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Inmigrantes 2.0

España, potencia musical gracias a la multiculturalidad

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En 1963 Rod Stewart, un desconocido melenudo que llegó a España armado de una guitarra, fue deportado. La ley de vagos y maleantes del régimen franquista no perdonaba. Y menos a un músico bohemio y extranjero. Ese mismo año, mientras Nana Mouskouri representaba a Luxemburgo en Eurovision, España enviaba a José Guardiola. Su Algo prodigioso, raíz profunda de la España única, pasó desapercibida. Ese año, el Amor de verano del Dúo Dinámico causaba furor en las radios.

En 2009, España es una de las potencias mundiales de la world music. Reggae, räi árabe, son cubano, neo tango, bossa nova electrónica, rap africano... Algunos de los músicos reconocidos en Europa viven en el país que deportó a uno de los padres el rock. Y la mayoría no son españoles .

“Hace 15 años, apenas lanzábamos música cubana, ahora, de todos los países”. Habla Manuel Domínguez, gurú y cerebro de Nube Negra, el sello madrileño que abrió el camino de la world music en España. Manuel recuerda cuando lanzaron a la Vieja Trova Santiaguera o a las Hijas del Sol (Guinea Ecuatorial). “América Latina fue la puerta. Ahora, África está más presente”, matiza Manuel.

En estos momentos, la gran estrella de Nube Negra es Mariem Hassan, una refugiada saharaui afincada en Sabadell (Barcelona) que arrasa en Europa. Bindinte (Guinea Bissau), los venezolanos Tajazo Tamboo (que reinvindican la percusión africana) o Seydu (Sierra Leona) son otros de los nombres mayúsculos made in Spain de Nube Negra. Y es que, tras el flujo a inmigración de los últimos años, la radiografía sonora de España es una de las más plurales y ricas del mundo. “La inmigración ha sido una inyección buenísima. Hemos abierto la mente”, afirma Lluís Cabrera, fundador del Taller de Músics de Barcelona y uno de los pioneros del mestizaje.

El resultado, en palabras de Cabrera, es muy varipinto. Si el inmigrante sound sembró la piel de toro de rock argentino (Andrés Calamaro, Ariel Roth) en los ochenta, de latin jazz en los noventa (Jerry González), las nuevas hordas de músicos foráneos abrazan el rap o la electrónica.

La modernidad urbana se impone en la era Inmigrantes 2.0. Trip hop con toque autoral (como Pablo Sciuto o Lisandro Aristismuño). Rap con sabor de Guinea Ecuatorial (Mefé, Dnoe) o con latinísimo swing. La dominicana Arianna Puello desde Girona, el cubano Kumar desde Barcelona o Nilo MC, el primero que trajo de La Habana a Madrid con su latin flow son la referencia.

Destacan, por otro lado, la receta de músicos como Yannis Papaionnou (música griega con electrónica), Radio Zumbido (cocina sampler latinizada) o Rude (productor italiano). Pero hay más: el laboratorio/mundo más underground no es ancho y ajeno. Y en España residen artistas como Cardopusher (dubstep venezolano), el brasileño Dj Kaska Cocosystem o el mismísimo Dj Rupture (importado de Nueva York).

Mientras el vínculo transatlántico se refuerza, la conexión creativa con el Magreb es más débil. “No sé por qué, pero se integra peor”, afirma Manuel Domínguez. La Orquestra Àrab de Barcelona o Adel Bouyahyaoui (Sevilla)serían algunas excepciones.

 

La variedad étnico/sonora está, en palabras de Lluís Cabrera, más que probada. Pero América Latina, todavía, manda en la música for import. Ya sean en su vertiente latinjazzera –el pianista argentino Mariano Díaz desde Madrid u Omar Sosa desde Barcelona– o los herederos de la trova cubana (Karel García) o en los sonidos más punteros (los venezolanos Jahbitat). “Hemos aportado latinidad moderna”, afirma Leo Fernández, cantante de Che Sudaka, banda colombiano-argentina más famosa en Europa que aquí.

Pero probablemente Brasil sea la novedad más fresca. En España se han asentado cracks como Leo Minax, Zezo Ribeiro o Fernanda Cabral. “Madrid es muy multicultural, todo el mundo pasa por aquí. Enriqueció mi carrera. Y todos, enriquecemos el país”, asegura Fernanda. ¿El futuro sonido del país que deportó a Rod Stewart? “Fusión –según Cabrera–, que no confusión”.