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'José K.', un monstruo cargado de razones

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La polémica persigue a José K. Torturado. 'Sólo por plantear si torturamos o no a esta bestia', dice la actriz Sandra Toral, productora de la obra, basada en un escrito del fallecido Javier Ortiz. La bestia a la que alude Toral es el protagonista del montaje, un terrorista que ha puesto una bomba en una plaza y que está siendo torturado por la Policía para que diga dónde está el explosivo. Mañana se estrenará en única sesión la versión que dirige Carles Alfaro y que interpreta Pedro Casablanc, en Girona, dentro del Festival Temporada Alta.

La polémica empezó en 1998, cuando Ortiz dio una conferencia sobre la tortura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Muchos abandonaron la sala indignados, otros llegaron a insultar al ponente y a desearle lo peor. Sandra se quedó emocionada. Y propuso hacer una lectura dramatizada a partir de la situación que describía Ortiz. La editorial Atrapasueños editó el texto antes incluso de la muerte del autor, en 2009.

'La sociedad, en su trastienda, crea estos monstruos', dice Carles Alfaro

Carles Alfaro lleva más de medio año dándole forma al montaje teatral. 'Hemos recuperado muchos de los borradores de Ortiz', comenta el director valenciano. 'Y seguimos la huella del criterio del autor que, creo que con cierto pudor, como si de alguna manera se le fuera la mano, fue corrigiendo hasta su versión final'. Sandra Toral da fe de esas dudas inevitables y terribles que asolaron a Ortiz a la hora de poner un final a la disertación.

'No quiero saber nada de demagogias ni de moralinas', dice Alfaro. 'Me interesan los problemas que acarrea tener conciencia. Se trata de dar voz a todos: a los muertos, al verdugo, a los torturadores y al torturado de la manera más desnuda, para plasmar todas las contradicciones sin ningún tipo de rubor'.

'Este terrorista quiere perturbar la repugnante paz del poder'

'Es evidente que estamos ante un monstruo, pero cargado de razones, por inaceptables que sean', dice Alfato. 'El problema es que esta sociedad, en su trastienda, está creando estos monstruos'. En el aire, preguntas sin respuesta: ¿Quién decide en qué circunstancias podría ser lícito torturar? ¿Dónde está esa línea?

Otro problema es que estos monstruos no están enfermos, como tendemos a pensar, para poder mirar hacia otro lado. 'Está cuerdo', asegura el director. 'Es consciente de que con esa bomba no va a cambiar nada. Lo hace exclusivamente para perturbar la repugnante paz del poder y para vengar su asco'.

El Nobel José Saramago, que leyó el texto original, dijo que lo grave es que la tortura ya no escandaliza. 'Lo asumimos como un mal menor', coincide Alfaro.