Publicado: 12.02.2016 21:18 |Actualizado: 13.02.2016 08:00

“En Irán un divorcio es como hacer la devolución de la mujer”

La joven cineasta Ida Panahandeh rinde tributo a la mujer iraní con su película ‘Nahid’, donde retrata la discriminación y el machismo fanático de su país. La directora se alzó en Cannes con el Premio al Mejor Nuevo Talento.

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‘Nahid’, de Ida Panahandeh

‘Nahid’, de Ida Panahandeh

MADRID.- Mientras los empresarios y gobiernos europeos y estadounidenses se frotan las manos pensando en los acuerdos de miles de millones que van a firmar con los ahora bienvenidos empresarios iraníes, en el país ‘amigo’ que preside Hassan Rouhani hay 160 menores en el corredor de la muerte. De ellos, las que peor parte se llevan son las niñas.

En los tribunales de nuestro flamante nuevo ‘aliado’ de Oriente Medio las niñas pueden ser condenadas a la pena capital con 9 años. Los niños, con 15 (datos de Amnistía Internacional). En medio de ese bárbaro patriarcado –Irán es uno de los países con mayor brecha de género del mundo-, una joven cineasta, Ida Panahandeh ha rodado Nahid, una película con la que rinde tributo a la mujer iraní y reivindica su libertad y su independencia.
Ganadora del Premio al Mejor Nuevo Talento en el Festival de Cine de Cannes, Panhandeh ha trabajado con la actriz Sareh Bayat, que se hizo popular por Nader y Simin, una separación.



Aquí, la actriz es Nahid, una mujer joven, divorciada y madre de un niño de diez años insolente y rebelde. Su ex marido, un drogadicto enredado en deudas con las mafias, aceptó dejarle a ella la custodia a cambio de que no volviera a casarse nunca. Pero Nahid está enamorada y quiere rehacer su vida.

Matrimonios temporales

Un trabajo mal retribuido con el que no llega a cubrir los gastos esenciales. No puede ni pagar el alquiler de la pequeña casa en la que vive. La tensión que sufre al tener que cumplir constantemente con las ‘normas de la decencia’ que impone la ley islámica. Y, sobre todo, el miedo a perder a su hijo, no hacen nada fácil la vida de Nahid. Sin embargo, ella no se rinde y, decide arriesgar y probar una oportunidad legal, la de los matrimonios temporales.

La cineasta Ida Panahandeh

La cineasta Ida Panahandeh

En Irán una pareja puede casarse temporalmente. Es una medida consentida, permitida, aunque muy mal vista en el caso de las mujeres que la utilizan. Y es un apunte más en el retrato que hace esta joven cineasta de la sociedad de su país y de la situación que viven las mujeres en él.

“En Irán un divorcio es como hacer una devolución de la mujer”, sentenció la cineasta durante la presentación de su película en la Seminci de Valladolid, donde explicó que el número de divorcios en su país es muy alto y que, generalmente, son bastante dramáticos.

“El hombre tiene todas las de ganar en los divorcios. El mantenimiento económico del niño recae en el hombre, pero también le dan la posibilidad de decidir. Y si un padre quiere vengarse, se venga”.

Violencia contra la mujer

No es el único caso en el que la mujer está en clara desventaja respecto de los hombres en Irán. El reciente llamamiento del presidente Rouhani a la igualdad de género, realizado en una conferencia para mujeres en Teherán –“puede que no representemos posturas feministas, pero tampoco de la Edad de Piedra”-, recuerda al cinismo de Franco jurando a la comunidad internacional que en España no había presos políticos.

La realidad de la mujer en Irán está muy lejos de ninguna igualdad. Aunque el 65% del total de la población universitaria son mujeres, hay muchas carreras que están vedadas para ellas. Sus derechos son inferiores a los de los hombres en cuestiones como el matrimonio, el divorcio, la custodia de los hijos o las herencias. No pueden realizar algunos trabajos y están mucho peor retribuidas que los hombres. Está prohibido que acudan a estadios deportivos, deben observar un código muy estricto con su vestimenta y no se las permite manifestarse.

A todo ello hay que añadir la peor parte: las ejecuciones por adulterio, los matrimonios forzados y los infantiles, las violaciones dentro del matrimonio, los ataques con ácido y la violencia familiar contra la mujer, según un informe realizado el pasado año por Naciones Unidas.

La revolución silenciosa

Mujeres jóvenes iraníes han iniciado desde dentro de Irán su propia revolución. 'My Stealthy Freedom' (Mi libertad silenciosa) es el lema de una campaña lanzada hace un año y medio en Facebook y con la que se reivindica el derecho de la mujer a elegir si llevar el velo o no.

El gobierno contraataca desde la televisión con su propia campaña: I love the hijab (Amo el hiyab). Desde dentro de Irán también alza su voz Ida Panahandeh, que demuestra una inusual madurez narrativa cinematográfica en esta película, donde combina perfectamente elementos de suspense, con una hermosa historia de amor y con lo mejor del cine social moderno.

Son pequeños pasos de esa ‘revolución silenciosa’ que, tal vez ahora que Irán es el nuevo gran amigo de Occidente, tengan mejores respuestas. Aunque, a la vista de algunos movimientos internacionales aún no hay demasiadas esperanzas. En lugar de exigir garantías de no discriminación (como obliga la Carta Olímpica), la Federación Internacional de Voleibol (FIV), por ejemplo, no deja de darse palmaditas en la espalda por haber elegido a Irán como país anfitrión del Circuito Mundial de Voleibol Playa y haber organizado, a partir del próximo día 15, los primeros encuentros en la isla de Kish. Naturalmente, las mujeres iraníes no acudirán a ver los partidos, está prohibido para ellas.