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La Justicia francesa también duda del chófer de Picasso

Tras imputar al electricista del pintor, la Fiscalía sospecha de otro de sus trabajadores

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Los antiguos trabajadores de Pablo Picasso se enfrentan a la Justicia francesa, cada vez más suspicaz respecto al origen de las misteriosas colecciones compuestas por supuestas donaciones efectuadas en vida por el pintor malagueño. Dos semanas después de imputar al electricista del pintor malagueño, Pierre Le Guennec, poseedor de 271 obras inéditas de Picasso que había mantenido ocultas hasta el momento, la Fiscalía francesa sospecha ahora de otro de los trabajadores del pintor.

Maurice Bresnu, su chófer entre 1967 y 1973, habría sido el propietario de unas 200 obras más, entre las que figurarían lienzos, dibujos y cerámicas. Bresnu murió en 1991, dejándolas en legado a su mujer Jacqueline, que a su vez falleció hace tres años. Jacqueline vendió la mayor parte de las 200 obras, pero conservó una treintena de dibujos que, desde su muerte, se encontraban en proceso de asignación a seis herederos, que debían repartirse el dinero tras una venta pública prevista para el pasado diciembre en el Hôtel Drouot, el templo de las subastas de París.

Cree que el conductor cedió parte de su colección al electricista

Pero la Justicia paralizó la subasta al descubrir que Le Guennec y Bresnu estaban unidos por vínculos de familia. Según la investigación en curso, el electricista y el chófer serían primos hermanos. La procedencia de las obras es analizada estos días por la Policía francesa, un proceso lleno de obstáculos, ya que muchas de las obras ni siquiera están firmadas por el artista, pero fueron validadas como suyas a finales de los ochenta por su propia hija, Maya Picasso. Otras, en cambio, están dedicadas a Nounours (Osito de peluche), el apodo cariñoso que Picasso utilizaba para referirse a su chófer.

Las incógnitas sobre el personaje se multiplican. Antiguo taxista contratado por Picasso en Cannes, Bresnu se convirtió en uno de sus hombres de confianza. Tras la muerte del pintor, se retiró al interior francés, donde llamó la atención por un ostentoso estilo de vida. En las paredes de su mansión, hoy perteneciente a una pareja de ricos estadounidenses, colgaban las obras de Picasso. Bresnu siempre dijo que se trataba de regalos del pintor. Pero, curiosamente, nunca los quiso tasar ni vender hasta que murió la viuda del pintor, Jacqueline Roque.

'Casi todo lo que tenían de Picasso lo habían robado', declaró otro operario

Una de las hipótesis manejadas es que el chófer y su esposa, que no tuvieron hijos, cedieran parte de la colección al electricista Le Guennec, imputado por 'receptación'. Es decir, la posesión de un bien obtenido de manera delictiva por terceros. La propia definición del delito del que es sospechoso ya apunta a la versión de los hechos que baraja la Justicia. 'Hoy todo el mundo sospecha de los Bresnu, pero es fácil acusarlos porque están muertos', explicaba el abogado de Le Guennec al diario Le Parisien, que ayer reveló el caso.

El mismo periódico obtuvo el testimonio de Domingo, un portugués que trabajó para la pareja durante los noventa. 'Casi todo lo que tenían de Picasso lo habían robado. En privado nunca escondieron sus hurtos. Hablaban de ellos libremente', dijo el antiguo empleado, que afirma que murieron debiéndole entre 80.000 y 100.000 euros de sueldo no pagado.