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Los kilobytes también emocionan

El Reina Sofía estrena 'Máquinas y almas', una exposición que combina robótica, biotecnologías y 'software art'  

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Para quedarse con la boca abierta y pedir tres tazas más. Así es la exposición Máquinas y almas, en el Reina Sofía. Robots que cantan, fuentes de ferrofluidos, cuadros que cambian su composición según con la proximidad del visitante, películas de animación... Máquinas y almas es la exposición con la que hubiera soñado Da Vinci, formada por códigos tan actuales que resulta del todo inesperada.

La muestra ha sido presentada por Manuel Borja-Villel, director del centro, como “algo distinto” porque “implica un cambio en el modelo expositivo y convierte al espectador en usuario”.  José Luis de Vicente, comisario junto a Montxo Algora, subrayó la “vocación pedagógica de un terreno que genera mucha fascinación”. La principal diferencia respecto a las exposiciones convencionales radica en que utiliza lenguajes con los que ha crecido la generación de los 90 y supera la noción maratoniana de los museos con poufs que están ahí para digerir las obras de un modo lúdico, relajado.

La división en dos salas (una en el edificio Sabatini y la otra, en la ampliación de Nouvel) enfatizan las dos partes que la componen. Una caja negra en  la que el espectador puede introducirse dentro de la obra; y un espacio blanco que incide en las transformaciones políticas, sociales y económicas operadas por la tecnología.

La exposición combina obras de 20 artistas tan representativos como Theo Jansen, Harun Farocki, Vuk Cosic, Daniel Rozin, Sachiko Kodama, David Byrne (vocalista de Talking Heads) y David Hanson. Borja-Villel refirió que la exposición certifica “el cambio sustancial de nuestra percepción del mundo”, que se operó entre finales de los 80 y principios de los 90.

Las piezas reunidas están a medio camino entre la robótica, las biotecnologías, el software art y las redes sociales. Un arte digital que, al ser relativamente nuevo, posee las características de un recién nacido: dubitativo pero con un enorme potencial. Si los ordenadores son, como dijo Sherry Turkle, el espejo psicológico donde nos contemplamos, Máquinas y almas es nuestro retrato más entusiasta.