Publicado: 20.03.2014 08:06 |Actualizado: 20.03.2014 08:06

Lo inexplicable como fórmula para crear adicción

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Con sólo cuatro días de distancia en el calendario han desembarcado en España dos series destinadas a un público muy concreto: el aficionado a la ciencia ficción. Primero fue Believe —el pasado lunes en Canal + Series— y ahora —esta noche a partir de las 22.15 horas en AXN— le toca el turno a Resurrection. Sin tener nada que ver la una con la otra, ambas coinciden en algo. Un punto en común que tiene que ver con el uso que hacen de lo inexplicable para crear la adicción necesaria que requieren dos series que pretenden sobrevivir en el tiempo bajo el amparo del género en el que se enmarcan.

Mientras otras ficciones enganchan por el romance, las conjuras políticas, la venganza, la lucha por la supervivencia, la comedia o cualquier otro componente de interés para el espectador, Believe y Resurrection apuestan por una trama orquestada en torno a un hecho inexplicable que, es de suponer, irán desgranando con el paso de los capítulos y, si la serie sigue su curso normal sin cancelaciones antes de lo previsto, acabará siendo explicado con una argumentación final sujeta a las leyes de la ciencia ficción. Es decir, que el cómo no tendrá un razonamiento al uso y demostrable empíricamente fuera de la pantalla. Ya tenga este que ver con viajes en el tiempo, alienígenas, genética, superpoderes o cualquier otra variante.

La que hoy se estrena, Resurrection, es la adaptación de un bestseller del New York Times que lleva por título Vuelven y que en España edita Planeta. El piloto sirve para sentar las bases sobre las que se construirá el resto de la primera temporada (compuesta por ocho episodios) y que recuerda, en parte, a la trama de Los 4.400. Escrita por Aaron Zelman a partir del libro de Jason Mott, lo que plantea Resurrection es el regreso a la vida de los muertos. Ambientada en una localidad de Missouri de nombre Arcadia, un día, en la otra punta del mundo, en un arrozal chino, aparece un niño de ocho años (Landon Gimenez) que dice ser el hijo fallecido hace más de tres décadas de los Langston, un matrimonio ahora anciano.

¿Cómo explicar este regreso a la vida y los que le siguen? Ahí está el ovillo a desenredar de Resurrection. En el caso de Los 4.400 la mano del hombre tenía algo que ver en todo esto. Habrá que ver (quienes no conozcan el desenlace a través del libro) en qué queda una serie con un piloto que se guardó mucha carne en el asador. Algo a lo que, por otra parte, no está acostumbrado el público. Más habituado en los últimos años a primeros episodios explosivos que se quedan en eso por culpa de un desarrollo desigual. En Resurrection, por el contrario, han decidido apostar por una presentación algo más calmada de cara a ir progresando en cada capítulo.

El reparto de 'Resurrection', que se estrena esta noche en AXN, al completo. 

La otra serie con un misterio fuera de lo normal como arranque es la mencionada Believe, estrenada bajo la bandera de creada y dirigida por Alfonso Cuarón y producida por J.J. Abrams. Con un cartel así, no es de extrañar que los aficionados al género la acojan con los brazos abiertos. El planteamiento de esta nueva ficción que ha encontrado su casa de acogida en España en Canal + Series tiene que ver con una niña con un don nada común del que poco se atisba en el piloto (algo relacionado con la empatía y el adivinar el futuro, parece). Cuarón se guarda mucho de desvelar más de la cuenta en un episodio que sirve de presentación somera de los protagonistas principales entre los que se encuentran la pequeña Bo (Johnny Sequoyah), los componentes de la misteriosa organización que la protege (Delroy Lindo), el villano (Kyle MacLachlan) y el condenado (Jake McLaughlin) al que sacan del corredor de la muerte para que se encargue de custodiar a la niña.

Al final lo inexplicable siempre encuentra explicación más o menos satisfactoria para el espectador

A falta de comprobar cuál será su desarrollo, al pensar en lo inexplicable como forma de enganchar al espectador vienen a la mente otras series recientes y aún en antena como La cúpula, Sleepy Hollow y Revolution. En la primera el misterio tiene que ver con una esfera que de un día para otro cae sobre un pueblo entero aislándolo del resto del mundo y sometiendo a quienes quedan encerrados bajo ella a todo tipo de pruebas para sobrevivir. ¿Será un experimento del gobierno? ¿Habrán sido los extraterrestres? Preguntas y más preguntas que encontrarán respuesta, o no, a partir de junio con el estreno de la segunda temporada de esta serie basada en un libro de Stephen King.

En Sleepy Hollow, donde el tono de comedia contrasta con la seriedad de las mencionadas anteriormente, lo inexplicable tiene que ver con el hecho de que un antiguo soldado de la guerra civil estadounidense llamado Icaboh Crane (Tom Mison) haya regresado a la vida dos siglos después para acabar con un jinete sin cabeza. ¿Cómo es eso posible? En Revolution, producida por J. J. Abrams, lo difícilmente explicable encuentra explicación en la tecnología como causa de un apagón energético que obliga a la población mundial a volver a los tiempos en los que no había electricidad.

Si bien el panorama televisivo está plagado de ejemplos fallidos en esta línea como puedan ser Flash Forward o Alcatraz, hay al menos tres que siempre están presentes en la mente de los aficionados a la ciencia ficción. La primera, la más veterana e irregular a veces, es Expediente X. Un clásico del género en el que las conspiraciones gubernamentales y los alienígenas servían para crear un ambiente de misterio e intriga que llevó a Chris Carter a prologar las andanzas del crédulo Fox Mulder (David Duchovny) y la agnóstica Dana Scully (Gillian Anderson) durante nueve temporadas.

'Perdidos' acaba de cumplir diez años de la emisión de su primer episodio

El otro gran ejemplo en este sentido es la añorada Perdidos, que acaba de cumplir diez años de la emisión de su primer episodio y que sigue siendo algo así como la Biblia de los creyentes en la ciencia ficción. Abrams sabe, como pocos, crear ese halo de misterio que rodea a casi todo lo que hace y en el que la información que recibe el espectador es en dosis tan pequeñas que siempre se queda con ganas de más. En su día, en un discurso en el marco del TED, el creador de Perdidos hablaba de una caja con una interrogación en el exterior que nunca llegó a abrir. De aquello hace ya siete años, pero el mensaje sigue siendo válido. Da igual el contenido, lo importante es el envoltorio, cómo se cuenta. Y así hizo con Perdidos. ¿Qué más da qué fuese la isla o si al final estaban todos muertos o no? Lo importante es todo lo que rodeó a la serie, la relación entre los personajes, los misterios que se sucedían uno tras otro, las preguntas sin respuesta y las respuestas que daban origen a más preguntas.

Lo mismo hizo Abrams, en compañía de Roberto Orci y Alex Kurtzman en Fringe, finalizada el pasado año. Eso sí, con un desenlace más atado, más redondo y menos polémico (también es verdad que era seguida por mucha menos gente) que en Perdidos. En Fringe todo tenía que ver con el empeño de un padre por recuperar a su hijo perdido. Un empeño que le lleva a crear un portal para cruzar a un mundo paralelo y robarle el hijo a su yo de aquella realidad alternativa desencadenando un colapso entre universos épico. Al final lo inexplicable siempre encuentra una explicación, dejando a un lado que esta sea más o menos creíble o satisfactoria para el espectador.