Publicado: 17.11.2016 17:15 |Actualizado: 19.11.2016 07:00

José Luis Gómez: “De pronto, la democracia se está desacreditando”

El actor hace una memorable interpretación de Miguel de Unamuno y defiende así la urgente necesidad de un espíritu crítico. Lo hace en ‘La isla del viento’, primer largo de ficción de Manuel Menchón, que narra el destierro del filósofo en Fuerteventura y muestra su extraordinario discurso en Salamanca.

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José Luis Gómez, en 'La isla del viento'

José Luis Gómez, en 'La isla del viento'

MADRID.- El pasado 12 de octubre se cumplieron ochenta años del histórico discurso de Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Ocho decenios desde el espeluznante grito de Millán-Astray: “¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!”. Desde entonces, nunca tanto como ahora ha sido necesario defender con uñas y dientes la cultura. Por ello, la recuperación hoy del filósofo, adalid de ésta y del pensamiento crítico, es un acierto valiente y oportuno en momentos en que dominan la necedad y banalidad, en que se desprecia de nuevo a la inteligencia y en que “la democracia se está desacreditando a sí misma”. Cuando todavía no se ha cesado en la manipulación de su figura, el joven director Manuel Menchón la restablece, y arriesga y debuta en la ficción con La isla del viento, sobre los días del exilio del escritor bilbaíno en Fuerteventura y su extraordinario discurso.

¡Qué grande Miguel de Unamuno! ¡Qué grande José Luis Gómez! y ¡qué bienvenida esta película que repara la imagen del intelectual enturbiada por algunos! Menchón, con la colaboración fundamental de Gómez y también de Víctor Clavijo, muestra al filósofo en su verdad, la del hombre que “sin estar en una situación final y sin ninguna necesidad, se puso delante del dragón que echaba fuego y les escupió en la cara”.

Muchos otros gritaron ¡Viva la República! ante el pelotón de fusilamiento. Fueron valientes que iban a pagar con su vida. Unamuno se jugó la suya en ese gesto de expiación por “el inmenso error que cometió al defender el golpe de Franco, pensando que éste iba a salvar a la República”. (El bando con el que se inició la Guerra Civil en Salamanca concluía con un "¡Viva España y viva la República!"). Así, cuando todavía hay perversos rumores sobre el apoyo de Unamuno a los fascistas, José Luis Gómez decide gritar en nombre del pensador: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.



La película recupera la figura de Unamuno. ¿Es especialmente necesaria en estos días?

Sí. Tengo la sensación de que, hasta antes de la Transición, Unamuno era una figura relevante y en la atmósfera estaba su conciencia filosófica y literaria. Con la Transición y con la ‘Movida’ parece que llegamos a un mundo nuevo donde todo iba a ser mejor y posible. Sin restar méritos a la ‘Movida’ y la Transición, eso fue una fatamorgana. No hay en el presente una figura con el dinamismo espiritual y crítico de Miguel de Unamuno, que sacuda nuestras conciencias.

¿Ninguna?

Hay pensadores, pero la sociedad se ha transformado de una forma terrible. Los medios de comunicación y la llamada cultura de masas son un verdadero terremoto. Ahora parece que todo es cultura, pero, no. La cultura es lo que ayuda a conformar al ser humano en su relación con la sociedad, que te enseña a través del pasado y del presente y de las obras de los hombres. Hoy, cuando los poderes públicos hablan de cultura hay que echarse las manos a la cabeza. Me hago partícipe de la opinión del Premio Nobel Czesław Miłosz cuando dice que “la cultura de masas es como una miríada de enjambres de moscas que van directo al crematorio”. Es en ese magma de la cultura de masas en la que el pensamiento y el espíritu críticos se ahogan.

Y Unamuno es el gran defensor del pensamiento crítico…

…Y ahora estamos asistiendo a algo que está sorprendiendo en el mundo, al hecho de que las sociedades, las poblaciones, los ciudadanos, a quienes en las sociedades avanzadas se les presupone un espíritu crítico, hagan sus elecciones con una aparente ausencia de cualquier sentido crítico. Eso forma parte del desconsuelo del presente. ¿Cómo es posible que nos equivoquemos tanto? Esto se lo pregunta gente en EE.UU., Europa… en todas las sociedades. Unamuno contestó a Millán-Astray: “No puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición”.

La isla del viento

La isla del viento

¿Esa ausencia de espíritu crítico explica el resultado de algunos comicios recientes?

Sí. Estamos asistiendo impotentes a un hecho que nos hace temblar. De pronto, parece que, a través de las elecciones que hacen los ciudadanos, la democracia se está desacreditando. De pronto, no es un instrumento de convivencia, sino uno que permite la discriminación de los ‘otros’. ¿Qué está pasando? Siento que la democracia, en la alternancia de partidos políticos según les conviene a algunos, desfavorece el espíritu crítico. Cuanto más acrítica sea la masa, mejor para los poderosos. Esto pone en grave peligro la democracia. Un indicador aquí de lo que ocurre es que la memoria histórica no haya sido afrontada con templanza y con el rigor necesario.

¿Es hora de reparar, pues, la figura del intelectual?

Unamuno vivió un rechazo, pero la verdad es que nunca traicionó a la República. No le gustaban las formas que asumió en su gestión el Frente Popular, como a muchos españoles. Él pensaba que el golpe de Franco iba a salvar a la República. Cuando se dio cuenta de que los fascistas empleaban toda la fuerza, cambió de opinión. Unamuno, cuando oye lo que se está diciendo en el Paraninfo, sin estar en una situación final y sin ninguna necesidad, se puso delante del dragón que echaba fuego y les escupió en la cara. Es un acto de expiación por el inmenso error que ha cometido.

Todo en él, su vida y su obra, es un ejemplo de protección a la verdad.

En Unamuno es esencial esa actitud hacia la verdad, pero también su incorruptibilidad, el llamar a las cosas por su nombre. Por otro lado era un hombre tierno, riguroso, educado y que no andaba azucarando las relaciones.

¿Siente que esta película aporta algo esencial a la sociedad?

Yo tenía un proyecto en televisión con mucho dinero, pero no dudé ni un segundo en aceptar este ofrecimiento de una película muy modesta y con un pago adecuado a eso. Siempre me pregunto qué puedo aportar. Esa ha sido la razón de La Abadía. Y aquí había un ochomil que conquistar. Unamuno es una cosa tremenda.