiban óperas contemporáneas, quizá por el desconocimiento del gran público. Pero lo normal es que se hicieran más óperas actuales, porque es el legado que después dejaremos al siglo XXII. Mortier es un hombre muy comprometido con los creadores de hoy y los va a impulsar', sostiene Jurado.

Después del estreno de esta ópera no habrá tiempo de respiro para esta mujer todoterreno. Un nuevo encargo con la ORCAM (la Orquesta de la Comunidad de Madrid) y la Orquesta Nacional la esperan. También un disco en el que interpretará canciones del cine como Cinema Paradiso y Over the rainbow, de El mago de Oz. 'Yo disfruto intensamente de la vida que me ha tocado vivir. Y ese es el mayor privilegio', zanja convencida. Se bebe la vida a chorros.

A los 8 años de edad, los padres de Pilar Jurado, ajenos al mundo de la ópera, se dieron cuenta de que la niña valía para la música y fue de cabeza al Conservatorio. En 1992 debutó como solista en la ópera de Luis de Pablo ‘Antigua Fe' y desde ese momento todo fueron éxitos: premios, actuaciones y, también, travesuras, como juguetear con la electrónica y con la compañía La Fura dels Baus en el Liceo.

Cantantes y actores

Para su estreno en el Real, Pilar Jurado ha querido rodearse de cantantes 'con mucha técnica como actores'. Entre los elegidos están Otto Katzameier y Natascha Petrinsky. La propia creadora se ha reservado el papel de Aisha Djarou -anagrama de su apellido-, un personaje que tiene 'mucho' de sus emociones.  

Una jaula de pájaros

De la escenografía se han encargado los alemanes David Hermann y Alexander Polzin. A cuatro metros de altura del escenario, los personajes se aprisionan en una especie de jaula para pájaros. También han creado robots. 'Lo más importante es que esté muy apegada a la acción dramática', asegura Jurado.  

Compasión y angustia

Los elementos musicales que ha compuesto Pilar Jurado reflejan la angustia que destila la obra. 'Son pequeños fragmentos , ya que más que un mismo estilo, me interesaba que la música siguiera a la trama. Esta es una ópera en la que la parte musical sigue muy de cerca todo lo que sucede en el escenario', manifiesta la compositora.