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Leandro Elrich, rey del simulacro

El argentino Leandro Erlich es maestro en retar la vista del espectador y hacerle cuestionar las leyes más elementales de la percepción

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No nos engañemos: lo real es un concepto en crisis desde hace unos años. Los falsos documentales o las imágenes retocadas forman parte de la larga lista de medias verdades que circulan entre lo real, salpicando a ese otro mundo no menos ilusorio llamado arte.

Los trampantojos y las ilusiones ópticas han tomado nuevos bríos, gracias en parte al uso de las tecnologías. Maestro en retar la vista del espectador y hacerle cuestionar las leyes más elementales de la percepción, Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) desafiará los sentidos del espectador con una gran torre de 11 metros que simula un edificio de apartamentos, en el Reina Sofía (Madrid), y una muestra de maquetas en la galería Nogueras Blanchard (Barcelona).

Lleva 15 años valiéndose de escenografías para confundir al público en instalaciones de aire escheranio: una piscina bajo cuyas aguas hay gente que nos observa (La pileta, 1999), una ventana o un charco que, como en La ventana indiscreta, nos muestra pequeños relatos de un edificio o calle inexistente. Trampas visuales, trucos ópticos como de otra época, donde el creador se vale de espejos y alteraciones de la perspectiva para provocar dudas (y en ocasiones mareos) en el espectador, que debe descubrir qué tiene ante sus ojos.

'Mis obras tienen algo de puesta en escena, donde el espectador es también actor. Participa en ellas guiado por el reconocimiento de un espacio que le resulta familiar', nos explica el artista. No es raro que encontrara en estas construcciones su medio de expresión: proviene de una familia de arquitectos. Son esos lugares anodinos, del día a día (los ascensores, las escaleras, los interiores domésticos) los que reconstruye en sus obras.

'Cuestionar nuestras certezas en busca de conocimiento', continúa el artista, 'es parte de la incesante búsqueda de la verdad, propia del hombre racional'. Pero a Elrich sólo le interesa la ilusión si es detonadora de una experiencia. No la ficción por la ficción. 'El truco no está pensado para engañar, sino para ser descubierto', explica. En ambas instalaciones, la de Barcelona y la de Madrid, el espectador será a su vez observado.