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Un jamón como homenaje a Raymond Chandler

Carlos Salem vuelve al humor y la sangre en su nueva novela

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El escritor Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) nunca olvida su pañuelo negro anudado a la cabeza. Ni esas camisetas oscuras que le dan un aire de pirata del siglo XXI. Ni su acento argeñol, mezcla entre su argentino materno y el castellano aprendido tras más de veinte años en España. Salem evoca al héroe bueno y al crápula que conoce bien los ambientes menos selectos de la noche. Un calco de su último personaje, Nicolás Sotanovski, antihéroe de su novela Un jamón calibre 45 (RBA). 'Sí, es mi novela más autobiográfica. Lo que ocurre en la novela me ha pasado más de una vez y no hace mucho', sostiene.

Y lo que sucede bebe también de la esencia literaria que el escritor ya ha plasmado en obras como Matar y guardar la ropa, Camino de ida y Pero sigo siendo el rey: varios muertos, mujeres atormentadas 'que gozan de esa lucidez momentánea que nos está vedada a los hombres', mucho sexo, una investigación algo rocambolesca por el barrio madrileño de Lavapiés y Marruecos, y un hombre con tintes chandlerianos dispuesto a conocer la verdad, aunque le digan una y otra vez que 'la verdad es un coño'. Esta vez, además, Salem se desnuda ante la voz de la primera persona.

'La novela negraya es un protogénero que lo invade todo'

'Yo creo que vamos incorporando lo que nos ocurre a la literatura. Por otro lado, en muchas escuelas se enseña que la tercera persona es la mejor, pero yo creo que es la primera. La tercera es la más mentirosa, puesto que es Dios, y Dios no existe', afirma el escritor.

Salem habla como escribe: frases lapidarias, ritmo frenético. 'Si te subes en la novela, te subes. Ese es el juego con el lector', recalca. Siempre, eso sí, con humor a borbotones. En sus novelas hay asesinatos y sangre, pero están aderezados con situaciones tan delirantes y patéticas que el lector no puede evitar la sonrisa. 'Algún día escribiré la novela de una asesino despiadado, pero el problema es que suelo tratar a personajes con mejor vida que yo. Y el humor es inherente a la vida. Yo nunca lo busco cuando escribo, sale solo. Por otro lado, todos somos bastante patéticos y del patetismo al humor hay un paso muy corto'.

Dos décadas después de bregar en múltiples trabajos (era la persona que contestaba las cartas del consultorio de una conocida revista femenina), Salem se ha hecho un hueco entre la nueva hornada de escritores de novela negra en español. Sus libros han sido editados en Francia, donde ha conseguido premios como el París Noir en 2010 y capitanea en Madrid el club Diablos azules, refugio de poetas y autores de policiaca. 'No creo que se trate de una nueva generación, sino de una nueva camada de gente que está entrando en el género para contar historias. Y eso permite que sea un tipo de novela, no con pretensiones, sino con acción literaria', objeta.

'Sin perder su parte social, el género policiaco ahora es más de personajes'

Un jamón calibre 45 se acerca mucho a esa novela negra cuyo estereotipos chorrean por los márgenes del género. Parece una novela existencial: el protagonista Sotanovski siente nostalgia de Argentina. 'Sin perder su componente social, la novela negra está reforzando su papel de novela de personajes. De Marlowe apenas sabemos nada, pero ahora sí hay una mayor profundidad en los detectives. La novela negra se ha convertido en un protogénero. Lo invade todo', ataja.

Y de ahí, sostiene, puede retratarse con mayor facilidad la rabia e indignación que atenaza a la sociedad. 'En mi próxima novela quiero que salga la crispación. Creo que estamos en un fin de ciclo. Nos hemos dado cuenta de que el capitalismo ha muerto de éxito y el socialismo, de burocracia. ¿Y ahora qué coño hay? Ahora vendrá lo salvaje', asegura este escritor que no confía en los participios y prefiere quedarse con el gerundio yendo.