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Los jóvenes no dan la talla

Los diseñadores noveles inauguraron ayer la primera jornada de la pasarela madrileña con unas colecciones que no consiguen convencer

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Ay, ay, ay. ¿Juventud, divino tesoro? Como los jóvenes diseñadores españoles no se pongan las pilas, la única fortuna que van a representar es el de lo monótono, evidente y previsible. Ahora que Alexander McQueen está en el Olimpo de la Moda, justo entre Chanel y Balenciaga, muchos de los diseñadores de El Ego de Pasarela Cibeles deberían elevar sus plegarias para invocar su exquisita irreverencia: McQueen fue destroy hasta para quitarse la vida. ¿Qué se les debe exigir a los participantes en un certamen así?

Si muchos de los creadores que forman parte de esta pasarela levantasen la vista del patrón para mirar a su alrededor, verían un escenario masificado de moda, donde parece evidente que para destacar, ser visible y adquirir una identidad creativa única, más vale pasarse que no llegar, ser duros y contundentes en sus propuestas, rebuscar hasta encontrar las joyas y metales preciosos que les conviertan, por fin, en el tesoro que su edad debe representar.

Mastache se la jugó y ganó con una colección inspirada en el mestizaje

Isabel Mastache fue de las pocas que se aplicó ayer el cuento. Jugaba con ventaja: la moda masculina está mil veces menos explotada que la femenina. Por no decir que ha estado trabajando dos años enteros en esta colección. Aún así, se la jugó y arriesgó hasta el final, con una colección muy elaborada en materiales, formas, volúmenes, superposiciones y colores, e inspirada en el mestizaje étnico y las mezclas salvajes del folklore búlgaro. Podrá gustar más o menos, pero desde luego la palabra indiferencia no será el hacha creativa de Mastache.

Aunque, puestos a rebasar los límites de lo comercial, más vale hacerlo sin caer en el disfraz y lo vulgar. Tal fue el caso de la alemana Maya Hansen, quien debió pensar que un repertorio interminable y repetitivo de vestidos pensados para las amantes del heavy y groupies de Guns N Roses y Metallica, pero en su versión más drag queen, debía ser una buena idea para dejar a la gente boquiabierta. Lo consiguió, pero no como ella pensaba.

American Pérez se hizo con el deseado Premio LOreal a la Mejor Colección

American Pérez parecía que iban a representar los mismos valores que el nombre de su marca, una mezcla de exceso yanqui y sentido kitsch español, muy al gusto de aquel Almodóvar de los ochenta. Sus 'mitos rurales norteamericanos' no fueron un exceso a caballo entre el glamour y la chabacanería, sino un recital de tonos pastel y ñoños vestidos baby doll, que ocultaba algunos looks más inspirados, sobre todo sus maxi jerséis de lana. A alguien debió gustarle mucho, porque al final se llevaron a casa el codiciado Premio LOreal a la Mejor Colección de esta edición deEl Ego de Pasarela Cibeles.

También es justo decir que, por ejemplo, Ana Sánchez y Susana Galindo, diseñadoras de la firma Solitas, han presentado un magnífico repertorio de artísticos estampados, que seducen más en las distancias cortas. También son memorables sus gabardinas oversize y, en general, el espíritu british de toda la colección. ¡Y eso que son gaditanas! Aunque mal compactado, Carlos Doblas intentó un arriesgado juego de contrastes cromáticos y de texturas, donde los tonos amarillo ácido se enfrentaba al cámel y los tejidos en plástico transparentes se mezclaban con la falsa peletería.

En un peligroso terreno de nadie, frontera entre lo llamativo y lo simple, se ubicaron las diseñadoras Anjara y Georgina Ordinas. En el caso de la primera, el espíritu bohemio resultante de unir superposición de prendas oversize en tonos pardos fue tan manido y comercial (algo que ella misma admite), tan correcto y dentro de los márgenes del mercado, que no se explica dentro de un entorno que, por definición, debería ser todo lo contrario.

El caso de Ordinas es más especial, necesita ser observado con mayor detenimiento. Que nadie se deje llevar por el negro, color omnipresente de su colección, porque la precisión de sus cortes y la revisión de la sastrería tradicional (el talón de Aquiles de muchos jóvenes diseñadores) hacen que merezca poner los ojos en ella y valorar la que promete una gran evolución. Aunque cuidado: demasiada austeridad mata el hambre de moda.

La dualidad de Cati Serrà es otro problema común de los creadores noveles. ¿Se trató de una colección muy sencilla o extremadamente compleja? Según se mire. Serrà debió haber elegido un camino y no el del medio. Al principio, mandó lo sencillo, con patrones muy amplios que se ajustaban al cuerpo con frunces y drapeados. Su trabajo para el próximo invierno parecía liviano y bucólico, de una suave modernidad. Luego cambió: los jerséis de punto grueso con volúmenes llevaron el desfile a una posición visual densa, de lo más pesada.

Aunque el mayor traspié conceptual llegó de la mano de Sara Coleman y su colección de prendas visionarias, que establecían el agujero como metáfora de todo lo que está por entrar. Filosofar demasiado en un entorno como el de la moda puede hacernos perder la atención sobre la propia prenda. Ayer fue el día de la juventud, de lo que debían haber sido ideas innovadoras, rupturistas y transgresoras. Hoy le toca a los 'consagrados', estatus al que todos los diseñadores de El Ego pretenden alcanzar. Pero antes toca apostar.