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Keith Richards descuartiza a Mick Jagger

Todas las peleas de los Rolling Stones aparecen al detalle en las memorias de su guitarrista

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Qué recuerdos más gratos le dan a Keith Richards las naranjas de Valencia. Y no es que las haya probado. Su relación con Anita Pallenberg comenzó en un coche que les llevaba de Barcelona a Valencia hace 40 años. Sin que mediara una palabra, Pallenberg le bajó la bragueta del pantalón y le hizo una felación.

Hay que decir que ninguno conducía y que hay cosas que no se olvidan. 'Recuerdo el olor de los naranjos de Valencia', escribe el guitarrista de los Rolling Stones en sus memorias. 'Cuando follas con Anita Pallenberg, recuerdas cosas'.

El libro de Richards –'Life' sale a la venta el 26 de octubre– es lectura obligada no sólo para los seguidores de los Stones. Pocos libros pueden representar mejor la locura de los 60, en términos de creatividad y locura desenfrenada, que las memorias de este músico adicto a todos los excesos farmacológicos inventados por el ser humano.

La presencia de Richards, de 66 años, entre nosotros es un legado de la capacidad de resistencia de los rockeros para llegar hasta el final. Si a muchos de ellos les molesta que les recuerden la parte, digamos, delictiva de su pasado –todas esas sustancias que las campañas contra la droga nos animan a no tocar–, Richards parece encantado de hablar de ello.

Todo gira en torno a su imagen de músico satánico, drogata reincidente y pirata de la era anterior al capitán Sparrow. Y orgulloso de ello: 'No tengo prevista la muerte. No quiero ver aún a mi viejo amigo Lucifer. Porque es a él a quien voy a ver, ¿no? No creo que vaya al otro lado', dijo ayer en una entrevista con The Times.

Si hay algo interesante en Life, son los detalles de ese matrimonio duradero que formó con Mick Jagger. Richards encuentra un placer especial en burlarse de su viejo amigo y socio.

'Fue a comienzos de los 80 cuando Mick comenzó a ponerse insoportable' es el estupendo comienzo de uno de los capítulos. Es difícil mejorar eso, pero no.

Después sabemos que Jagger la tiene pequeña (aunque la fuente de esta medición son otros), que la música que ha hecho en solitario no vale mucho (su disco 'Goddess in the Doorway' 'es como 'Mein Kampf' [de Hitler], todos lo tienen y nadie lo ha leído”), que Mick no canta con el corazón, pero sí toca bien la armónica, que también intentó escribir un libro, pero que no pudo terminarlo... La lista es interminable.

Resulta que Mick Jagger sí ha leído el libro antes de su publicación. Le preguntan a Richards si le pidió que eliminara algún fragmento hiriente.

El guitarrista se parte de risa y dice que sólo la referencia a que Jagger tuvo un profesor de canto para que le educara la voz: 'Y todos lo sabían. Ha salido en un millón de entrevistas pero por alguna razón dijo: ‘¿Podrías quitar esto?’ Y le dije: ‘No, he intentado contar la verdad'.

Uno se pregunta entonces cómo ha podido sobrevivir la relación entre Keith Richards y Su Majestad o Brenda (apodos de Jagger cosecha de Richards). Quizá porque la mayor banda de rock de la historia no podía desaparecer o porque casi sólo se ven en el escenario. Richards no ha pisado el camerino de su socio en los últimos 20 años.

Richards dejó la heroína en 1978 y la cocaína en 2006. Se ha quedado con el tabaco. Eso no es lo más importante. Dice que 'la fama ha matado a más gente con talento que las drogas'. Con él, todavía no ha podido.