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Javier Rebollo: "Me da envidia la curiosidad cultural de los argentinos"

El director presenta 'El muerto y ser feliz', segunda película española a competición en el Festival de San Sebastián

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En medio de un festival que en estos primeros días está destacando por el contenido, mayor o menor, crítico de sus películas, se ha presentado el tercer largometraje de Javier Rebollo, que ha roto esta tónica. El director compite con El muerto y ser feliz, último viaje a lo largo de 6.000 kilómetros de Argentina de un hombre, un asesino a sueldo, que sabe que va a morir a causa de un cáncer. José Sacristán es el protagonista.

Una voz va narrando las acciones del personaje en ese recorrido último. Con este recurso Rebollo hace simultáneos, a veces, pasado, presente y futuro, en un nuevo experimento cinematográfico que tiene, como sus anteriores trabajos, pocos, pero convencidos defensores y radicales enemigos.

'Es una voz completamente cinematográfica', dijo el director y guionista, que comparó a su personaje con el Cid y con el Quijote, y que aseguró que 'la memoria nos hace confundir cómo fueron las cosas. Todo es posible, pero en la película lo que se dice es: ‘Ojo, no se fíe usted de todo lo que ve'. Las imágenes son engañosas, hay que desconfiar de ellas'.

Javier Rebollo, que confesó su amor por Argentina, reconoció que le producía 'mucha envidia la curiosidad latente que hay en ese país por todo lo que tiene que ver con la cultura'. Manifiestamente agradecido con José Sacristán, el director aseguró que en aquel país el actor era muy querido, 'si se hubiera presentado a presidente de Argentina, hubiera ganado', señaló.

'Yo también quiero a Argentina y mi película –bromeó– es casi un documental de naturaleza. Los argentinos son así de surreales, locos y maravillosos. He hecho esta película para conocerlos mejor. Al fin y al cabo, el cine es un pretexto para conocer cosas y personas'.