Publicado: 27.11.2014 22:55 |Actualizado: 27.11.2014 22:55

John H. Elliot: "La gran obligación del historiador es matizar"

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John H. Elliot reivindica con cierta pasión su oficio de historiador. Él es uno de los hispanistas más respetados, un estudioso al que muchos recurren a menudo para extraer citas con las que apoyar argumentos.

Rememora sus impresiones del año 53, cuando vino a Catalunya para aprender catalán y castellano e identificarse y sumergirse así en la sociedad catalana. Hoy se resiste a opinar con rotundidad sobre la actual situación política.

Con la lentitud característica de los británicos ilustres, habla sobre las grandes obligaciones de los historiadores, entre las que se encuentra el deber de "matizar" y de "no caer en la tentación de escribir todo en blanco o en negro". "Hay que ver la interrelación entre pasado y presente y presente y pasado", asegura, pero cuando lo hace, cuando expresa ideas en tal sentido, toma distancia: "Tenemos que abandonar la historia parroquial". "La historia parroquial es importante —puntualiza— pero en el mundo global hay que poner los conceptos de patria y nación en contexto más amplio".

Se recuerda a sí mismo como un inglés que llegó a Barcelona a principios de los 50 y encontró "un ambiente asfixiante", "la censura, la prohibición de la lengua" . Pudo comprobar la tremenda "pobreza y tristeza" de aquellos años. Él estaba, dice, "acostumbrado a la libertad".

"Cada sociedad necesita sus mitos y también sus historiadores para intentar desmitificar" En una conversación organizada por el grupo RBA y junto a otro historiador, el medievalista José Enrique Ruiz-Domènec, explicó este jueves en Madrid que fue en su juventud a Catalunya porque quería estudiar sobre la sociedad y la economía de este país en el siglo XVII. Confiesa que sintió gran simpatía por "este pueblo oprimido" y, al tiempo, la necesidad de "acercarse a la verdad". Quiso investigar, entre otras cosas, sobre "cómo reaccionaban los catalanes" de entonces frente a "la política de Madrid". "En estos momentos de encrucijada", los actuales, había planteado Ruiz Domènec, "el conocimiento de la historia se hace más necesario".

El hispanista evocó la recopilación de documentos que realizó, los estudios en el Arxiu de la Corona d'Aragó, las conversaciones con Ferran Soldevila, sus paseos con este historiador catalán, e incluso su canto del himno de Els Segadors, "con lágrimas en los ojos". Y explicó que cada sociedad "necesita sus mitos", pero también a "sus historiadores para intentar desmitificar".

Para ello contó con la "contribución", dice, de Jaume Vicens Vives. Él se define como "un pragmático inglés", que intentó colocarse en la imparcialidad entre Madrid y Barcelona. Elliot, autor de La Revolta catalana y de La España imperial, que investigó a fondo la vida y actividad política del Conde Duque de Olivares, cree necesaria la reflexión sobre los motivos por los cuales "se tomaron unos caminos y no otros" y sobre qué habría ocurrido con los otros. No pensaba que el título de La España Imperial, que asegura que concibió mientras tomaba un baño, resultaría tan importante para algunos.

Piensa, sin embargo, que en el sistema monárquico de los siglos XVI y XVII, el de los Austrias, "prevalecía el pluralismo". Se pregunta si la Constitución del 78 no quiso recrear algo así. Califica aquel régimen de "monarquía compuesta", que funcionó durante dos siglos. El nacionalismo español de los siglos XVIII y XIX, según él, cambió las cosas. Dejó de ser funcional.