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Isaac Rosa: "Esto no tiene arreglo con una ley de transparencia ni con medidas contra la corrupción"

El escritor retrata en 'La habitación oscura' a su generación, "víctima ante la crisis"

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El escritor Isaac Rosa dibuja en su nueva novela, La habitación oscura, un lúcido retrato de su generación, la de los que nacieron en democracia y se educaron con buenas expectativas de vida, y a quienes la crisis ha golpeado de forma especial y 'condenado a un futuro peor'.

'Nos sentimos víctimas ante la crisis y creemos que nos han engañado, estafado, y no nos valen los relatos simplificadores de lo que está sucediendo, ni los periodísticos ni los de los políticos', aseguraba hoy Isaac Rosa (Sevilla, 1974) en una entrevista con motivo de la publicación por Seix Barral de esta obra.

Galardonado con premios tan importantes como el Rómulo Gallegos y el de Andalucía de la Crítica por El vano ayer, o el de la Fundación José Manuel Lara a la mejor novela del año por El país del miedo, Rosa explora las posibilidades literarias de la oscuridad en su nuevo libro y, desde esa 'habitación oscura' en la que el autor encierra a los personajes, aplica 'una mirada generacional al tiempo en que vivimos'.

Y es que en esta novela, 'la más literaria' de las que ha publicado hasta ahora, todo transcurre en ese espacio oscuro que un grupo de amigos decide construir y que si bien al principio les sirve para practicar sexo anónimo sin consecuencias, luego, a medida que la crisis les va golpeando, se convertirá en un refugio en el que esconderse de la realidad cada vez más amenazante. Desde ese lugar oscuro, Isaac Rosa sigue a sus personajes a lo largo de quince años, los suficientes para que los 'nacidos en democracia' hayan visto cómo todas sus expectativas se han venido abajo.

Pero este escritor, que tiene 'una cierta voluntad' de intervenir en su tiempo con la literatura que hace, cree que hay que 'ser autocríticos' y ver qué se ha hecho 'durante estos años para llegar a la situación en la que estamos'. 'Si creemos los relatos simplificadores que nos cuentan de la crisis, seguiremos esperando a que alguien nos saque de ella, nos rescate, y no va a ser así', afirma Rosa.

'En descargo' de los de su generación se puede decir que han sido 'educados en el consumo y en la creencia de que esto iba a ir siempre hacia arriba', y que iban a tener 'más derechos, más libertad y más democracia' que sus padres. 'Sin negar todo eso, creo que debemos ser más exigentes con nosotros mismos y ver cómo nos hemos dejado llevar por el ambiente. Y lo seguimos haciendo porque, aunque tenemos un discurso muy encendido contra los responsables de la crisis, contra el capitalismo, a la hora de la verdad no creo que hayamos interiorizado el cambio que hace falta para superar esta etapa', señala el novelista sevillano.

La habitación oscura encierra varias lecturas posibles y el autor las deja abiertas para que sea el lector quien dé su propia interpretación a lo que se cuenta en esas páginas, en las que también se reflexiona sobre el espionaje informático y sus consecuencias en el mundo laboral. En la novela se plantean además posibles respuestas ante la crisis y se emprenden iniciativas para conseguir que 'el miedo cambie de bando', como dice uno de los personajes y como se oye decir con frecuencia en la calle.

Pero Rosa prefiere dejar al lector que sea él el que valore y 'el que juzgue hasta dónde se puede y se debe llegar' en la respuesta ciudadana. La crisis lleva ya cinco años castigando a millones de personas en el mundo, pero el escritor no cree que, al menos en España, se den las condiciones necesarias para 'un estallido social', si bien hay 'ciertas zonas de la sociedad mucho más inflamables que otras, y ciertos grupos cuya paciencia se está colmando'.

Lo que sí tiene claro es que el deterioro de los políticos y de las instituciones 'es irreparable y que esto no tiene arreglo con una ley de transparencia ni con medidas contra la corrupción'. 'En algún momento tendrá que haber una segunda transición, como lo llaman algunos, y va a haber cambios en la jefatura del Estado. Ya no se descarta que el rey tenga que abdicar, y deberían producirse también cambios profundos en el modelo territorial', concluye Rosa.

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