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Los lectores contra Pynchon

Rubén Martín G. se toma la revancha contra el autor en 'Un escritor sin orificios'

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Autores que le ponen la zancadilla a sus lectores. Autores cuyos libros necesitan de varias lecturas para poder entrar en el entramado de palabras y significados enredados que esconden. Autores que se toman su labor como una mezcla de placer y durísimo trabajo. Autores famosos que eligen permanecer en el anonimato, para mayor irritación de sus seguidores, que quieren tratarlo como merecen: como celebridades. Autores que son su peor enemigo. Autores como Thomas Pynchon.

Ahora, imaginen: un lector (o varios), indignados, se toman su revancha contra Pynchon, y le canta las cuarenta. Esto es lo que viene a proponer Rubén Martín G. (Cerdanyola del Vallès, 1979) en Thomas Pynchon. Un escritor sin orificios (Alpha Decay), un libro cuyo origen está una entrada de su blog (cuadernocelinegrado.blogspot.com), donde mostraba sus dudas sobre la actitud del autor norteamericano respecto a sus lectores, que son 'muchas veces una carga; nuestra presencia no puede dejar de molestarle alguna vez, imagino', escribía Rubén entonces.

La idea inicial era, pues, una venganza con sus mismas armas, especialmente la paranoia: 'Hacer de Pynchon un personaje de novela, continuar en esa línea de fake-documentary que había empezado a desarrollar en mi blog, un poco frustrado por la lectura de El arco iris de la gravedad', cuenta ahora Martín G., que en su libro da la palabra 'a un furioso lleno de envidia para que nos cuente quién es Pynchon según su percepción'.

Un escritor sin orificios está dividido en dos cartas de tono similar (el enfado) y estructura diferente: una funciona como un conjunto de advertencias y consejos de un lector anónimo hacia la manera en que Pynchon ha administrado su fama; la otra, como crítica literaria ficticia de la obra del autor. Ambas hacen uso muy imaginativo del lenguaje: las notas a pie de página, por ejemplo, quieren ayudar al lector que no conoce a Pynchon pero terminan resultando un recurso 'humorístico y que enloquece'.

Una vez leído, en Un escritor sin orificios, 'no hay conclusión profunda' ni juicio hacía Pynchon. Y sí mucho respeto. 'Me han inculcado una reverencia excesiva ante cualquier cosa que haya sido lograda mediante el Trabajo. Y una escritura que se ha exigido disciplina merece ser abordada con disciplina. Aunque es verdad que espero, a cambio de mi esfuerzo, placer', remata Rubén. 'Pynchon es, por descontado, enteramente placentero. Pero yo he necesitado una segunda y tercera lecturas. El libro está escrito desde la humillación de la primera'.