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Isaac Plaza Cristóbal, el violador que se quedó a un paso de matar

Este trabajador, hijo modelo y cariñosa pareja era en realidad un depredador sexual que durante siete años fue el terror de la noche madrileña

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Los psicópatas no tienen ni rabo ni cuernos ni nada que les asemeje físicamente a Lucifer. Tampoco caminan por la calle echando espumarajos por la boca. Y ni siquiera llevan grabada a fuego en la frente su condición de tales para alertar al resto de la humanidad. Por el contrario, suelen ser gente de apariencia bastante normal, que tiene trabajos normales en los que se comporta con toda normalidad y que forma familias normales con las que visita normalmente los centros comerciales una vez por semana para hacer la compra. Y es, precisamente, esa aparente normalidad la que convierte su captura en un verdadero quebradero de cabeza para la policía.

Isaac Plaza Cristóbal era un tipo bajito y bastante delgaducho que cuando fue detenido en enero de 2008 no había cumplido los 30 años. Encofrador de profesión, vivía con su madre en un populoso barrio de Madrid y salía con una chica a quien decía querer. Sin embargo, este trabajador, hijo modelo y cariñosa pareja era en realidad un depredador sexual que durante siete años fue el terror de la noche madrileña, a cuya sombra cometió al menos 17 violaciones de mujeres. La policía, cuando aún no le había puesto nombre y apellidos, lo llamaba El Búho porque siempre asaltaba a sus víctimas en las paradas de los autobuses nocturnos, los búhos, de la capital. Una característica común de los asaltos que no era la única, porque también tenía claro cuál era el perfil de las jóvenes a las que le gustaba atacar: chicas de entre 15 y 24 años, más bien menudas y delgadas. Y la forma de hacerlo: las abordaba por la espalda a punta de navaja, les ordenaba que no lo mirase a la cara, les exigía que apagasen el móvil y les pedía el DNI. Con él en la mano, las llamaba por su nombre y les decía que ya sabía dónde vivían para aterrorizarlas. Luego, comenzaba a hablarles sin parar. Las interrogaba sobre sus novios y lo que hacían con ellos para, al final, pedirles que pusieran nota a lo que él consideraba sus habilidades sexuales.

Hijo modelo y cariñoso novio, durante siete años fue un depredador nocturno

Así estuvo siete años, trayendo de cabeza a una policía que veía cómo en cada asalto El Búho iba volviéndose cada vez más agresivo y violento. Ya no le bastaba con la agresión sexual para excitarse. Quería que la víctima se resistiera. Si no lo hacía, la agredía e insultaba hasta que conseguía que la joven se opusiera para lograr la erección y consumar la violación. Según los expertos policiales, estaba a un paso de comenzar a asesinar a las víctimas de sus asaltos.

Sin embargo, una adolescente de 15 años puso fin a su carrera criminal. Él la asaltó, como siempre, en una parada de autobús, pero en esta ocasión la víctima tuvo la suficiente sangre fría para evitar la violación simulando que se sentía atraída físicamente por él y que le gustaría tener una cita más tranquila. Isaac aceptó y quedaron en verse dos días más tarde. Allí acudió él y la menor acompañada de su padre, policía de profesión. Fue el fin de El Búho. Detenido y acusado de las 17 violaciones por las pruebas de ADN, el esforzado encofrador, hijo ideal y cariñoso novio, aceptó en el juicio una pena de 250 años de cárcel. No lo llevaba escrito en la frente ni tenía cuernos, pero estaba a punto de convertirse en un asesino en serie.