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John Rambo también fue rojo de joven

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Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), primera parte de la saga de Rambo, se había estrenado dos años antes de que la retórica reaganiana empezara a calar en Hollywood. No sólo no tenía nada de anticomunista sino que, en una de las paradojas más alucinantes de la cultura popular de los ochenta, se parecía mucho más a los filmes críticos con la intervención en Vietnam que rodó Hollywood en los años setenta que al delirio cinematográfico derechista del resto de títulos de la saga Rambo.

Basada en el soberbio best seller Primera sangre (1972), del escritor canadiense David Morrell, Acorralado contaba la historia de un veterano de Vietnam (John Rambo) que tras llegar de la guerra, incapaz de adaptarse a la vida civil y sin trabajo, vagabundea por los pueblos del país. Primero se entera de que un amigo con el que combatió en la guerra ha muerto de cáncer por los efectos del Agente Naranja (usado por el ejército estadounidense durante el conflicto). Eso le cabrea, pero lo peor está por llegar.

Nada más llegar a un pequeño pueblo de las montañas del estado de Washington, el sheriff del lugar le invita a pasar de largo y no quedarse ni un minuto más allí: no le gustan sus pintas desaliñadas. Rambo no hace caso a sus órdenes y se intenta instalar en la villa. Lo acabará pagando: los agentes le detienen, le golpean y tratan de afeitarle y cortarle las greñas. Craso error. En pleno forcejeo, a Rambo le da un flashback de las torturas que sufrió en Vietnam y se monta la de Dios es Cristo.

Antiguo miembro de las Fuerzas Especiales, John Rambo escapa, se echa al monte y se lía a tiros con sus perplejos perseguidores, que pensaban que se trataba de un vagabundo, no de una máquina de matar entrenada por las unidades de élite del ejército estadounidense.

La película no hace honor al trepidante libro de Morrell, que llevaba hasta un extremo brutal la idea de un veterano que, incapaz de encontrar la paz a su regreso, decide llevar la guerra a casa. En el libro, Rambo actúa como una bestia parda y mata a muchos de los policías y militares que le persiguen, mientras que en el filme se comporta con la suficiente humanidad como para poder convertirse en un nuevo héroe americano, como así fue. Con todo, Acorralado era un digno filme de acción que no tenía mucho que ver con el reaganismo que comenzaba a despuntar. Es como si Rambo se hubiera dado un golpe en la cabeza durante ese rodaje y se hubiera levantado convertido en otro.