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La indignación de Ricardo Darín

El actor presenta 'Un cuento chino', taquillazo en Argentina

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Un tipo peculiar este Roberto: vende tornillos y colecciona noticias de sucesos bizarros que aparecen en los diarios. Es huraño y maniático y se lleva tan mal con el sistema que no hace el menor esfuerzo por disimularlo. 'Admiro su franqueza, su capacidad de ser políticamente incorrecto', decía ayer el actor Ricardo Darín sobre su personaje en Un cuento chino, una película pequeña que ha barrido a los grandes blockbusters en la taquilla argentina hasta convertirse en un auténtico fenómeno que han visto un millón de espectadores.

'Lo que me llama mucho la atención de la vida últimamente', se extiende Darín, 'es cómo nos hemos acostumbrado a las anomalías, cómo hemos acabado domesticados ante ciertas deformidades sociales que nos afectan. Nos hemos acostumbrado al mal menor, a los daños pequeños, y en el fondo por ahí es por donde se empieza a perder. Nos hemos alejado tanto de la orilla que ya no sabemos dónde estamos', confesó ayer en una entrevista con Público.

'Nos hemos acostumbrado al mal menor y por ahí se empieza a perder'

Pero su personaje en el filme no pasa por esas. Él es de los que no tolera que lo engañen. 'Hay una escena en la película en la que Roberto discute porque le faltan seis tornillos en una caja. No da lo mismo seis tornillos que 6.000, dice, como no da lo mismo muchas cosas que pasan en nuestras vidas. Nos engañan continuamente, pero no nos importa porque andamos demasiado ocupados', remarcó Darín.

Un cuento chino, que se estrena el próximo 17 de junio, habla de todo esto, pero sin grandes gestos. Se trata más bien de una pequeña fábula humana salpicada con un poco de humor. ¿Están él y su personaje indignados? 'La indignación es muy tajante y yo soy más de intentar entender a todas las partes', matizó. 'Pero conozco lo que ha pasado en España, y creo que es el inicio de un movimiento mundial que se va a reproducir', indicó.

'Los indignados de España son el inicio de un movimiento mundial'

Roberto es un ferretero que ha cerrado su vida, como hace cada noche con las rejas viejas de su tienda. Es de los que decidió hace mucho apearse de la vida y no deja que nada ni nadie se meta en su rutina maniática. El azar hará que acabe metiendo en su casa a un joven chino que lo alterará hasta el punto de hacerle reaccionar, no sin dificultades, para volver a tomar las riendas de su propia vida.

'Hay una cosa hermosa en la película que consiste en ver cómo un tipo mayor acaba cambiando su vida gracias a una persona con la que no es capaz de intercambiar una sola palabra', apuntaba ayer un Darín disfrazado de antigalán para este filme.

El actor, que resurgió con Nueve reinas (2000), vuelve a meterse en una película que habla de las personas, pero también de la política que acaba salpicando a los individuos. Si en El secreto de sus ojos fue la dictadura que vivió su país desde 1976, aquí, la película aborda las secuelas emocionales que dejó en un hombre la guerra de las Malvinas.

'Que no me digan que las Malvinas no fue algo absurdo. Yo aún recuerdo escuchar en la radio cómo nos intentaban convencer de que estábamos ganando a los ingleses', insistió. Sin embargo, en esta ocasión no se trata de un gran relato histórico y personal como el de Campanella, sino de 'una película mucho más pequeña', como apuntó Darín. Una fábula mínima, que para el actor se convierte en la mejor manera de llegar al espectador y tocarle el corazón.