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Josh Radnor: "El cine retrata al ser humano con mucho cinismo"

El protagonista de 'Cómo conocí a vuestra madre' insiste en el paso del tiempo, el amor y la literatura en su segunda película como director, 'Amor y letras'

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Lleva ocho años conviviendo con Ted Mosby, el personaje protagonista de la serie de televisión Cómo conocí a vuestra madre. Con él ha alcanzado popularidad mundial y gracias a él descubrió que le fascinaba la dirección y que lo que realmente quería hacer era 'escribir algo para mí'. Así, en 2010 debutó como guionista y director con HappyThankYouMorePlease, con la que ganó el Premio del Público en el Festival de Sundance. Este galardón le abrió las puertas del cine de par en par. Ahora presenta su segundo largometraje, Amor y letras, que llega a las salas españolas el 15 de marzo, y donde insiste en el paso del tiempo, la literatura y el amor.

La nueva película de Josh Radnor -presente en Sundance y la Seminci- es la historia de Jesse Fisher, un profesor de Literatura que se enamora de una estudiante. En realidad el personaje, un lector fanático y obsesionado, está viviendo con cierta antelación la crisis de los cuarenta y se enreda en un romance con una chica (Elizabeth Olsen) mucho más joven que él. Amor y letras, como su anterior trabajo, es una comedia romántica donde el director apuesta por el tono positivo y la ausencia total de cinismo.

Le quedan por grabar los últimos ocho episodios de la serie, ¿sigue llevándose bien con Ted Mosby después de tanto tiempo?

Es una relación extraña. Después de tanto tiempo intento tomármelo cada vez menos en serio. La gente pasa mucho tiempo con él y cree que yo soy como él, pero Ted Mosby es diferente a mí en muchas cosas. Es complicado identificarse con un personaje que no es como tú, que no has creado tú... Al mismo tiempo es un personaje muy vivo y la gente, a veces, le conoce mejor que yo. Tienen una relación emocional muy fuerte con él. Y eso me gusta mucho, que la gente haya conectado significa que yo he aportado algo muy positivo, en vez de más desesperanza y miedo. Creo que Mosby hace que la gente se sienta bien.

Esta película y la anterior no se parecen en nada y, al mismo tiempo, son, digamos, de la misma especie.

Sí, son cosas muy similares, aunque lo guiones son muy diferentes. Pero ahí están, creo, los mismos temas, el hecho de madurar, el paso del tiempo... Ahora estoy con otros guiones y ya son diferentes. Aquí cuento la historia de unos personajes que creen en la transformación del ser humano, siempre que se cambie de perspectiva, claro.

Vuelve a huir del cinismo como en la película anterior, ¿no le ha tentado ponerse un poco ácido tal y como está el mundo?

Hay ya muchísimas películas muy negras y hay mucho cinismo en ellas en el retrato del ser humano que se hace. Yo creo que hay espacio para películas más positivas y más optimistas.

Su protagonista es víctima de la ficción. Lee tanto que vive más esas historias que la vida real. ¿Usted, que es un profesional de la ficción, se ha sentido así alguna vez?

Creo que es muy fácil, a causa de los libros, crearse mundos alrededor de uno. El personaje es una especie de fanático de la lectura al que le ha superado eso. Tampoco sé si solo lee ficción, lo que sí sé es que se esconde del mundo en los libros. La chica de la historia es una persona que está viva y está en el mundo. Es la que hace que él se salga de esa dinámica y de esa fortaleza de los libros. Es verdad que a él los libros le hacen conectar con el lado más optimista de la vida.

Amor y letras es una historia de un hombre en plena crisis por la edad. Ese síndrome del eterno adolescente, que también vive la sociedad, ¿no está resultando dañino?

Puede ser, aunque no creo que sea necesariamente un problema, porque todos nos podemos transformar. Pero, la verdad, sí, todos creemos que tenemos diecinueve años. Mi padre una vez me dijo que se sentía joven, que tenía el mismo apetito que cuando tenía diecinueve, pero que no comía igual porque engordaría. Todos tenemos el síndrome de Peter Pan.

¿Qué cambia esencialmente cuando eres adulto?

Ser adulto es inventarte la vida sobre la marcha, ese es el truco. Es como cuando hice la primera película, al dirigir daba a entender que tenía mucha idea de lo que estaba haciendo, pero no era así, aunque luego resultó que aprendí. Eso es un poco ser adulto. Al final del viaje los personajes o las personas entendemos mejor quiénes somos.

Le han comparado varias veces con Woody Allen, ¿qué sienten cuando oye esto?

Yo nunca he hecho ni haría esa comparación, por supuesto. Woody Allen tiene más de cuarenta películas y es un genio. Sí es una gran influencia para mí y, aunque le admiro profundamente, últimamente estoy enfadado con él. Creo que a los que empezamos nos comparan con otros porque aún no tenemos nuestro propio estilo. Quiero hacer más películas, entonces ya veremos si me siguen comparando con él.

Pero ¿puede decir que ya ha escogido una dirección?

Bueno, yo quiero hacer las películas que quisiera ver. Confío en encontrar el camino. Esto es como la música clásica, que necesita un tiempo y una quietud para entenderse. En este mundo lleno de ruidos, de explosiones, de películas frenéticas, yo tengo otro registro. Hago las películas  que me gustan, con romance, humor, poesía... y con temas universales, como en esta película, porque todo el mundo se hace mayor, ¿no?

En su ópera prima el protagonista era escritor, en ésta es profesor de Literatura, ¿qué tiene usted con los libros?

En el caso de esta película el personaje está en el mundo de la Universidad, que es un universo que yo conozco muy bien, por eso he sido capaz de escribir de ese mundo. En un lugar donde se puede hablar con mucha pasión de un libro. Además, como actor leo mucho y, sobre todo, me importan mucho las palabras, siento pasión por las palabras.