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Lacuesta arriesga y gana

'Los pasos dobles', realizada junto a Miquel Barceló en Mali, conquistó la Concha de Oro tras convencer a un jurado que premió su valentía. María León triunfó como mejor actriz y el filme griego &

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Un suceso extraño y peligroso. Eso es una aventura. Y eso es también el cine de Isaki Lacuesta, que conquistó ayer la Concha de Oro con Los pasos dobles, verdadera declaración política sobre la aventura como motor del cine y de la vida. La película, que realizó en Mali con la colaboración de Miquel Barceló, toma como inspiración las peripecias del misterioso artista François Augierás en África, para construir un filme lúdico y luminoso. El riesgo de Lacuesta conquistó a un jurado presidido por Frances McDormand, que demostró coraje a la hora de premiar películas que no habían obtenido el aplauso unánime.

Bandidos en peripecias delictivas, niños vestidos de baobab, amor y acertijos, exploradores en busca de un búnker de leyenda, donde, dicen, François Augierás dejó pintado un mural 'para el hombre del siglo XXI'. 'Esta es una película de aventuras excéntrica', ha dicho Lacuesta. Y un tributo a la tradición de los cuentos orales, que transforman su relato de boca en boca y de siglo en siglo. 'Los mitos están hechos con pedazos, eso aspira a ser esta película', apunta el director. Western, comedia, cine de aventuras, surrealismo y animismo... muchos mundos habitan Los pasos dobles.

Puede que esta sea una película muy africana porque, como dice Barceló, se hizo con lo que había. Isaki y el artista comparten un territorio común, una forma de trabajo que aprovecha el accidente y lo imprevisible. 'Los dos usamos el hueco y la ausencia. Y en África esto sucede todos los días, la gente vive e inventa con lo que tiene', decía el pintor a Público. Lacuesta lo secunda: 'Tenemos en común la búsqueda de la intensidad. No nos da miedo que haya un trazo que se nos salga de la raya'.

El filme fue tildado de críptico por algunos sectores de la crítica, porque no resuelve las situaciones que va creando, porque prefiere no buscar justificaciones y porque sus personajes van mutando. De hecho, Los pasos dobles provocó una de las ruedas de prensa más conflictivas del festival, con espantadas de varios periodistas. 'Los críticos de cine son peores que los de arte, al menos los de arte no se marchan en mitad de una presentación', dijo un bromista Miquel Barceló aquel día. Para Lacuesta esta es una película que se entenderá más adelante, que precisa de ojos limpios, que no busquen lugares donde amarrarse, sino que se dejen guiar por las mutaciones y las protuberancias felices del filme. 'El cine español está viviendo tiempos de gran vitalidad y riqueza', dijo feliz con la Concha de Oro en la mano.

El riesgo del jurado también prevaleció al otorgar dos premios a una película que había pasado desapercibida a ojos de muchos, pero que se perfilaba para colarse en el palmarés por su originalidad a la hora de armar una fábula en torno a la crisis moral, y económica, de Occidente.

Mundo injusto de Philipos Tsitos, familia cinematográfica de Aki Kaurismäki, se hizo con el premio al mejor director y la Concha de Plata a la interpretación masculina para Antonis Kafetzopoulos. 'Si antes hacíamos películas con poco dinero, a partir de ahora vamos a hacer películas sin dinero', comentó con sorna el realizador griego, que apuesta a que las pequeñas acciones cotidianas pueden traer las mayores revoluciones.

Indiscutible era la Concha de Plata a la mejor actriz para María León, que entra al mundo del cine -La voz dormida es su debut- por la puerta grande. La actriz, cuya trayectoria había transcurrido hasta ahora en series de televisión, interpreta a Pepita, una andaluza inocente y salá que intenta ayudar a su hermana, presa política durante el franquismo. León dedicó el galardón a Inma Cuesta, su compañera de rodaje, y lloró con sus enormes ojos verdes que conquistaron al público, al jurado y a la crítica.

La comedia, hermana fea en el mundo de los festivales, se hizo con un espacio relevante en el palmarés, que valoró 'la colaboración entre la directora y el reparto' de Le Skylab, de Julie Delpy, para concederle el Premio Especial del Jurado.

Los grandes premios se completaron con el de mejor fotografía para el irrelevante filme sueco Happy End (¿por qué se castiga a Terence Davies obviándolo del palmarés?), y con el guión para Kore-Eda. El japonés, que salió en zapatillas y traje, confesó que este premio lo compartía con los niños protagonistas. 'Siempre trabajo mis guiones adaptándolos a mis actores, esta vez los niños, para sacar el máximo talento de ellos', dijo. El premio Horizontes Latino recayó en Las acacias, ya premiada en Cannes, y el de Nuevos Directores en otro filme sobre una aventura africana: The River used to be a Man.

Por mucha pataleta y enfados que pueda haber provocado en algunos la Concha de Oro de Isaki Lacuesta, la cosa no estaba en manos del jurado, sino de un chamán. 'Cuando llegamos al País Dogón en Mali, donde rodamos, un hechicero nos leyó el futuro. Le preguntamos cómo acabaría la aventura y nos dijo que sería difícil, pero que acabaría muy bien'. En San Sebastián, le faltó decir.

Concha de Oro: Los pasos dobles, de Isaki Lacuesta (España-Suiza).

Premio Especial del Jurado: Julie Delpy por Le Skylab (Francia).

Concha de Plata al Mejor Director: Filippos Tsitos, por Adikos Kosmos (Unfair World) (Grecia).

Concha de Plata al Mejor Actor: Antonis Kafetzpoulos, por Adikos Kosmos (Unfair World), de Filippos Tsitos (Grecia).

Concha de Plata a la Mejor Actriz: María León por La voz dormida (España).

Premio a la Mejor Fotografía: Ulf Brantas, por Happy End (Suecia).

Premio al Mejor Guión: Hirokazu Kore-eda, por Milagro (Japón)

Premio Nuevos Directores: Jean Zabeil, por The river use to be a man (Alemania).

Premio del Público: The Artist, de Michel Hazanavicius (Francia).

Premio del Público Europeo: Y ahora a dónde vamos, de Nadine Labaki (Francia, Líbano, Italia y Egipto).

Premio Horizontes: Las acacias, de Pablo Giorgelli (Argentina-España).